El castigo se hizo premio, de Luis Carlos Peris.

30 años justos cumple hoy la publicación que traemos a Manquepierda. Se trata de un artículo publicado en Diario 16 Andalucía por el periodista Luis Carlos Peris el 15 de marzo de 1996, en el que venía a glosar como el castigo impuesto por la Federación el Betis por los incidentes acaecidos en el partido de vuelta de la Copa conta el Atlético Madrid, a consecuencia del infausto arbitraje de Rubio Valdivieso, se había convertido en un premio para la afición verdiblanca.
El Villamarín fue cerrado por un partido en el mes de enero, pero entre los recursos del club al Comité de Competición federativo y el posterior al Comité Español de Disciplina Deportiva, llegó marzo y entonces fue cuando de verdad había que cumplir la sanción. El partido afectado iba a ser el Betis-Salamanca de la jornada 31 a disputar el 17 de marzo y el escenario elegido por el club fue el campo malagueño de La Rosaleda, que era el único en Andalucía capaz de albergar a la masa de socios verdiblancos.
La Federación dio el correspondiente consentimiento, pero el día anterior a la celebración del partido, y ante la recomendación expresa del Comité Antiviolencia, el gobernador civil de Málaga se opuso a ello, dado que el recinto blanquiazul no tenía el sistema de tornos que se exigía en los partidos de Primera División. Entre dimes y diretes, el partido con el Salamanca se jugó en el Villamarín, y no fue hasta la jornada 37, el 21 de abril, cuando el Betis cumplió la sanción contra el Sporting en el recinto de La Rosaleda.
Pero en los días previos al partido a jugar en Málaga contra el Salamanca la afición cubrió todas las expectativas, y se calculaba un desplazamiento en torno a las 35 mil personas para presencia el partido. Como decía Peris, «el castigo se hizo premio».
Peregrinación es el concepto que mejor le cuadra a lo que se prepara para este fin de semana en la A-92, antes N-334. Mejor que el muy islámico símil de Marcha Verde, peregrinación es la fórmula adecuada para calificar lo que en plena cuaresma va a perseguir un señuelo, un sentimiento llamado Real Betis Balompié.
Ningún éxodo de estas características se ha conocido por aquí abajo y la prueba es que ha llegado a asustar a las autoridades malagueñas, pero nada llama tanto la atención como la simbiosis que se está volviendo a producir entre club y afición. Es tanta la compenetración que se masca por el corazón de Heliópolis que muy probable sería que el aficionado montase en cólera en el caso de que se levantase el castigo y el Betis-Salamanca fuese donde siempre debió ser, en el Villamarín.
Es tanto el interés que ha levantado esta peregrinación entre el beticismo, que lo que llegó como un castigo ha girado hasta convertirse en un regalo caído del cielo y nada le ilusiona más al beticismo que coger el petate y plantarse de local, con rayas verdiblancas y no camiseta lisa, en el Paseo de Martiricos.
Se palpaba ayer en Heliópolis que el beticismo anda con los pulsos desbocados y las neuronas en La Rosaleda. El no hay mal que por bien no venga se ha afincado en la causa verdiblanca, y el disgusto por lo que fue la resaca de aquel pulso con el Atlético de Madrid se ha convertido en contrarreloj hacia un domingo que puede entrar en el apartado épico de la historia del Betis.
Se están manejando cifras mareantes, cifras como las que se manejan en el Rocío o en operaciones de tráfico masivo, pero nunca para un partido de fútbol. Y es que bien podría decirse que éstas son las cosas del Betis, aunque bien podría el fútbol no jugar a la ruleta rusa y, por supuesto, moverse con otros elementos sancionadores que no signifiquen tirar piedras sobre el propio tejado. Ojalá las cosas discurran por donde deben discurrir y no haya que lamentar durante mucho tiempo la tremenda movilización de gente que va a producirse este fin de semana. Está claro que el castigo se convirtió en premio por cuestiones de talante del beticismo, pero confiemos en que el remedio no sea peor que la enfermedad.
