{"id":16006,"date":"2011-12-04T06:33:42","date_gmt":"2011-12-04T04:33:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/?p=16006"},"modified":"2020-11-25T18:57:09","modified_gmt":"2020-11-25T17:57:09","slug":"me-van-a-tener-que-disculpar-de-eduardo-sacheri-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/me-van-a-tener-que-disculpar-de-eduardo-sacheri-2\/","title":{"rendered":"Me van a tener que disculpar, de Eduardo Sacheri"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2011\/11\/Maradona-M%C3%A9xico-1986.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16007\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2011\/11\/Maradona-M%C3%A9xico-1986.jpg?resize=155%2C207&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"155\" height=\"207\"><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A veces nos cuesta entender la veneraci\u00f3n que muchos argentinos sienten por Diego Armando Maradona. Tal vez este relato de Eduardo Sacheri nos ayude a entender el motivo por el que tantos le est\u00e1n a\u00fan&nbsp; agradecidos, y que se remonta al Mundial de M\u00e9xico de 1986. Bueno, en realidad se remonta 4 a\u00f1os antes, a la guerra de las Malvinas con los ingleses en 1982, cuando Argentina fue derrotada y humillada por la potencia colonial.<\/p>\n<p>El Mundial de M\u00e9xico depar\u00f3 un Argentina-Inglaterra en cuartos de final, un cl\u00e1sico del f\u00fatbol mundial, pero que en esta ocasi\u00f3n era eso y much\u00edsimo m\u00e1s.<\/p>\n<p>Era la oportunidad del desquite, la ocasi\u00f3n de tomarse una revancha sobre el enemigo ingl\u00e9s,&nbsp; y adem\u00e1s en el deporte por el que los argentinos sienten la mayor de las pasiones: el f\u00fatbol, casualmente inventado por los ingleses.<\/p>\n<p>El partido concluy\u00f3 con victoria argentina por 2-1, con dos goles de Diego Armando Maradona que ya han pasado a la Historia con may\u00fasculas del F\u00fatbol: el primero conseguido con la mano (\u201cla mano de Dios\u201d) y el segundo tras controlar la pelota en el centro del campo, avanzar sorteando&nbsp; a todos los&nbsp; ingleses&nbsp; que le sal\u00edan al paso y&nbsp; batir al portero Peter Shilton. Uno de los mejores goles de la Historia del F\u00fatbol.<\/p>\n<p>Escuchar la narraci\u00f3n en directo de V\u00edctor Hugo Morales (\u201cbarrilete c\u00f3smico \u00bfde qu\u00e9 planeta vinistes para dejar en el camino a tanto ingl\u00e9s? \u2026 Gracias Dios. Por el f\u00fatbol, por Maradona , por estas l\u00e1grimas\u2026 por este Argentina 2 Inglaterra 0\u2026) es uno de los momentos cumbre de las&nbsp; retransmisiones futbol\u00edsticas.<\/p>\n<p>Argentina ser\u00eda al final campe\u00f3n del mundo al vencer en la gran final a Alemania, y la victoria sirvi\u00f3 para que el pueblo argentino comenzara a recuperar su autoestima, hundida tras a\u00f1os de dictadura militar y fracaso colectivo. Diego Armando Maradona represent\u00f3 ese resurgir del orgullo argentino, pues en esos mismos a\u00f1os triunfaba en Italia con el Napoli, y por eso a\u00fan lo recordamos, por lo que hizo ese&nbsp; 22 de junio de 1986 en el estadio Azteca de M\u00e9xico.<\/p>\n<p><strong>Me van a tener que disculpar<\/strong><\/p>\n<p><em>Me van a tener que disculpar. Yo s\u00e9 que un hombre que pretende ser una persona de bien debe comportarse seg\u00fan ciertas normas, aceptar ciertos preceptos, adecuar su modo de ser a determinadas estipulaciones aceptadas por todos. Seamos m\u00e1s expl\u00edcitos. Si uno quiere ser un tipo coherente debe medir su conducta, y la de sus semejantes, siempre con la misma id\u00e9ntica vara. No puede hacer excepciones, pues de lo contrario bastardea su juicio \u00e9tico, su conciencia cr\u00edtica, su criterio leg\u00edtimo.<\/em><\/p>\n<p><em>Uno no puede andar por la vida reprobando a sus rivales y disculpando a sus amigos por el solo hecho de serlo. Tampoco soy tan ingenuo como para suponer que uno es capaz de sustraerse a sus afectos y a sus pasiones, que uno tiene la idoneidad como para sacrificarlos en el altar de una imparcialidad impoluta. Digamos que uno va por ah\u00ed intentando no apartarse demasiado del camino debido, tratando de que los amores y los odios no le trastoquen irremediablemente la l\u00f3gica.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero me van a tener que disculpar, se\u00f1ores. Hay un tipo con el que no puedo. Y ojo que lo intento. Me digo: no puede haber excepciones, no debe haberlas. Y la disculpa que requiero de ustedes es todav\u00eda mayor, porque el tipo del que hablo no es un benefactor de la humanidad, ni un santo var\u00f3n, ni un valiente guerrero que ha consolidado la integridad de mi patria. No, nada de eso. El tipo tiene una actividad mucho menos importante, mucho menos trascendente, mucho m\u00e1s profana. Les voy adelantando que el tipo es un deportista. Imag\u00ednense, se\u00f1ores. Llevo escritas doscientas sesenta y tres palabras hablando del criterio \u00e9tico y sus limitaciones, y todo por un simple caballero que se gana la vida pateando una pelota.<\/em><\/p>\n<p><em>Ustedes podr\u00e1n decirme que eso vuelve mi actitud todav\u00eda m\u00e1s reprobable. Tal vez tengan raz\u00f3n. Tal vez por eso he iniciado estas l\u00edneas disculp\u00e1ndome.<\/em><\/p>\n<p><em>No obstante, y aunque tengo perfectamente claras esas cosas, no puedo cambiar mi actitud. Sigo siendo incapaz de juzgarlo con la misma vara con la que juzgo al resto de los seres humanos. Y ojo que no s\u00f3lo no es un pobre muchacho saturado de virtudes. Tiene muchos defectos. Tiene tal vez tantos defectos como quien escribe estas l\u00edneas, o como el que m\u00e1s. Para el caso es lo mismo. Pese a todo, se\u00f1ores, sigo sinti\u00e9ndome incapaz de juzgarlo. Mi juicio cr\u00edtico se detiene ante \u00e9l, y lo dispensa.<\/em><\/p>\n<p><em>No es un capricho, cuidado. No es un simple antojo. Es algo un poco m\u00e1s profundo, si me permiten calificarlo de ese modo. Ser\u00e9 m\u00e1s expl\u00edcito. Yo lo disculpo porque siento que le debo algo. Le debo algo y s\u00e9 que no tengo forma de pag\u00e1rselo. O tal vez \u00e9sta sea la peculiar moneda que he encontrado para pagarle. Digamos que mi deuda halla sosiego en este h\u00e1bito de evitar siempre cualquier eventual reproche.<\/em><\/p>\n<p><em>El no lo sabe, cuidado. As\u00ed que mi pago es absolutamente an\u00f3nimo. Como an\u00f3nima es la deuda que con \u00e9l conservo. Digamos que \u00e9l no sabe que le debo, e ignora los ingentes esfuerzos que yo hago una vez y otra por pagarle.<\/em><\/p>\n<p><em>Por suerte o por desgracia, la oportunidad de ejercitar este h\u00e1bito se me presenta a menudo. Es que hablar de \u00e9l, entre los argentinos, es casi uno de nuestros deportes nacionales. Para ensalzarlo hasta la estratosfera, o para condenarlo a la parrilla perpetua de los infiernos. Los argentinos gustamos, al parecer, de convocar su nombre y su memoria. Ah\u00ed es cuando yo trato de ponerme serio y distante, pero no lo logro. El tama\u00f1o de mi deuda se me impone. Y cuando me invitan a hablar prefiero esquivar el bulto, cambiar de tema, ceder mi turno en el \u00e1gora del caf\u00e9 a la tardecita. No se trata tampoco de que yo me ubique en el bando de sus perpetuos halagadores, nada de eso. Evito tanto los elogios superlativos y rimbombantes como los dardos envenenados y traicioneros. Adem\u00e1s con el tiempo he visto a m\u00e1s de uno cambiar del bando de los inquisidores al de los pla\u00f1ideros aplaudidores, y viceversa, sin que se les mueva un pelo. Y ambos bandos me parecen absolutamente detestables, por cierto.<br \/>\nPor eso yo me quedo callado, o cambio de tema. Y cuando a veces alguno de los muchachos no me lo permite, porque me acorrala con una pregunta directa, que cruza el aire llevando espec\u00edficamente mi nombre, tomo aire, hago como que pienso y digo alguna sandez al estilo de Y, no s\u00e9, habr\u00eda que pensarlo; o tal vez arriesgo un vaya uno a saber, son tantas cosas para tener en cuenta. Es que tengo demasiado pudor como para explayarme del modo en que aqu\u00ed lo hago. Y soy incapaz de condenar a mis amigos al t\u00f3rrido suplicio de escuchar mis argumentos y mis justificaciones para ellos.<\/em><\/p>\n<p><em>Por empezar les tendr\u00eda que decir que la culpa de todo la tiene el tiempo. S\u00ed, como lo escuchan, el tiempo. El tiempo que se empe\u00f1a en transcurrir, cuando a veces deber\u00eda permanecer detenido. El tiempo que nos hace la guachada de romper los momentos perfectos, inmaculados, inolvidables, completos. Porque si el tiempo se quedase ah\u00ed, inmortalizando a los seres y a las cosas en su punto justo, nos librar\u00eda de los desencantos, de las corrupciones, de las \u00ednfimas traiciones tan propias de nosotros, los mortales. Y en realidad es por ese car\u00e1cter tan defectuoso del tiempo que yo me comporto como la hago. Como un modo de subsanar, en mis modestos alcances esas barbaridades injustas que el tiempo nos hace. En cada ocasi\u00f3n en la que mencionan su nombre, en cada oportunidad en la cual me invitan al fest\u00edn de adorarlo y denostarlo, yo me sustraigo a este presente absolutamente profano, y con la memoria que el ser humano conserva para los hechos esenciales me remonto a ese d\u00eda, al d\u00eda inolvidable en el que me vi obligado a sellar este pacto que, hasta el presente, he mantenido en secreto. Digamos que mi memoria es el salvoconducto para volver el tiempo al lugar cristalino del que no debi\u00f3 moverse, porque era el exacto lugar en que merec\u00eda detenerse para siempre, por lo menos para el f\u00fatbol, para \u00e9l y para m\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>Porque la vida es as\u00ed, a veces se combina para alumbrar momentos como \u00e9se. Instantes despu\u00e9s de los cuales nada vuelve a ser como era. Porque no puede. Porque todo ha cambiado demasiado. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo cual nunca vamos a lograr desprendernos. Esa ma\u00f1ana habr\u00e1 sido como todas. El mediod\u00eda tambi\u00e9n. Y la tarde arranca, en apariencia, como tantas otras. Una pelota y veintid\u00f3s tipos. Y otros millones de tipos comi\u00e9ndose los codos delante de la tele, en los puntos m\u00e1s distantes del planeta.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero ojo, que esa tarde es distinta. No es un partido. Mejor dicho: no es s\u00f3lo un partido. Hay algo m\u00e1s. Hay mucha rabia, y mucho dolor, y mucha frustraci\u00f3n acumulada en todos esos tipos que miran la tele. Son emociones que no nacieron por el f\u00fatbol. Nacieron en otro lado. En un sitio mucho m\u00e1s terrible, mucho m\u00e1s hostil, mucho m\u00e1s irrevocable. Pero a nosotros, a los de ac\u00e1, no nos cabe otra que contestar en una cancha, porque no tenemos otro sitio, porque somos pocos, estamos solos, porque somos pobres. Pero ah\u00ed est\u00e1 la cancha, el f\u00fatbol, y son ellos o nosotros. Y si somos nosotros el dolor no va a desaparecer, ni la humillaci\u00f3n ha de terminarse. Pero si son ellos. Ay, si son ellos. Si son ellos la humillaci\u00f3n va a ser todav\u00eda m\u00e1s grande, m\u00e1s dolorosa, m\u00e1s intolerable. Vamos a tener que quedarnos mir\u00e1ndonos las caras, dici\u00e9ndonos en silencio \u201cte das cuenta, ni siquiera aqu\u00ed, ni siquiera esto se nos dio a nosotros\u201d. As\u00ed que est\u00e1n ah\u00ed los tipos. Los once tuyos y los once de ellos. Es f\u00fatbol, pero es mucho m\u00e1s que f\u00fatbol. Porque cuatro a\u00f1os es muy poco tiempo como para que te amaine el dolor y se te apacig\u00fce la rabia. Por eso no es s\u00f3lo f\u00fatbol.<\/em><\/p>\n<p><em>Y con semejantes antecedentes de tarde borrascosa, con semejante pr\u00f3logo de tragedia, va ese tipo y se cuelga para siempre del cielo de los nuestros. Porque se planta enfrente de los contrarios y los humilla. Porque los roba. Porque delante de sus ojos los afana. Y, aunque sea, les devuelve ese afano por el otro, por el m\u00e1s grande, por el infinitamente m\u00e1s enorme y ultrajante. Porque aunque nada cambie all\u00e1 est\u00e1n ellos, en sus casas y en sus calles, en sus pubs, queri\u00e9ndose comer las pantallas de pura rabia, de pura impotencia de que el tipo salga corriendo mirando de reojito al \u00e1rbitro que se compra el paquete y marca el medio.<\/em><\/p>\n<p><em>Hasta ah\u00ed, eso s\u00f3lo ya es historia. Ya parece suficiente. Porque le robaste algo al que te afan\u00f3 primero. Y aunque lo que \u00e9l te rob\u00f3 te duele m\u00e1s, vos te regode\u00e1s porque sab\u00e9s que esto, igual, le duele. Pero hay m\u00e1s. Aunque uno desde ac\u00e1 diga \u201cbueno, es suficiente, me doy por hecho\u201d, hay m\u00e1s. Porque el tipo, adem\u00e1s de piola es un artista. Es mucho m\u00e1s que los otros.<\/em><\/p>\n<p><em>Arranca desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que est\u00e1 por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, movi\u00e9ndose al calor de una m\u00fasica que ellos, pobres giles, no entienden. No sienten la m\u00fasica, pero van sintiendo un vago escozor, algo que les dice que se les viene la noche. Y el tipo sigue adelante. Para que empiecen a no poder creerlo. Para que no se lo olviden nunca. Para que all\u00e1 lejos los tipos dejen la cerveza y cualquier otra cosa que tengan en la mano. Para que se queden con la boca abierta y la expresi\u00f3n de tontos, pensando que no, que no va a suceder, que alguno lo va a parar, que ese morochito vestido de azul y de argentino no va a entrar al \u00e1rea con la bola mansita a su merced, que alguien va a hacer algo antes de que le amague al arquero y lo sortee por afuera, de que algo va a pasar para poner en orden la historia y las cosas sean como Dios y la reina mandan, porque en el f\u00fatbol tiene que ser como en la vida, donde los que llevan las de ganar ganan, y los que llevan las de perder pierden. Se miran entre ellos y le piden al de al lado que los despierte de la pesadilla. Pero no hay caso, porque ni siquiera cuando el tipo les regala una fracci\u00f3n de segundo m\u00e1s, cuando el tipo aminora el v\u00e9rtigo para quedar de nuevo bien parado de zurdo, ni siquiera entonces van a evitar entrar en la historia como los humillados, los once ingleses despatarrados e incr\u00e9dulos, los millones de ingleses mirando la tele sin querer creer lo que saben que es verdad para siempre, porque ah\u00ed va la bola a morirse en la red para toda la eternidad, y el tipo va a abrazarse con todos y a levantar luego los ojos hacia el cielo. Y hace bien en mirar al cielo, porque no s\u00e9 si sabe, pero ah\u00ed est\u00e1n todos, todos los que no pueden mirarlo por la tele ni comerse los codos.<\/em><\/p>\n<p><em>Porque el afano estaba bien, pero era poco. Porque el afano de ellos era demasiado grande. As\u00ed que faltaba humillarlos por las buenas. Inmortalizarlos para cada ocasi\u00f3n en que ese gol volviese a verse una vez y otra vez y para siempre en cada rinc\u00f3n del mundo. Ellos volviendo a verse una y mil veces hasta el cansancio en las repeticiones incr\u00e9dulas. Ellos pasmados, ellos llegando tarde al cruce, ellos vi\u00e9ndolo todo desde el piso, ellos hundi\u00e9ndose definitivamente en la derrota, en la derrota peque\u00f1a y futbolera y absoluta y eterna e inolvidable. As\u00ed que, se\u00f1ores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que suponen debo juzgar a los dem\u00e1s mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el \u00fanico modo que tengo de agradec\u00e9rselo es dejarlo en paz con sus cosas. Porque, ya que el tiempo cometi\u00f3 la estupidez de seguir transcurriendo, ya que opt\u00f3 opto por acumular un mont\u00f3n de presentes vulgares encima de ese presente perfecto, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida, yo conservo el deber de la memoria\u2026<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; A veces nos cuesta entender la veneraci\u00f3n que muchos argentinos sienten por Diego Armando Maradona. Tal vez este relato de Eduardo Sacheri nos ayude a entender el motivo por el que tantos le est\u00e1n a\u00fan&nbsp; agradecidos, y que se remonta al Mundial de M\u00e9xico de 1986. 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