{"id":14092,"date":"2015-07-26T18:00:22","date_gmt":"2015-07-26T16:00:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/?p=14092"},"modified":"2015-07-11T14:05:32","modified_gmt":"2015-07-11T12:05:32","slug":"cenizas-de-roberto-fontanarrosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/cenizas-de-roberto-fontanarrosa\/","title":{"rendered":"Cenizas, de Roberto Fontanarrosa"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2011\/09\/El-f%C3%BAtbol-es-sagrado.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-14095\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2011\/09\/El-f%C3%BAtbol-es-sagrado.jpg?resize=400%2C391&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"391\" \/><\/a><\/p>\n<p>Retomamos esta secci\u00f3n dedicada a la literatura y el f\u00fatbol con este bello relato de Roberto Fontanarrosa, uno de los grandes maestros que supo interpretar toda la pasi\u00f3n que hay detr\u00e1s de unos colores, en este caso de los colores auriazules de Rosario Central, el equipo canalla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Cenizas<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Al encontrarse ya dentro de la cancha, pisando la gramilla, el Colo pens\u00f3 lo que tantas veces hab\u00eda pensado: \u201cQu\u00e9 pelotudez es venir a una cancha para otra cosa que no sea ver un partido de f\u00fatbol. Es como comer solamente pur\u00e9.O lechuga\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>Se acord\u00f3 una vez m\u00e1s del Mundial del 78 en Mar del Plata. Antes de comenzar los partidos donde jugaba Italia sal\u00edan a la cancha los condottieri, un grupo de muchachitos vestidos al estilo medieval, con mucho bordado, mucha seda, portando enormes banderas multicolores.<\/em><\/p>\n<p><em>All\u00ed, sobre el verde c\u00e9sped, bajo el fr\u00edo glacial que hizo ese invierno, ondeaban las banderas sobre sus cabezas en ampulosos y armoniosos giros. Le hab\u00edan dicho al Colo que aqu\u00e9l era un espect\u00e1culo cl\u00e1sico de Siena, transportado entonces a La Perla, ya que los azzurri disputaban esa zona. Pero lo que justificaba el n\u00famero, lo que rescataba en realidad la ceremonia y la hac\u00eda graciosa y soportable, es que luego, despu\u00e9s, cuando el \u00faltimo de esos pendejos, presumiblemente milaneses o romanos, desaparec\u00eda por el agujero del t\u00fanel con la satisfacci\u00f3n del deber cumplido, sal\u00edan los equipos y jugaban un partido de f\u00fatbol.<\/em><\/p>\n<p><em>Era un buen aperitivo entonces el de las banderas, un entrem\u00e9s, pero no pod\u00eda ser el plato de fondo. En la Edad Media, concluy\u00f3 el Colorado\u2026 \u00a1aqu\u00e9l era el plato de fondo! Se juntaban un mont\u00f3n de tanos, se reun\u00edan en una plaza o en un \u201clargo\u201d, ve\u00edan a los pendejos revolear las banderas como locos, y luego todos se iban de vuelta para sus casas dichosos y contentos con el espect\u00e1culo recibido\u2026 \u00a1Y no hab\u00eda partido de f\u00fatbol!<\/em><\/p>\n<p><em>Al menos en aquellos tristes casos, meditaba el Colo, la cosa no era en estadio alguno, entonces pod\u00eda justificarse la ausencia u omisi\u00f3n del m\u00e1s popular de los deportes. \u00a1Pero el Colo hab\u00eda ido una vez a ver a Serrat, en el Gigante, y pens\u00f3 lo mismo! Quer\u00eda ver al catal\u00e1n, recordaba, ten\u00eda ganas de o\u00edrlo, eso era l\u00f3gico. Pero mientras se acercaba al estadio, mientras circulaba por los pasillos bajo las tribunas, mientras se ubicaba mansamente y sin nervios en las plateas, pensaba: \u201c\u00a1Por qu\u00e9 no habr\u00e1 un partido, aunque m\u00e1s no sea de reserva!\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>Experimentaba la misma sensaci\u00f3n que sol\u00eda asaltarlo cuando, al viajar en auto, pasaba junto a un cami\u00f3n. El Colo estaba preparado mentalmente para resistir la duraci\u00f3n de un viaje. Las cuatro horas, por ejemplo, del Rosario-Buenos Aires. O las doce horas del Rosario-Mar del Plata. O las casi seis del Rosario-C\u00f3rdoba. Sab\u00eda que poco a poco, kil\u00f3metro a kil\u00f3metro, iba quedando ya menos tiempo para llegar y luego, s\u00ed, esperaba el ba\u00f1o, la ducha reparadora, el descanso, el mirar televisi\u00f3n descalzo.Pero al pasar junto a los camiones no pod\u00eda menos que imaginar al abnegado camionero: no llegaba nunca. Su trabajo era no llegar nunca.<\/em><\/p>\n<p><em>Y \u00e9sa era la sensaci\u00f3n. Ir a un estadio de f\u00fatbol a otra cosa que no fuera ver un partido de f\u00fatbol era no llegar nunca. No tener un punto de referencia. Como le pasaba al pur\u00e9, a la lechuga, a los pobres pelotudos de los condottieri revoleando banderas que ni siquiera eran comunistas, o a los camioneros que no llegaban nunca a ninguna parte.<\/em><\/p>\n<p><em>Reflexionando el Colo sobre todo eso, con la cajita de madera entre las manos (se la hab\u00edan confiado por un ratito) deriv\u00f3 indefectiblemente en la memoria de cu\u00e1nto lo hab\u00edan atemorizado los camioneros cuando se iba acercando, aquella noche, a Pelotas. O a Torres. O a Florian\u00f3polis. Y \u00e9l iba con la familia en un Citr\u00f6en, veh\u00edculo impensable para los brasile\u00f1os, a disfrutar de unos d\u00edas en la playa. Carro estranho hab\u00eda musitado un morocho girando curioso en torno al Citr\u00f6en, cuando pararon en una estaci\u00f3n de servicio. \u201cImposible tenerlo ac\u00e1 en Brasil\u201d agreg\u00f3 luego. \u201cNo \u2014sonri\u00f3 el moreno\u2014. Le cortan la capota y le roban todo\u201d. \u201cTudu\u201d pronunciaba, en ese idioma en joda que ellos tienen.<\/em><\/p>\n<p><em>Y los camiones, madre m\u00eda. Enormes, prepotentes, rumorosos, terminales. En esas carreteras ondeantes, sinuosas y mojadas por la lluvia intermitente y rompepelotas. Por la noche aquellas moles se ubicaban sigilosamente detr\u00e1s del Citr\u00f6en y luego lanzaban sobre \u00e9l un torrente de luz, una catarata enceguecedora de un blanco definitivo que ba\u00f1aba la regi\u00f3n, el asfalto, el perfil verde de los morros amenazantes, y penetraba en el coche esculpiendo vol\u00famenes macabros en el interior, restallando en el espejito retrovisor como una cachetada de advertencia. Y el Colo no hallaba el espacio a la derecha para tirarse. A la derecha estaba la franja blanca del l\u00edmite del camino. Despu\u00e9s, la negrura de la noche, quiz\u00e1s los mojones, quiz\u00e1s el abismo, quiz\u00e1s el precipicio de cientos de metros sobre el mar oscuro, tal vez una franjita m\u00ednima de tierra donde el d\u00eda de ma\u00f1ana abrir\u00eda sus brazos una peque\u00f1a cruz recordatoria de la familia argentina que pleg\u00f3 sus alas buscando el talco de las playas brasile\u00f1as, la amabilidad de sus aguas y el ros\u00e1ceo n\u00e1car de las casquinhas del sir\u00ed.<\/em><br \/>\n<em>El tipo estaba sentado unos treinta metros m\u00e1s all\u00e1, bajo un quincho. Parec\u00eda, por la pinta, un alem\u00e1n o un suizo, de \u00e9sos que van a Brasil para calcinarse como camarones en la playa, para extasiarse con el culo de las mulatas y tomar caipirinhas a lo bestia.\u00a0 Rubio, casi colorad\u00f3n como el Colo, de barba corta y enrulada, dormitaba en su reposera frente al mar.<\/em><\/p>\n<p><em>No hab\u00eda mucha gente en la playa. O la hab\u00eda, pero parec\u00eda poca de tan desperdigada que estaba. \u201cNo como en Mar del Plata\u201d hab\u00eda dicho Sarita, gozosa. El Colo se acerc\u00f3 al alem\u00e1n \u2014o al suizo\u2014, levant\u00f3 expl\u00edcitamente el tubo de bronceador en el aire y pregunt\u00f3:<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfSe lo dejo? \u00bfSe lo puedo dejar en la mesita? \u2014ejemplificando, a la vez, con el gesto claro de depositar el tubo sobre la mesa que (junto a la reposera donde dormitaba el rubio) mostraba una acumulaci\u00f3n de toallas y sandalias en la soga. El tipo lo mir\u00f3 apenas y asinti\u00f3 con la cabeza, haciendo ahorro \u2014suizo al fin\u2014 de su gutural idioma.<\/em><\/p>\n<p><em>El Colo trot\u00f3 hacia el agua y se meti\u00f3 en ella con la confianza que da saber que no se trata de un agua congelada que descargar\u00e1 martillazos de rabia sobre los dedos de los pies, morder\u00e1 las rodillas y apretar\u00e1 las bolas al llegar a la vital zona de los genitales, como si los estrujara con el mism\u00edsimo pu\u00f1o vindicatorio de Neptuno. All\u00ed estuvo, entonces, contemplando las nubes, el cielo azul, el verde intenso de los morros cercanos, casi una hora. Y despu\u00e9s volvi\u00f3.<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando pas\u00f3 junto al rubio, lentamente, se acord\u00f3 del tubito. Sin querer molestar demasiado, tom\u00f3 el tubo de la mesa, lo levant\u00f3 bien expresivo hasta sus ojos y modul\u00f3 un \u201cGracias\u201d sonoro. Entonces vio que el otro estaba leyendo un libro en castellano sobre la vida del Negro Olmedo.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfSos argentino? \u2014pregunt\u00f3 el Colo.<\/em><br \/>\n<em>\u2014S\u00ed \u2014contest\u00f3 el otro, bajando el libro, animoso y con buena disposici\u00f3n.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Mir\u00e1 vos. Pens\u00e9 que eras europeo, alem\u00e1n, algo as\u00ed\u2026 \u2014argument\u00f3 el Colo, como si fuesen cosas diferentes.<\/em><br \/>\n<em>\u2014No. Argentino.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfDe d\u00f3nde?<\/em><br \/>\n<em>\u2014De Pompeya.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Ah, porque yo soy de Rosario \u2014dijo el Colo, afirm\u00e1ndose en el tuteo ya que el otro parec\u00eda c\u00e1lido y, adem\u00e1s, de la misma edad\u2014. Y fijate vos que, casualmente, Olmedo era de Rosario.\u2014S\u00ed, por supuesto \u2014dijo el rubio-ex suizo\u2014. A m\u00ed me gustaba mucho el Negro. Y adem\u00e1s, hay otra afinidad grande\u2026<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfCu\u00e1l? \u2014se interes\u00f3 el Colo, ante el par\u00e9ntesis de suspenso que hab\u00eda hecho el otro.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Hincha de Central.<\/em><br \/>\n<em>Cuando, tiempo despu\u00e9s, bastante tiempo despu\u00e9s, el Colo contaba la an\u00e9cdota en \u201cEl Cairo\u201d, invariablemente al llegar a esta parte la voz se le quebraba y los ojos se le pon\u00edan vidriosos.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Cuando el tipo me dice \u201chincha de Central\u201d \u2014repet\u00eda, ante la atenci\u00f3n respetuosa del Pitufo, del Centu, de Chiquito\u2014 te juro que a m\u00ed se me puso la carne de gallina\u2014 y se pasaba una mano temblorosa sobre el antebrazo izquierdo, a unos cent\u00edmetros de la piel, no ya como si estuviera percibiendo los repentinos canutos en su carne, sino como si le hubiesen crecido, definitivamente, una multitud de plumas batarazas.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00a1Mir\u00e1 lo que es el destino! \u2014segu\u00eda\u2014 \u00a1Encontrarme ah\u00ed con un canalla, en esa playa! Porque no era la playa del centro de Florian\u00f3polis o de Cambori\u00fa, donde dada la cantidad enorme de argentinos que van, vos bien pod\u00e9s imaginar que te vas a encontrar con gente de todas las tendencias, de todas las creencias y de todos los equipos. Incluso de Central. Pero \u00e9sta era una playa de mierda, perdida en la loma del quinoto, ah\u00ed en Itapema, adonde nosotros hab\u00edamos ido porque Sarita me romp\u00eda tanto las pelotas con eso de irse a una playa tranquila\u00a0 todo el tiempo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Ah\u00ed, ah\u00ed mismo, me vengo a desayunar con que, pr\u00e1cticamente el \u00fanico tipo que hab\u00eda en miles de kil\u00f3metros a la redonda, no solo era argentino, sino que era fana de la Academia! \u00a1Mir\u00e1 vos c\u00f3mo son las cosas!<\/em><br \/>\n<em>\u2014El Destino \u2014meneaba lentamente la cabeza, m\u00edstico, el Pitufo.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Es que Central es grande, Colora \u2014agreg\u00f3 el Centu\u2014. Es universal.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Te imagin\u00e1s que entonces nos pusimos a conversar, a charlar \u2014continu\u00f3 el Colo\u2014 y estuvimos como dos horas hablando del asunto. En resumen, te la hago corta. El tipo \u00e9ste no era rosarino, pero el padre, el padre era ferroviario y hab\u00eda venido a laburar mucho tiempo ac\u00e1, y ac\u00e1 se hab\u00eda hecho canalla a muerte, y por l\u00f3gica lo hab\u00eda hecho tambi\u00e9n a este muchacho. Adem\u00e1s, mir\u00e1 lo que te digo, el viejo de este tipo, que todav\u00eda vive en Rosario, hab\u00eda jugado en Sparta y en Central all\u00e1 por el a\u00f1o del pedo, o sea que la cosa iba bien en serio. No era una simpat\u00eda as\u00ed nom\u00e1s.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfY el tipo que vos te encontraste era fana?<\/em><br \/>\n<em>\u2014Fundamentalista. Es fana. A muerte. A muerte. Se va a ver todos los partidos en Buenos Aires. \u00a1Y me present\u00f3 a los hijos! Pibes que tendr\u00edan quince, diecis\u00e9is a\u00f1os. Todos canallas.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00a1Qu\u00e9 lindo!<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00a1Qu\u00e9 emocionante! \u00bfNo? Tan lejos\u2026<\/em><br \/>\n<em>\u2014Por supuesto que nos hicimos recontraamigos, desde ese d\u00eda fuimos casi todos los d\u00edas a esa playa y cuando me vine, l\u00f3gicamente, me traje la direcci\u00f3n del tipo y todos los datos.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Vos le diste la tuya.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Le di la m\u00eda. Quedamos en intercambiar informaci\u00f3n, en vernos de nuevo, tal vez si se da el tute de que yo me vaya a ver un partido importante por all\u00e1\u2026<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfImportante? \u2014dud\u00f3 el Centu, atento a la austera realidad de la divisa auriazul.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Bueno. Si se da.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>La cosa pareci\u00f3 terminar ah\u00ed. Cada tanto, es cierto, el Colorado aparec\u00eda con alguna carta de su amigo veraniego, o mostraba, ufano, alguna foto poblada de camisetas de Central que estaba dispuesto a mandarle al otro, a t\u00edtulo recordatorio, para mantener en alto el fuego de la amistad. Pero la relaci\u00f3n parec\u00eda encaminada a disolverse lentamente, con mansedumbre, como suele suceder con los amores de vacaciones.<\/em><\/p>\n<p><em>Sin embargo un d\u00eda, el Colorado lleg\u00f3 a \u201cEl Cairo\u201d considerablemente excitado. Lo hab\u00eda llamado el rubio desde su tanguero reducto de Pompeya, para imponerlo de una infausta noticia: hab\u00eda muerto el padre, aquel viejo ferroviario que inaugurara la estirpe canalla y que supiera jugar en Sparta y Rosario Central.<\/em><\/p>\n<p><em>El Colorado \u2014siempre de acuerdo a su versi\u00f3n oral\u2014 se hab\u00eda realmente conmovido. Que ese tipo, su simpat\u00eda estival, lo llamara al solo efecto de comentarle la muerte de su progenitor, era una palmaria demostraci\u00f3n de que aquella amistad (surgida de los colores gloriosos) era m\u00e1s profunda que lo sensorialmente perceptible y que, por lo tanto, el rubio \u2014ahora hu\u00e9rfano\u2014 deseaba compartir el momento de congoja con el circunstancial amigo, tan lejano.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Pero la cosa no terminaba all\u00ed \u2014advirti\u00f3 el Colorado, nuevamente en la Mesa de los Galanes, esta vez enriquecida por la presencia del Pochi y de Belmondo\u2014. La cosa no terminaba all\u00ed. Parece que el viejo, antes de morir, pidi\u00f3 como \u00faltima voluntad, que sus cenizas se tiraran en las canchas de Sparta y de Central, los dos cuadros donde \u00e9l jug\u00f3\u2026<\/em><br \/>\n<em>Por los muchachos cruz\u00f3 una sombra de respetuosa sorpresa.<\/em><br \/>\n<em>\u2014La mitad de las cenizas \u2014especific\u00f3 el Colo\u2014 en la cancha de Sparta. Y la otra mitad en el Gigante \u00a1Mir\u00e1 vos el deseo del tipo!<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfY alcanza para tanto? \u2014frunci\u00f3 la cara el Pitufo, siempre un poco irreverente.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00a1Y qu\u00e9 s\u00e9 yo! \u00a1Qu\u00e9 s\u00e9 yo! Te imagin\u00e1s que nunca me vi metido en un tr\u00e1mite de \u00e9stos, Pitufo.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfEra grandote el hombre? \u2014lo del Centu tampoco son\u00f3 muy cuidadoso.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfY por qu\u00e9 dec\u00eds que est\u00e1s metido? \u2014pregunt\u00f3 Pochi \u2014\u00bfPor qu\u00e9 vos est\u00e1s metido?<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00a1Porque yo tuve que hacer la gesti\u00f3n ante Central! \u2014salt\u00f3 el Colora\u2014 \u00a1Yo tuve que hablar con el Presidente! De ah\u00ed vengo.<\/em><br \/>\n<em>Sin duda, en alg\u00fan momento de la charla veraniega, tras horas y horas de recordar partidos memorables y entrealas famosos, tras horas y horas de consumir caipiras a\u00f1orando al Gitano Ju\u00e1rez y a Mario Kempes, el Colorado le hab\u00eda confesado al otro que \u00e9l pertenec\u00eda a la temida OCAL, la Organizaci\u00f3n Canalla Anti Lepra. La misteriosa organizaci\u00f3n, lindante con la clandestinidad, agrupa a una serie de hinchas de Central de corte confesional fundamentalista y suele dedicarse, mayoritariamente, a urdir brujer\u00edas y macumbas contra la suerte de \u201cLos primos del Parque\u201d, la repudiada divisa rojinegra. No es mucho lo que se sabe sobre la OCAL porque, como la OLP o el IRA, se trata de una organizaci\u00f3n de car\u00e1cter celular, cerrada, e hist\u00f3ricamente, ning\u00fan ser humano ajeno a la estructura ha tenido acceso a sus actas secretas.<\/em><\/p>\n<p><em>El amigo rubio del Brasil, es obvio, se hab\u00eda visto conmocionado ante la \u00edntima revelaci\u00f3n del Colo y, ahora, ante la desgracia familiar sufrida, recurr\u00eda al acceso al tr\u00e1fico de influencias de su amigo rosarino, quiz\u00e1s sin saber que la OCAL no es para nada un ap\u00e9ndice de Rosario Central, sino apenas un grupo de apoyo, independiente, que incluso solo considera al club, \u201cuna instituci\u00f3n amiga\u201d.<\/em><br \/>\n<em>El Colo relat\u00f3 (siempre en El Cairo) que la gesti\u00f3n frente a Sparta, humilde club de barrio, la hab\u00eda realizado el ala familiar del difunto radicada desde hac\u00eda mucho tiempo en Rosario, obteniendo una inmediata aprobaci\u00f3n de parte de aquella gente sencilla. Pero en Central la cosa se hab\u00eda puesto complicada y la familia no hab\u00eda logrado siquiera hacer contacto con el Presidente, bastante preocupado, l\u00f3gicamente, por conseguir alg\u00fan jugador bueno y barato que ampliara las posibilidades del primer equipo con vistas al inminente campeonato. Y fue cuando, desde Buenos Aires, desde Pompeya para ser m\u00e1s exactos, la misma mano rubia que sostuviera un d\u00eda el libro sobre el Negro Olmedo, se\u00f1al\u00f3 la figura del Colorado para aligerar la empresa. La gesti\u00f3n del Colo fue expeditiva y exitosa pese a la desconexi\u00f3n de la OCAL con la instituci\u00f3n auriazul.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Habl\u00e9 con el Presi y le cont\u00e9 todo lo de este muchacho del Brasil \u2014explicaba en la Mesa como quien hubiera develado un oculto romance clandestino\u2014. Lo del padre, que hab\u00eda sido jugador de Central y todo eso. Y el Presi me dijo que s\u00ed, que era posible. Pero me puntualiz\u00f3 muy claramente que la aceptaci\u00f3n no deb\u00eda sentar un precedente que diera pie a nuevas peticiones.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Claro \u2014opin\u00f3 Chiquito\u2014. Te imagin\u00e1s que a todos se le ocurra lo mismo\u2026<\/em><br \/>\n<em>Se rieron, como si la cosa fuera divertida. Y lo era, en parte. O al menos, inusual.<\/em><br \/>\n<em>Sin embargo, caminando lentamente (la cajita en las manos) por el lado de afuera de la cancha, paralelo a la l\u00ednea de toque, pisando con cuidado el c\u00e9sped impecable, el Colorado percibi\u00f3 que hab\u00eda perdido algo de la excitaci\u00f3n de estar viviendo una an\u00e9cdota imborrable de la picaresca futbolera o de estar atravesando un hecho simp\u00e1tico que le dar\u00eda argumento para infinitos y repetidos relatos.<\/em><\/p>\n<p><em>La familia del padre de su amigo (\u00e9ste no hab\u00eda venido a Rosario por razones impostergables de trabajo) los t\u00edos, los sobrinos, las hermanas y los nietos, mostraban todos (especialmente mientras sub\u00edan por las escaleras del t\u00fanel) una gravedad suma, una real congoja y un dramatismo contenido. Tanto era as\u00ed que el Colorado temi\u00f3 que se notara demasiado en el abultado bolsillo de su gab\u00e1n, el volumen de la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica que hab\u00eda llevado para registrar el evento con la poco solemne intenci\u00f3n de documentar as\u00ed, luego, en rueda de amigos, el momento de la dispersi\u00f3n de las cenizas. Se ocup\u00f3 entonces, en ir y venir varios metros junto a la l\u00ednea lateral \u201ccomo si estuviera en el calentamiento previo\u201d imagin\u00f3, mirando la inmensidad de las tribunas vac\u00edas y silenciosas, apreciando el manto verde inmaculado de la gramilla, sorprendi\u00e9ndose por la comba ins\u00f3lita que dibujaba el terreno de la cancha dado el sistema de drenaje y que hac\u00eda que, desde la posici\u00f3n en que se encontraba el Colorado, no se viera la l\u00ednea de fuera del otro lado, la que daba espaldas a Cordiviola.<\/em><\/p>\n<p><em>Siempre con la cajita en la mano (se la hab\u00eda confiado un corpulento t\u00edo del rubio, por un momento) el Colo se sent\u00eda un poco inc\u00f3modo (como si lo hubiesen abandonado en una esquina sosteniendo una torta de bodas ajena) de gab\u00e1n azul marino entre tanto traje oscuro, corbata negra y frases cortas y apesadumbradas.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Era un velorio, Pitu \u2014repetir\u00eda despu\u00e9s el Colo, hasta el cansancio, para transmitir la congoja de la ceremonia\u2014. Lo que yo quiz\u00e1s olvid\u00e9 entre tanta emoci\u00f3n mezclada por esta cuesti\u00f3n del llamado del rubio, la muerte del padre y el l\u00f3gico y humano fanatismo que tenemos todos por Rosario Central; lo que a m\u00ed medio se me pas\u00f3 por alto con toda la emotividad que representa el asunto de esparcir las cenizas de un tipo sobre la cancha de f\u00fatbol donde \u00e9l mismo jug\u00f3 un milenio de a\u00f1os atr\u00e1s\u2026<\/em><br \/>\n<em>\u2014Cosa no muy habitual, l\u00f3gicamente.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Para nada habitual\u2026 Lo que yo no supe medir correctamente, te dec\u00eda, es que se trataba lisa y llanamente de un velorio. A la luz del d\u00eda, a pleno sol, frente a una s\u00e1bana verde maravillosa, pero un velorio a fin de cuentas, con los parientes d\u00e1ndose el p\u00e9same, con los primos recordando al finado, con la viuda llorando, porque lloraba la viuda y todo eso. Al punto que, te juro Pitufo, uno llegaba incluso a olvidarse de que all\u00ed, a pocos pasos de donde estaba caminando yo con la cajita en las manos, hab\u00edan jugado el Gitano Ju\u00e1rez, el Negro Castro y el Enano Gim\u00e9nez.<\/em><br \/>\n<em>Y fue as\u00ed que justamente cuando el Colorado calculaba el preciso lugar del campo desde el cual hab\u00eda pateado el Flaco Menotti cuando le hizo aquel gol impresionante a Amadeo Carrizo, se le acerc\u00f3 el hermano del difunto haciendo un gesto negativo con la cabeza.<\/em><br \/>\n<em>\u2014No hay nada que hacer \u2014dijo\u2014. El tipo no quiere.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfQui\u00e9n no quiere? \u2014sali\u00f3 de su abstracci\u00f3n el Colorado\u2014. \u00bfQu\u00e9 no quiere?<\/em><br \/>\n<em>\u2014El canchero. No nos quiere dejar entrar a la cancha.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Pero\u2026 Si tenemos el permiso del Presidente \u00bfPor qu\u00e9 no quiere?<\/em><br \/>\n<em>\u2014Porque dice que le vamos a arruinar el c\u00e9sped \u2014se exalt\u00f3 el pariente\u2014. Que est\u00e1 impecable. Que ayer llovi\u00f3 y abajo est\u00e1 un poco blando.<\/em><br \/>\n<em>El Colorado pase\u00f3 su visita por el c\u00e9sped llev\u00e1ndola hasta las \u00e1reas, hasta los arcos sin las redes colocadas.<\/em><br \/>\n<em>\u2014La verdad que est\u00e1 b\u00e1rbaro \u2014acord\u00f3\u2014. Y claro, est\u00e1 por empezar el campeonato y el hombre quiere que est\u00e9 de puta madre.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00a1Pero si nosotros no le podemos hacer nada, se\u00f1or V\u00e1zquez! \u2014el otro abri\u00f3 los brazos, airado\u2014. Somos cuatro locos que no vamos a entrar a escarbar la tierra para sacar los panes de c\u00e9sped. Adem\u00e1s, estas canchas est\u00e1n preparadas para resistir cualquier cosa.<\/em><br \/>\n<em>Otros parientes se hab\u00edan acercado a ellos dos y, las manos en los bolsillos o los brazos cruzados, giraban sobre s\u00ed mismos, frustrados y decepcionados.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfNo pensar\u00e1n que queremos enterrarlo? \u2014se acerc\u00f3 uno, preguntando seriamente.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Pero\u2026 \u00bfno era que estaba todo resuelto? \u2014se enoj\u00f3 otro\u2014. \u00bfNo era que el Presidente hab\u00eda dado su autorizaci\u00f3n?<\/em><br \/>\n<em>El Colorado se sinti\u00f3 tocado en su responsabilidad.<\/em><br \/>\n<em>\u2014No. Si yo habl\u00e9. Si yo habl\u00e9 \u2014tranquiliz\u00f3\u2014. Ahora voy a hablar yo con el canchero. Lo que pasa es que ayer llovi\u00f3 y quiere cuidar la cancha. A simple vista parece que no, pero abajo est\u00e1 pesada. Apenas se empieza a correr aparece el barro.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfY qui\u00e9n va a correr, ac\u00e1? \u00bfQu\u00e9 apuro tenemos? \u2014insisti\u00f3 el otro, con la l\u00f3gica de hierro\u2014. \u00bfTan poco tiempo tenemos para la ceremonia?<\/em><br \/>\n<em>El Colorado prefiri\u00f3 no responder. Dej\u00f3 la cajita en manos del t\u00edo del rubio procurando darle a su gesto cierta majestuosidad ritual y se encamin\u00f3 a paso firme a hablar con el canchero quien, en pose de baqueano, observaba en cuclillas el c\u00e9sped de sus desvelos.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Yo le entiendo caballero, yo le entiendo \u2014acept\u00f3 el canchero, poni\u00e9ndose de pie y golpeando la palma de una mano contra la otra para quitarles alguna brizna de pasto\u2014. Pero a m\u00ed nadie me ha dado una autorizaci\u00f3n y yo no los puedo dejar entrar. Despu\u00e9s el c\u00e9sped se jode y al que me putean todos es a m\u00ed.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Pero yo habl\u00e9 con el Presidente \u2014argument\u00f3 el Colo, sinti\u00e9ndose al borde de la desesperaci\u00f3n\u2014. Si quiere le hablamos por tel\u00e9fono y que \u00e9l mismo se lo diga, se lo confirme.<\/em><br \/>\n<em>\u2014El Presidente puede decir lo que quiera \u2014el hombre era inconmovible\u2014. Pero \u00e9l no sabe nada sobre c\u00e9sped. Es muy f\u00e1cil hablar desde la sede del club, total, uno no tiene ni idea de lo que pasa en la cancha. Pero el responsable del estado del campo soy yo, caballero, y me he comprometido a tenerlo diez puntos en el momento de la reanudaci\u00f3n del campeonato. Nunca ha estado tan bien el c\u00e9sped, nunca. Adem\u00e1s \u2014se\u00f1al\u00f3 vagamente hacia el t\u00fanel\u2014 hay que caminar como trescientos metros para encontrar un tel\u00e9fono. Y eso si en Intendencia hay alguien.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Voy a llamar lo mismo \u2014el tono del Colorado ya era francamente agrio\u2014. Se imagina que no se puede dejar a toda esta gente as\u00ed \u2014le indic\u00f3 al canchero el oscuro grupo de personas que, cabizbajos, aguardaban cerca de la entrada del t\u00fanel\u2014. Hay venido los parientes, los hermanos, los nietos de esta persona que fuera estrella del f\u00fatbol rosarino. La viuda. Gente que ha viajado desde lejos \u2014minti\u00f3.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Ya vi a la viuda. Y vi los tacos que tiene. Me destroza la cancha si entra con esos tacos.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Tiene que ser un poco m\u00e1s comprensivo \u2014reclam\u00f3 el Colo\u2014. Se trata de un funeral, despu\u00e9s de todo.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Soy comprensivo, caballero. Y yo tambi\u00e9n tuve un padre.<\/em><br \/>\n<em>El Colorado peg\u00f3 media vuelta y retorn\u00f3 hacia el compungido grupo a paso vivo. La \u00faltima frase del canchero hac\u00eda entrever a un ser humano sensible. Pero el detalle de los tacos de la viuda, en boca de ese hombre, era un mal presagio. El Colo sab\u00eda, por otra parte, que a esa hora ser\u00eda in\u00fatil tratar de encontrar al Presidente en su despacho.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Nada que hacer \u2014inform\u00f3 a la gente, que lo aguardaba como quien espera a un mensajero celestial\u2014. Est\u00e1 emperrado en que no y que no y que no. Pero no hay que desesperarse. Me dijo que en Intendencia hay un tel\u00e9fono\u2026<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00a1Qu\u00e9 macana! \u2014mascull\u00f3 el t\u00edo del rubio.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00a1C\u00f3mo me iba a suponer yo que, conseguida la autorizaci\u00f3n del Presidente, nos \u00edbamos a encontrar con un tipo como \u00e9ste, tan celoso de su trabajo!<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfNo querr\u00e1 que le tiremos unos mangos? \u2014el mismo tipo que hab\u00eda cuestionado la eficacia de la gesti\u00f3n del Colorado, surg\u00eda ahora, acerbo, expeditivo, con una s\u00f3lida propuesta. El Colo y el t\u00edo del rubio se miraron.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Es posible \u2014musit\u00f3 el Colo, echando mano al bolsillo, a\u00fan culposo\u2014. Deje que yo me ocupo y despu\u00e9s en todo caso, dividimos el gasto.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Cuidado \u2014dud\u00f3 el t\u00edo del rubio\u2014. No vaya a ser cosa que se encuentre con un tipo insobornable y caguemos el asunto. Y despu\u00e9s se complique todo mucho m\u00e1s.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfCu\u00e1nto le doy? \u2014desestim\u00f3 la advertencia el Colorado, pr\u00e1ctico.<\/em><\/p>\n<p><em>Fue en eso que, con el rabillo del ojo vio aparecer, por la boca del t\u00fanel, un manch\u00f3n negro y blanco. \u201cUn refer\u00ed\u201d alcanz\u00f3 a suponer el Colo, aterrorizado ante la posibilidad de que no hubiesen tenido en cuenta alg\u00fan partido de las divisiones inferiores a jugarse en horas de la ma\u00f1ana. Pero pronto, un informante cercano vino a tranquilizarlo. \u201cEl padre L\u00f3pez\u201d escuch\u00f3, cerca. El sacerdote, jovial, campechano, de clergyman y pantalones grises se disculp\u00f3 ante la viuda por la tardanza y pronto, su rostro tom\u00f3 visos de contrariedad cuando lo impusieron del inconveniente surgido.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Dejen que yo hable con este muchacho \u2014dijo. Y parti\u00f3 caminando lentamente hacia el canchero, que hab\u00eda vuelto a su posici\u00f3n ind\u00edgena acuclillada, como escrutando en procura de detectar la mata traicionera que perturbaba la horizontalidad perfecta de su llanura. El padre L\u00f3pez estuvo hablando corto tiempo con el canchero. Desde lejos, el grupo lo observ\u00f3 comportarse con cordialidad y bonhom\u00eda, no exenta de firmeza. Por \u00faltimo, se vio al canchero inclinar la cabeza y ponerse una mano sobre el coraz\u00f3n mientras el Padre, con movimientos gr\u00e1ciles de su mano derecha, lo bendec\u00eda. Luego el Padre L\u00f3pez volvi\u00f3 hacia el grupo.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Dice que est\u00e1 todo bien \u2014inform\u00f3, oy\u00e9ndose de inmediato un suspiro de satisfacci\u00f3n general\u2014. Pero, con una condici\u00f3n: que nos saquemos los zapatos. Creo que no es una petici\u00f3n demasiado caprichosa como para que no podamos aceptarla. Pienso que la tolerancia est\u00e1 en el esp\u00edritu de todos nosotros.<\/em><br \/>\n<em>Sin una palabra, los deudos comenzaron a quitarse el calzado, apoy\u00e1ndose los unos en los otros para no perder el equilibrio, pas\u00e1ndose la cajita de mano en mano para posibilitar la maniobra, hasta que qued\u00f3 en poder del sacerdote.<\/em><br \/>\n<em>\u2014A m\u00ed me eximi\u00f3 de descalzarme \u2014justific\u00f3 el Padre L\u00f3pez, sosteniendo el cofre\u2014. Tambi\u00e9n Jes\u00fas camin\u00f3 sobre las aguas. \u00a1Y otra cosa! \u2014previno a los que ya se dispon\u00edan a entrar a la cancha\u2014. El canchero tambi\u00e9n pidi\u00f3 que no arroj\u00e1semos las cenizas en las \u00e1reas, porque \u00e9sas son las zonas m\u00e1s castigadas. Esa regi\u00f3n es sagrada.<\/em><br \/>\n<em>\u2014En mitad de la cancha \u2014dijo el t\u00edo del rubio\u2014. Pancho, el finadito, pidi\u00f3 que las esparci\u00e9ramos en mitad de la cancha.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Muy bien. Vamos entonces \u2014orden\u00f3, calmo, el cura.<\/em><\/p>\n<p><em>Todos ingresaron a la cancha. El Colorado se cuid\u00f3 de no pisar la l\u00ednea de toque, consciente de que \u00e9sa era una de las tantas c\u00e1balas de los jugadores, pero se abstuvo de inclinarse a tocar el pasto o santiguarse, temeroso de que el Padre L\u00f3pez pudiese interpretar err\u00f3neamente su gesto. La comitiva lleg\u00f3 hasta el c\u00edrculo central y all\u00ed se llev\u00f3 a cabo la breve ceremonia.<\/em><\/p>\n<p><em>El Colo se qued\u00f3 un tanto alejado del c\u00edrculo de familiares, como no queriendo invadir sentimientos. Un poco conmovido, adem\u00e1s, al pensar que en aquel pu\u00f1ado de cenizas de tono amarillento (\u201cAlgo parecido al queso de rallar\u201d dir\u00eda despu\u00e9s en una comparaci\u00f3n que, no por dom\u00e9stica, era menos certera) se hab\u00eda corporizado, breve tiempo atr\u00e1s, un hombre hecho y derecho, con su historia, sus sentimientos, sus sentires y su familia, como \u00e9l mismo, o como cualquiera. Despu\u00e9s, y para tranquilidad del Colo, aparecieron algunas c\u00e1maras fotogr\u00e1ficas, algunas poses grupales para estas c\u00e1maras y hasta alguna camiseta de Central que se extendi\u00f3, discreta, frente a los pechos de los deudos. El Colo temi\u00f3 por alguna nueva amonestaci\u00f3n de parte del canchero, pero a \u00e9ste se lo hab\u00eda tragado el t\u00fanel durante la tocante ceremonia y reci\u00e9n reaparec\u00eda ahora, arrastrando un c\u00famulo de redes. Tambi\u00e9n hab\u00eda aparecido otro se\u00f1or, alto y desgarbado, un utillero quiz\u00e1s, quien tuvo a bien quitarse la gorra en tanto contemplaba como la mano en\u00e9rgica de la viuda lanzaba pu\u00f1ados de cenizas hacia los cuatro vientos.<\/em><br \/>\n<em>\u2014\u00bfSon de alguna religi\u00f3n oriental? \u2014consult\u00f3 el hombre al Colorado que volv\u00eda.<\/em><br \/>\n<em>\u2014No. El canchero nos pidi\u00f3 lo de los zapatos. Por el c\u00e9sped. \u00bfSabe?<\/em><br \/>\n<em>El tipo acept\u00f3, con la cabeza.<\/em><\/p>\n<p><em>El grupo ya hab\u00eda regresado al costado de la cancha para calzarse. El Colo, m\u00e1s tranquilo, camin\u00f3 entonces hasta el canchero para agradecerle la gauchada.<\/em><br \/>\n<em>\u201cNo tiene nada que agradecer, caballero\u201dcontaba despu\u00e9s el Colo, en El Cairo, que le hab\u00eda dicho el tipo, desenredando con paciencia el ca\u00f3tico entramado de las redes.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Despu\u00e9s de todo \u2014dijo el Pitu, conocedor\u2014 se habr\u00e1 dado cuenta de que las cenizas son un buen abono para el pasto. \u00bfNo se usan para eso de vez en cuando?<\/em><br \/>\n<em>\u2014No, lo que pasa, yo pienso, es que al tipo le qued\u00f3 laburando el balero, porque\u2026 \u00bfSaben qu\u00e9 me dijo cuando ya nos \u00edbamos? \u00bfSaben lo que me dijo?<\/em><br \/>\n<em>Todos aguardaron en silencio.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Me dijo: \u201cNo es mala idea \u00e9sta de que se tiren las cenizas de uno sobre la cancha, la verdad sea dicha. No es mala idea\u201d. Y yo me fui pensando en lo que me hab\u00eda pedido el Presidente, de que esto no sirviera para sentar un precedente. Pero, bueno, la cosa ya estaba hecha.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Ahora\u2026 \u2014reflexion\u00f3 el Pochi\u2014. Fijate vos como este tipo, el canchero, no acept\u00f3 la orden del Presidente, pero se fue al mazo apenas el cura lo charl\u00f3 un rato.<\/em><br \/>\n<em>El Colo juguete\u00f3 un momento con la cucharita dentro del caf\u00e9.<\/em><br \/>\n<em>\u2014Es que hay un Poder Superior, Pochi \u2014afirm\u00f3\u2014. Hay un Poder Superior.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Retomamos esta secci\u00f3n dedicada a la literatura y el f\u00fatbol con este bello relato de Roberto Fontanarrosa, uno de los grandes maestros que supo interpretar toda la pasi\u00f3n que hay detr\u00e1s de unos colores, en este caso de los colores auriazules de Rosario Central, el equipo canalla. &nbsp; Cenizas Al encontrarse ya dentro de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":14095,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_kad_post_transparent":"","_kad_post_title":"","_kad_post_layout":"","_kad_post_sidebar_id":"","_kad_post_content_style":"","_kad_post_vertical_padding":"","_kad_post_feature":"","_kad_post_feature_position":"","_kad_post_header":false,"_kad_post_footer":false,"_kad_post_classname":"","_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1,1176],"tags":[1174],"class_list":["post-14092","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-portada","category-relatos-de-futbol","tag-roberto-fontanarrosa"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2011\/09\/El-f%C3%BAtbol-es-sagrado.jpg?fit=400%2C391&ssl=1","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p1ij08-3Fi","jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14092","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14092"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14092\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14095"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14092"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14092"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14092"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}