La liga de los hombres extraordinarios

Del campo del Patronato Obrero a Heliópolis, vulgo de la Cartuja, hay algo más que casi un siglo de diferencia. Algunas cosas vuelven para que nos parezcan que no se han ido del todo. El tiempo en el reloj del bético pasa, deteniéndose sobre aquellos los encargados de hacerlo inolvidable.
Si ese tiempo detenido sobre la hierba casi cien años después pudiese hablar, contaría la historia de dos hombres nacidos lejos de Sevilla, extraordinarios, que entendieron la idiosincrasia del Betis a la perfección y que estaban condenados a entenderse por encima del tiempo y la memoria, por mor de esos nexos mágicos que el Betis lanza.
A uno, elegancia británica y mirada férrea, le entendieron en el vestuario a la perfección, pese a su acento irlandés, trayendo la primera de las alegrías a los béticos con disciplina y táctica, oyendo a cada jugador, dándole su sitio. Aquel Betis construido de la nada, ese Betis sin estrellas, llegó a firmar una de las páginas más importantes de nuestra historia, la más importante, diría yo, iluminando el firmamento bético donde una espiral de nombres aún se recita como en una letanía; Areso, Aedo, Lecue, Saro, Unamuno, Larrinoa… Fue aquel Betis de Mr. O’Conell el mejor Betis de todos mis Betis.
A otro, sobriedad en el vestir y seriedad, con la cordillera andina en lontananza íntima, le vemos observar desde la banda con un velo impasible y la mirada fría, pero acogedora. Manuel Pellegrini con su flequillo a la taza, sus brazos cruzados y su elegancia, escribe otra página de nuestra historia con la serenidad que le caracteriza, le ha devuelto la mentalidad ganadora a un vestuario y la alegría a una grada que manque nunca la perdió, llevaba mucho tiempo esperándola.

Si Mr. O’Connell y Pellegrini hablasen se entenderían a la perfección porque hablan el mismo idioma, aunque sean en lenguas distintas. Dos formas iguales de entender el fútbol; el orden británico, la técnica, la estrategia, el contragolpe letal. La regularidad, la inteligencia, la táctica y el equilibrio defensivo y dos formas iguales de entender y respetar a la grada, el británico fue el primero que creyó en un equipo hecho de la nada dándole mentalidad ganadora a aquel Betis de los difíciles años 30, testigo que ha tomado el chileno, convirtiéndose además en el entrenador con más victorias en la historia bética.
No sabemos cómo serían las explicaciones a la prensa del irlandés, pero disfruto de las del chileno como si hablaran a dos voces, y es cuando me siento como en casa. Serio, irónico en sus respuestas, inteligente, sensato en sus manifestaciones, delega siempre el protagonismo del éxito a los futbolistas y a la soberanía de la afición, sabe donde está y lo que representa, como lo sabía su antecesor.
No sé que nos deparará el destino, el bético sabe que en torno al Betis no hay nada previsible, porque la historia y su devenir, junto con las cosas propias de este Betis, nos lo ha demostrado a lo largo de los años, como ocurrió en aquella feria de abril del 35 donde por mérito de un irlandés y un Betis lleno de apellidos vascos apuntaron con tiza en paraguas aquellos cinco goles de Santander. Habrá que buscar esa tiza para alguien escriba por muchos años más, que Pellegrini siempre tendrá un plan.

(foto y pegatina, Ricardo, @My_Weapon)
