Dos béticos en entredicho, de Luis Carlos Peris.

El 27 de septiembre de 1987 el Betis jugó en el Calderón contra el Atlético de Madrid en partido de la jornada 5 del Campeonato de Liga de Primera División.
Con el equipo rojiblanco se alineó ese día Joaquín Parra, quien tras 7 temporadas en el Betis, ese año había pasado a las filas rojiblancas. Durante su estancia en Madrid, que se prolongaría por 4 temporadas, coincidió con Rafael Gordillo, que desde 1985 jugaba en el Real Madrid.
El periodista Luis Carlos Peris, 3 días entes del partido, les dedicaba este artículo en su sección Desde mi córner en las páginas de Diario 16 Andalucía.
Los dos estarán el domingo en el Calderón; uno intentará con todas sus fuerzas marcarle un gol, o dos, al Betis; el otro pondrá el alma en la grada para “torcer” por los verdiblancos.
Ambos nacieron, crecieron y se hicieron hombres bajo el paraguas de las trece rayas. Son dos vidas paralelas que confluyen en la Cibeles para bifurcarse en busca del Bernabéu y del Calderón, y volver a encontrarse en cada atardecer de Majadahonda.
Uno sintió en sus carnes el desarraigo y está intentando que su amigo recién llegado no pase por el mismo cáliz. Rafa Gordillo llamaba teniente a Joaquín Parra cuando capitaneaba al Betis; ahora, en el Foro, sigue siendo el jefe de filas aunque para el todo Madrid aparezcan como dos rivales, y en Sevilla se les recuerde ya con lejanía por culpa de los malentendidos, del me han dicho que dijiste y del maldito dinero.
Son dos sevillanos cabales, béticos hasta el tuétano y muy distintos. Extravertido y generoso Rafa Gordillo, introvertido hasta parecer antipático Parra, son dos buenas personas obligadas a mirar de reojo lo que dejaron por aquí. A Gordillo le jugó una mala pasada el optimismo de sus asesores; Parra puso tierra de por medio para no tener el mismo problema. Ambos hacen protestación de fe bética y lo béticos se esfuerzan en creerles sin conseguirlo porque pasaron cosas que no deben repetirse.
Pero el fútbol sigue, Parra será enemigo cierto de su club de siempre, y Gordillo retornará a sus principios desgañitándose por algo que tuvo en él unos de sus símbolos mejores.
