Villa Heliópolis.

La aspiración del Real Betis Balompié de tener una Ciudad Deportiva que permitiera unos terrenos permanentes de entrenamiento para el primer equipo fue una constante en la década de los años 70. Al no contar con ellos, el equipo profesional tenía que entrenar sobre el mismo terreno del Villamarín, y si se quería preservar éste de ese uso constante, el Betis entrenaba en las instalaciones adyacentes a Gol Norte y Fondo, el llamado Maracaná, o en otras instalaciones de la ciudad ( el campo del Puerto, Piscinas Sevilla, la Ciudad Laboral, etc), o de la provincia (Los Palacios, Camas, Dos Hermanas, Castilleja, San Juan, Mairena, etc).
Por fin, a finales de 1982 se dispuso de unos terrenos adyacentes al Gol Sur del Villamarín, arrendados por la entidad bética por espacio de 50 años al Patronato del Hospital de la Resurrección de Utrera. Allí comenzaron a entrenar diversos equipos de la cantera desde final de 1982, y ya el 1 de febrero de 1983 se ejercitó por primera vez la primera plantilla bética, como ya vimos aquí.
Lo que suponían estas instalaciones para la entidad bética queda perfectamente de manifiesto en este artículo aparecido en el volumen oficial conmemorativo que el Real Betis Balompié publicó en 1983, con motivo de las Bodas de Platino celebradas el año anterior, a cargo de Francisco Lucena Crespo, el directivo delegado de los terrenos de juego.
Una de las constantes en la vida deportiva de nuestra entidad ha sido el poder contar con unas instalaciones adecuadas que permitieran a nuestros equipos realizar su labor con la debida holgura y comodidad.
Aún está presente en el recuerdo de todos, especialmente los más antiguos, el peregrinar por los pueblos de la provincia en enfrentamientos de práctica, y la sensación de provisionalidad que las distintas soluciones que se pudieron buscar, según las distintas circunstancias en que hubieron de ser hechas, daban tanto la afición como a los hombres que las llevaban a cabo.
Esto sin contar con la necesidad de preservar todo lo posible el terreno de juego oficial desde un punto de vista estético y práctico, que en ocasiones ha hecho casi angustiosa su imprescindible utilización cuando no había más remedio.
Pero todo esto era un problema familiar, que se está resolviendo familiarmente, con la colaboración de todos, el estímulo, el aliento, la crítica certera y el afán de los que componemos esta grey entusiasta.
La creación de Villa Heliópolis es la coronación de arduos esfuerzos, la realidad de ilusiones acariciadas durante mucho tiempo (hoy más del que se hubiese deseado), y que el sin ser la meta última nos da una base en la que apoyarnos para emprender la segunda etapa de mejoramiento, sabiendo que hay una importante cuota cubierta y que los esfuerzos siempre producen resultados.
En las nuevas instalaciones contamos con tres campos para la práctica del fútbol, cada uno con características diferentes de los demás para tratar de cubrir las experiencias que los técnicos indiquen en cada momento. Dos de ellos tienen césped y uno aún se mantiene terrizo a la espera de las instrucciones pertinentes sobre su mejor utilización, aunque en su estado actual ya es practicable.
Ni que decir tiene la cantidad de posibilidades que se han abierto a nuestros equipos de todos los niveles para más altas aspiraciones, el cuidado de una cantera con todo el futuro por delante que en un próximo mañana nos van a llenar de satisfacciones, pues ya nos han dado algunas en condiciones inadecuadas. Imaginemos con alegría lo que se van a lograr ahora con las nuevas disponibilidades.
Cómo es lógico no solo se cuenta con los campos de fútbol; ya estos llevan las instalaciones anexas que les son propias, amén de las que se vayan necesitando según la demanda de cada momento.
No quisiéramos que se viera en esta exposición ningún triunfalismo, pero sí es verdad que no podemos ocultar una enorme satisfacción no exenta de cierto orgullo de la prosperidad de la gran familia bética que siempre va unida y juntos vivimos los buenos momentos, sabiendo olvidar los menos buenos.
Disponemos pues de unas instalaciones deportivas, construidas sobre la suma de muchos esfuerzos, dignos del agradecimiento de todos hacia todos, pues un grano no hace un granero, pero todos son imprescindibles para el gran logro común: el aliento de la Federación de Peñas con su quehacer silencioso pero entusiasta, la colaboración de las directivas, no siempre comprendidas bien, y sobre todo el estímulo y la fe inquebrantable de esa extraordinaria multitud que lleva en su corazón un triángulo blanquiverde, la afición.
