El Betis ya toca el Estadio Olímpico, de Manolo Rodríguez.

A finales de 1995 y comienzos de 1996 se intensificaron de forma muy importante los contactos que el Betis mantenía con las instituciones, tanto locales como estatales, para acordar su participación en el proyectado nuevo estadio que se iba a construir en La Cartuja, por entonces denominado Estadio Olímpico, ya que formaría parte de las candidaturas olímpicas de la ciudad de 2004 y 2008.
Este artículo, del periodista Manolo Rodríguez en la edición de Diario 16 Andalucía del 12 de enero de 1996, pone de manifiesto los movimientos de Manuel Ruiz de Lopera en ese tiempo, tanto con el teniente de alcalde Alejandro Rojas Marcos como con el secretario de Estado para el Deporte Rafael Cortés Elvira.
El buen momento deportivo que el club atravesaba en esos años, la posibilidad de competir en Europa de forma habitual y la explosión de la llamada Betismanía, propiciaban ese interés de la dirección bética por explorar un posible traslado permanente al reciento que se iba a construir en La Cartuja.
El Betis se aproxima a un primer acuerdo sobre el estadio olímpico. Hay voluntad política desde las administraciones para que así ocurra y, lo que es más importante, Ruiz de Lopera tiene plenamente decidido que lo que más le interesa al club que dirige es meterse hasta el cuello en la aventura de un nuevo campo.
Por ello, parece dispuesto a llegar hasta el final. Juega a su favor que no necesita permiso de nadie, que la operación económica sería muy bien entendida por los socios y, sobre todo, que tiene poderosos argumentos para explicárselo al beticismo, entre los que sobresale el claro horizonte europeo que se ha fijado la entidad para los próximos años. Una apuesta por las competiciones continentales que el Betis perseguirá, en principio, por los cauces normales—luchando por conseguir la clasificación para la UEFA o, mientras que haya vida, peleando por la Copa—pero que en caso de que no conseguirlas por estas vías lo llevará a jugar a partir del próximo verano la Intertoto.
Por ello, razona Lopera, el Betis tiene que pensar en un campo donde la UEFA no pueda llegar con rebajas—como ya hiciera el día del Girondins—para recortar el aforo y donde existan seguridades de que aún se le pueda dar otro estirón al número de abonados si las cosas siguen como van y la llamada Betismanía no descarrila a corto plazo.
Ocurre, además, que el patrón verdiblanco ha comprobado el extraordinario interés que tienen las administraciones, y en particular el Ayuntamiento, por impulsar la construcción del campo. Este propósito común es el que le ha llevado a entenderse muy bien con Rojas Marcos, y el que ha convertido a ambos en embajadores volantes de una idea que no tiene muchos más patrocinadores. Por eso, se fueron juntos a ver a Cortés Elvira y allí, en Madrid, según cuentan, recibieron buenas palabras y esperanzas ciertas.
La reunión tuvo lugar el pasado 30 de diciembre en el despacho del Secretario de Estado y lo único que pidió Lopera fue que le garantizaran qué le iban a dar por abandonar Heliópolis. Cortés Elvira escuchó el razonamiento y, según dicen, comprendió la posición verdiblanca. Le solicitó a unos y otros que buscaran una solución positiva y, como ejemplo de una buena colaboración entre clubs y ayuntamiento, citó lo ocurrido en Barcelona, donde el consistorio va a resarcir notablemente al Espanyol por abandonar Sarriá.
A partir de ese momento, y tras las bendiciones de la administración central, sólo falta que se construya un acuerdo en clave sevillana. De hecho, ya se ha celebrado alguna reunión en este sentido, a la que, por cierto, no ha podido acudir Lopera, que sigue tocado tras el sofocón del martes en Madrid, y ahí se han esbozado algunas soluciones que todavía requieren mayor redondeo. El Betis quiere que lo que se le ofrezca sea en firme, sin que esté sometido a la controversia política, y, por ello, ha mostrado cierto escepticismo cuando, en algún momento, ha vuelto a oír el manoseado argumento de la recalificación de Heliópolis.
Por último, queda el Sevilla. Y este respecto, tampoco hay disidencias graves. Los dirigentes de Nervión ya le han dicho al Ayuntamiento que ahora mismo ven difícil entrar en la operación y, por ello, han pedido otros dos años para decidirse. Y Lopera responde con una sus habituales parábolas, utilizando el AVE como pretexto: «Estoy de acuerdo en que venga con nosotros a Madrid y se monte en el tren en Córdoba o en Ciudad Real, pero no vamos a admitir que quiera montarse diez minutos antes de llegar a la estación”.
