{"id":17519,"date":"2013-08-09T10:11:52","date_gmt":"2013-08-09T08:11:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/?p=17519"},"modified":"2013-07-13T16:42:42","modified_gmt":"2013-07-13T14:42:42","slug":"los-traidores-de-eduardo-sacheri-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/los-traidores-de-eduardo-sacheri-2\/","title":{"rendered":"Los traidores, de Eduardo Sacheri"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_17520\" aria-describedby=\"caption-attachment-17520\" style=\"width: 615px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2012\/02\/vsNCH.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-17520 \" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2012\/02\/vsNCH.jpg?resize=615%2C510&#038;ssl=1\" width=\"615\" height=\"510\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2012\/02\/vsNCH.jpg?w=879&amp;ssl=1 879w, https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2012\/02\/vsNCH.jpg?resize=300%2C248&amp;ssl=1 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 615px) 100vw, 615px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17520\" class=\"wp-caption-text\">Deportivo Mor\u00f3n-Nueva Chicago<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Uno de los muchos cl\u00e1sicos que se dan en el f\u00fatbol argentino es el que enfrenta a los verdinegros de\u00a0 Nueva Chicago (el Toro)\u00a0 y a los blanquirrojos del Deportivo Mor\u00f3n (el Gallo). En este relato Eduardo Sacheri nos da una visi\u00f3n humor\u00edstica de esta rivalidad<\/p>\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 dec\u00eds, pibe? Llegaste temprano. Ven\u00ed, acomod\u00e1te. \u00ab\u00a1Hey, jefe: Dos caf\u00e9s!\u00bb Dej\u00e1te de jorobar, pibe, yo invito. El s\u00e1bado pasado convidaste vos. \u00bfY qu\u00e9 tiene que ver que hoy sea el cl\u00e1sico? El caf\u00e9 sale lo mismo. Van uno a cero. Mir\u00e1lo bien al petisito que juega de nueve. Lo vi en el entrenamiento del jueves, no sab\u00e9s c\u00f3mo la lleva. Se mezcl\u00f3 b\u00e1rbaro con la Primera. Lo acaban de traer. De Merlo, creo. Una maravilla. Aparte ahora que nos cag\u00f3 Zabala nos hacen falta delanteros. Es una fija, pibe. La \u00fanica que nos queda es sacar pibes de abajo. Y sacarlos como si fueran chorizos, \u00bfeh? Si no, te pasa como con Zabala. El club se rompe el alma para retenerlo cuatro, cinco a\u00f1os, y a la primera de cambio cuando le ofrecen dos mangos se te pianta a cualquier lado y te desarma el plantel. S\u00ed, seguro. Si no les importa nada. \u00bfLa camiseta? No pibe, \u00e9sa te calienta a vos o a m\u00ed, pero \u00bfa \u00e9stos? \u00bfNo fue el imb\u00e9cil \u00e9ste y firm\u00f3 para Chicago? Ya s\u00e9 que es un traidor, pero fij\u00e1te lo que le importa.<br \/>\nSe muda al Centro y listo. si te he visto no me acuerdo. Igual no te preocup\u00e9s.<br \/>\nHoy no la va a tocar. A ese matungo no le da el cuero para amargarnos la vida.<br \/>\nYa s\u00e9 que con Chicago la cosa se puede poner fulera. Cl\u00e1sicos son cl\u00e1sicos. Pero qued\u00e1te tranquilo. Es un amargo y no se va a destapar ahora.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nSi vos hubieras vivido en la \u00e9poca de Gatorra s\u00ed que te hubieses chupado un veneno de aqu\u00e9llos. Vos no hab\u00edas nacido, \u00bfno? Si fue hace una pila de a\u00f1os\u2026 \u00bfY c\u00f3mo sab\u00e9s tanto del asunto? Ah, tu viejo estuvo en la cancha. Bueno, entonces no tengo que recordarte mucho. Fue algo como lo de Zabala pero peor. Porque Gatorra era nuestro, pero nuestro, nuestro. Desde purrete hab\u00eda jugado con los colores gloriosos. Pero resulta que en el pin\u00e1culo de su carrera, cuando nos dej\u00f3 a tres puntos del ascenso en una campa\u00f1a de novela, va y firma con Chicago.<br \/>\nFue el acabose, pibe, el acabose. No lo lincharon porque en esa \u00e9poca la gente se tomaba las cosas con m\u00e1s calma. Porque en Chicago la sigui\u00f3 rompiendo. Y para peor, en el primer cl\u00e1sico en el que jug\u00f3 contra nosotros, con ese harapo bicolor puesto en el lugar donde hasta entonces hab\u00eda estado \u00abla gloriosa\u00bb, nos meti\u00f3 tres goles y nos los grit\u00f3 como un loco. As\u00ed, pibe, sin ponerse colorado. Lo putearon de lo lindo, pero el resentido parece que cuanto m\u00e1s lo insultaban m\u00e1s se enchufaba. Escuch\u00e1me un poco: el tercer gol lo meti\u00f3 de taco, con las manos en la cintura, sonriendo para el lado en que estaba la hinchada del Gallo. Ni te imagin\u00e1s, pibe.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nAs\u00ed que tu viejo lo vio, fij\u00e1te un poco. Si hubieses estado, nene. No sab\u00e9s lo que fue aquello. Pero 10 mejor, lo mejor\u2026<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\n\u00bfTe cuento una historia rara? \u00bfSeguro? Tiempo tenemos: van cinco minutos del segundo tiempo. Falta como una hora para que empiece. Bueno, entonces te cuento: \u00bfqu\u00e9 me dec\u00eds si te digo que ese partido de los tres goles de Gatorra con la camiseta de Chicago yo lo vi en medio de la tribuna de ellos, rodeado por esos ignorantes que gritaban como enajenados? \u00bfQu\u00e9 me dir\u00edas si te digo que los dos primeros goles hasta tuve que alzar los brazos y sonre\u00edr como si estuviera chocho de la vida?<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\n\u00bfSab\u00e9s qu\u00e9 pasa, pibe? La verdad es que Gatorra no era el \u00fanico traidor de aquella tarde: yo tambi\u00e9n estaba del lado equivocado. S\u00ed, flaco, como te cuento.<br \/>\nY todo, \u00bfsab\u00e9s por qu\u00e9?: por una mina. Todo por una mina, \u00bfte das cuenta? No, ya s\u00e9 que no entend\u00e9s ni jota. No te apur\u00e9s. Dej\u00e1me que te explique.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nA veces la vida es as\u00ed, pibe, te pone en lugares extra\u00f1os. La cosa vino m\u00e1s o menos de este modo: un a\u00f1o antes m\u00e1s o menos de ese partido de la traici\u00f3n de Gatorra, les ganamos en Mataderos, encima con un gol de \u00e9l, fij\u00e1te un poco. A la salida me desencontr\u00e9 con los muchachos de la barra, as\u00ed que entr\u00e9 a caminar por ah\u00ed, cerca de la cancha, pero me desorient\u00e9 feo. Muy tranquilo no andaba, qu\u00e9 quer\u00e9s que te diga. Ya era de tardecita, y terminar a oscuras rodeado de gente de Chicago no me hac\u00eda ninguna gracia, sab\u00e9s. Pero en una de \u00e9sas doy vuelta una esquina y la veo. No te das una idea, pibe. Era la piba m\u00e1s linda que hab\u00eda visto en mi vida. Llevaba un trajecito sastre color grisesito. Y zapatitos negros. Mir\u00e1 si me habr\u00e1 impactado: jam\u00e1s de los jamases me fijaba en la pilcha de las minas. Y de \u00e9sta al segundo de verla ya le ten\u00eda hasta la cantidad de botones del chaleco. Era menudita pero, \u00a1qu\u00e9 cinturita, mama m\u00eda, y qu\u00e9 piernas! Bueno, pibe, no te quiero poner nervioso. Y cuando le vi la cara\u2026 \u00a1Qu\u00e9 ojos, Dios Santo! No sab\u00e9s los ojos que ten\u00eda. Cuando me mir\u00f3 yo sent\u00ed que me acababa de perforar los m\u00edos, y que el cerebro me chorreaba por la nuca. Qu\u00e9 cosa, la pucha. Estaba apoyada contra un auto, con un par de fulanos a cada lado. Dud\u00e9 un momento. Si me paraba ah\u00ed y la segu\u00eda mirando capaz que esos tipos me terminaban surtiendo. Pero, \u00bfsi me iba? \u00bfC\u00f3mo iba a verla de nuevo?<br \/>\nNo ten\u00eda ni idea de d\u00f3nde cuernos estaba. Era entonces o nunca. As\u00ed que enfil\u00e9 para donde estaban. S\u00ed, como lo o\u00eds. Mir\u00e1 que me he acordado veces, pibe.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo me anim\u00e9 a encarar hacia el grupito \u00e9se, de nochecita, en Mataderos, despu\u00e9s de llenarles la canasta? Y fue por amor, pibe. No hay otra explicaci\u00f3n posible \u00bfQu\u00e9 vas a hacerle?<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nCuando me acerqu\u00e9 medio que entre dos de los fulanos me salieron al paso. Ah\u00ed un poco me qued\u00e9: los med\u00ed y me aviv\u00e9 de que me llevaban como una cabeza.<br \/>\nAtorado, voy y les pregunto para d\u00f3nde queda Avenida de los Corrales. Apenas habl\u00e9 me quise morir. Ah\u00ed nom\u00e1s se iban a apiolar: \u00bfqu\u00e9 hac\u00eda un tarado caminando solo por Mataderos el s\u00e1bado a la nochecita, preguntando por Avenida de los Corrales, si no era un hincha de Mor\u00f3n que ven\u00eda de llenarles la canasta y no ten\u00eda ni idea de d\u00f3nde estaba parado? Tranquilo, Nicanor, me dije.Capaz que estos tipos ni bola con el f\u00fatbol. Pero la esperanza me dur\u00f3 poco. Uno de los tipos me encara y me pregunta de mal modo: \u00ab\u00bfVos no ser\u00e1s uno de esos negros de Mor\u00f3n, no?\u00bb. Yo me qued\u00e9 helado. Iba a empezar a tartamudear una excusa cuando la o\u00ed a ella: \u00abAlberto, cuid\u00e1 tus modales, quer\u00e9s\u00bb. Dijo cinco palabras, pibe. Cinco. Pero bast\u00f3 para que yo supiera que ten\u00eda la voz m\u00e1s dulce del planeta Tierra. Casi me la quedo mirando de nuevo como un bobo, pero el instinto de conservaci\u00f3n pudo m\u00e1s y me encar\u00e9 con el tal Alberto. Yo s\u00e9 que ahora te lo cuento, cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, y parece imperdonable. Pero ubic\u00e1te en el momento. La piba \u00e9sta. Yo con el amor quem\u00e1ndome las tripas. Y esos cuatro camorreros listos para llenarme la cara de dedos. La boca puede caminarte m\u00e1s r\u00e1pido que la mente, sab\u00e9s: \u00ab\u00bfQu\u00e9 dec\u00eds? \u00bfDe Mor\u00f3n? Ni loco, enter\u00e1te\u00bb. Y volv\u00ed a mirarla. A esa altura ya me quer\u00eda casar, sab\u00e9s. As\u00ed que no se me movi\u00f3 un pelo cuando segu\u00ed: \u00abDe Chicago hasta la muerte\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nLos tipos sonrieron, y a m\u00ed me pareci\u00f3 que ella se aflojaba en una expresi\u00f3n tierna. El \u00fanico que sigui\u00f3 mir\u00e1ndome con dudas fue el tal Alberto: \u00abY dec\u00edme, si sos de Chicago, \u00bfc\u00f3mo cuernos no sab\u00e9s d\u00f3nde queda la Avenida de los Corrales?\u00bb. Era vivo, el muy turro. Los dem\u00e1s me clavaron los ojos, repentinamente apiolados del dilema. Pero yo andaba inspirado. Y la miraba de vez en cuando a la piba y el verso me sal\u00eda como de una fuente: \u00abResulta\u2026 me hice el que dudaba si exponer semejante confidencia, resulta que es la primera vez que puedo venir a la cancha\u00bb. Los tipos me miraron extra\u00f1ados. Yo ya andaba por los treinta, as\u00ed que no se entend\u00eda mucho semejante retraso. \u00abYo vivo en Mor\u00f3n segu\u00ed, es cierto, pero\u2026los tipos me clavaban los ojos, pero volv\u00ed a caminar reci\u00e9n hace cuatro meses\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nTe la hago corta, pibe. Arranqu\u00e9 para donde pude, y lo que se me ocurri\u00f3 fue eso. Supongo que fue por los nervios. Pero no vayas a creer. Despu\u00e9s fui hilvanando una mentira con otra, y termin\u00f3 tan linda que hasta yo termin\u00e9 emocionado. Les dije que de chiquito me hab\u00eda dado la polio y hab\u00eda quedado paral\u00edtico. Y que por eso nunca hab\u00eda podido ir a la cancha. Agregu\u00e9 que me hice fan\u00e1tico de Chicago por un amigo que me visitaba y que despu\u00e9s muri\u00f3 en la guerra (no se en qu\u00e9 carajo de guerra, dicho sea de paso, pero les dije que en la guerra). Y que me hab\u00eda enterado de que en Estados Unidos hab\u00eda un doctor que hac\u00eda una operaci\u00f3n milagrosa para casos como el m\u00edo. Y que hab\u00eda vendido todo lo que ten\u00eda para pagarme el tratamiento. Termin\u00e9 diciendo que hab\u00eda sido todo un \u00e9xito. Que hab\u00eda vuelto hac\u00eda dos semanas, despu\u00e9s de la rehabilitaci\u00f3n, y que apenas hab\u00eda podido me hab\u00eda lanzado a Mataderos a ver al Chicago de mis amores. Tan pose\u00eddo del papel estaba que cuando cont\u00e9 mi tristeza por los dos goles recibidos en la tarde se me quebr\u00f3 la voz y se me humedecieron los ojos. Cuando termin\u00e9 los cuatro energ\u00famenos me rodeaban y el tal Alberto me apoyaba una mano en el hombro.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\n\u00abMe llamo Mercedes, encantada.\u00bb Me alarg\u00f3 la diestra, y mientras se la estrechaba pens\u00e9 que cuando llegara a casa me iba a cortar la mano y la iba a poner de recuerdo sobre la repisa. Ten\u00eda la piel suave, y me dej\u00f3 en los dedos un aroma de flores que me dur\u00f3 hasta la ma\u00f1ana siguiente. Despu\u00e9s se presentaron los tipos. Tres eran hermanos de ella, \u00abgracias a Dios\u00bb, pens\u00e9. Y el coso \u00e9se, Alberto, era un amigo. \u00abMe cacho en diez, ser\u00e1 posible, el muy maldito\u00bb, me lament\u00e9.Estaban en la vereda de la casa de ella. Y acababan de volver del partido. El coraz\u00f3n me dio un vuelco cuando me enter\u00e9 de que el pap\u00e1 de ella era miembro de la comisi\u00f3n directiva, y que el m\u00e1s grande de los hermanos era vocal de la asamblea. No s\u00f3lo eran de Chicago: ya era una cosa como Romeo y Julieta, \u00bfviste?<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nResulta que iban todos los s\u00e1bados a ver a Chicago, pero Mercedes iba s\u00f3lo cuando jugaban de locales. Y al palco, junto con el padre. Los hermanos y el otro tarado iban a la popular, con algunos amigos. Se ofrecieron a llevarme a casa.Trat\u00e9 de disuadirlos, dici\u00e9ndoles que en Mor\u00f3n tal vez no fueran bien recibidos, pero insistieron. \u00abTendr\u00e1s que descansar\u00bb, dec\u00edan.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nYo fui rezando todo el viaje para no cruzarme con ninguno de los vagos de mis amigos. Llegu\u00e9 sano y salvo. Tuve el cuidado de cojear levemente al bajar delante del port\u00f3n de casa. Los salud\u00e9 efusivamente. Ellos se dijeron algo mientras yo me alejaba. \u00ab\u00a1Nicanor!\u00bb, me llam\u00f3 el hermano grande. \u00ab\u00bfQuer\u00e9s venir el s\u00e1bado con nosotros?\u00bb Mi alma estaba vendida definitivamente al diablo. Me di vuelta. Y algo vi en los ojos de ella que me decidi\u00f3. \u00abSeguro contest\u00e9. Pero no se molesten hasta ac\u00e1. Los veo en la sede.\u00bb Los mir\u00e9 alejarse creyendo entender a San Pedro cuando escuch\u00f3 cantar al gallo el Viernes Santo.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nCuando entr\u00e9 a casa la encar\u00e9 a mi vieja y le di r\u00e1pido el resumen de mi nueva vida. Pobre viejita, no entend\u00eda nada. Cuando le dije que me hab\u00edan tra\u00eddo unos hinchas de Chicago raj\u00f3 para la heladera para prepararme unos pa\u00f1os fr\u00edos.\u00abVos te insolaste\u00bb, diagnostic\u00f3. Pero la segu\u00ed hasta la cocina y con paciencia le expliqu\u00e9 varias veces el asunto. \u00ab\u00bfTan rica es esa chica, Nicanor?\u00bb, me pregunt\u00f3. \u00abNo me pregunte, mamita\u00bb. contest\u00e9 turbado. Se ve que entendi\u00f3, porque nunca m\u00e1s me dijo nada.Con los muchachos la cosa iba a ser distinta. \u00bfC\u00f3mo explicarles semejante agachada? No me anim\u00e9 a hablar. Tuve que apilar una mentira sobre la otra, y sobre la otra, y as\u00ed hasta formar una torre interminable. En el barrio dije que me hab\u00eda salido un laburito de contabilidad en una empresa de colectivos, los s\u00e1bados. Y los muchachos, l\u00f3gicamente, se quejaron. Dec\u00edan: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 lo quer\u00e9s Nicanor? Si con el sueldo del banco para vos y tu vieja te alcanza y te sobra\u00bb. Y yo que \u00abno, sab\u00e9s que pasa, que quiero ahorrar unos manguitos\u00bb, y toda esa sanata. La vieja result\u00f3 de fierro. Tan entregado me ve\u00eda a m\u00ed que hasta colabor\u00f3 con alguna mentirita menor para darme m\u00e1s coartada. Cuando sal\u00eda a hacer las compras comentaba que el pobre Nicanor estaba deslom\u00e1ndose con dos trabajos, para comprarle los remedios para el asma. \u00ab\u00bfY desde cu\u00e1ndo tiene asma, Do\u00f1a Rita?\u00bb \u00abEs `asma muda\u2019, por eso\u00bb, contestaba. Pobre viejita, se ve que en la familia nunca fuimos demasiado brillantes para el verso.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nEl asunto es que en ese a\u00f1o emprend\u00ed una doble vida de Padre y Se\u00f1or nuestro.Durante la semana hac\u00eda mi vida normal: despu\u00e9s del banco pasaba por la sede del Deportivo a tomar una copita y jugar naipes con los muchachos. Cara de p\u00f3ker, como si nada. Una vez sola estuve a punto de pisar el palito. Se hab\u00edan trenzado en una discusi\u00f3n de las habituales, pero ese d\u00eda se les hab\u00eda dado por lucirse citando equipos en cuya formaci\u00f3n se repitieran ciertos nombres de pila. No s\u00e9, Carlos, Artemio, el que fuera. Y voy yo como un pelotudo y digo que en la primera de Chicago juegan cuatro tipos que se llaman Roberto. Me miraron como si fuera un extraterrestre. Sal\u00ed del paso levantando el dedo y con voz solemne: \u00abY, viejo, conoce a tu enemigo\u00bb o alguna imbecilidad por el estilo. Pero transpir\u00e9 la gota gorda. \u00bfQu\u00e9 quer\u00e9s? Pasaba lo evidente. Todos los s\u00e1bados a ver a Chicago. Chicago para ac\u00e1, Chicago para all\u00e1, como si fuese el hincha m\u00e1s fiel del planeta. Ya me conoc\u00eda hasta las ma\u00f1as del aguatero suplente. Pero \u00bfc\u00f3mo no iba a ir? Si a la vuelta los hermanos me insist\u00edan para que me quedara a un vermouth en casa de Mercedes. Por supuesto me los ten\u00eda que bancar al viejo y a los hermanitos, pero tambi\u00e9n estaba ella, que se prend\u00eda a las conversaciones futboleras con elegancia pero sin remilgos.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nTodo ten\u00eda sus ventajas: si perd\u00eda Chicago yo disfrutaba como un pr\u00edncipe heredero las caras de culo de mis acompa\u00f1antes, mientras fing\u00eda certeras palabras de consuelo y pronosticaba futuras abundancias. Si ganaban, la algarab\u00eda del pap\u00e1 sol\u00eda redundar en una invitaci\u00f3n para comer afuera, todos juntos, Merceditas incluida. As\u00ed que no pod\u00eda quejarme. Es cierto que la conciencia a veces me remord\u00eda mientras saboreaba la picada con el Gancia rodeado de mis enemigos de sangre. Pero de inmediato se acercaba Mercedes, precedida por su sonrisa de arco iris y su mirada de incendio; Mercedes rodeada por su fragancia de mujer inolvidable, ofreci\u00e9ndome la \u00faltima aceituna antes de que se la deglutieran aquellos mastodontes, y la sensaci\u00f3n de culpa se disolv\u00eda en una ego\u00edsta gratitud a Dios y a la creaci\u00f3n en general.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nPero lo bueno dura poco, pibe. Ese es el asunto. Ya iba para un a\u00f1o de mi traici\u00f3n inconfesa cuando se me vino encima el choque del siglo. Mor\u00f3n versus Chicago, con el malparido de Gatorra estrenando los trapos verdinegros luego de venderse a Lucifer por unos pocos pesos. Yo ya ten\u00eda decidido enfermarme de algo incurable ese fin de semana y ver el cl\u00e1sico desde la tribuna correcta de la vida. Ya hab\u00eda anunciado en la sede del Deportivo que en la empresa de colectivos hab\u00eda pedido un adelanto de vacaciones para disfrutar de esa tarde impostergable, en la cual con justa raz\u00f3n los simpatizantes del Gallo har\u00edan naufragar al \u00abvendido en un oc\u00e9ano de insultos que perseguir\u00eda su memoria por el resto de la eternidad. Los muchachos hab\u00edan recibido mi anuncio con alborozo. En el campamento enemigo abr\u00ed el paraguas aludiendo a cierta enfermedad incurable de una cierta t\u00eda m\u00eda residente en Formosa (que s\u00fabitamente se agravar\u00eda y me llamar\u00eda a su lado para no despedirse del mundo en soledad).<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nEl problema surgi\u00f3 el martes anterior al partido. Debo confesar que para ese entonces yo asist\u00eda los martes a la nochecita \u00e1 un vermouth en la sede de Mataderos. No me mir\u00e9s as\u00ed, pibe. Yo estaba compenetrado de mi papel, y Mercedes me ten\u00eda totalmente enajenado. Pero los cuatro brutos \u00e9sos me la marcaban de cerca. De alguna manera ten\u00eda que verla entre semana, aunque fuera de pasadita. Adem\u00e1s, estaba ese fulano Alberto, el \u00abamigo\u00bb, que no la dejaba ni a sol ni a sombra. En verdad, nunca los hab\u00eda visto en actitud de noviecitos. Nada que ver. Pero el tipo se la com\u00eda con los ojos. Y al viejo de ella lo segu\u00eda como un perro, el muy guacho. Le chupaba las medias que daba asco: le llevaba los papeles, le hac\u00eda de chofer, le ten\u00eda la puerta vaiv\u00e9n de la sede. L\u00e1stima que yo siempre fui tan bueno. Porque si no, en alg\u00fan amontonamiento en la popular lo empujo y termina veinte escalones m\u00e1s abajo con cuarenta huesos rotos, viste. Pero siempre fui un rom\u00e1ntico bobalic\u00f3n, qu\u00e9 le vas a hacer.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nPero ese martes anterior al cl\u00e1sico se me vino el mundo abajo. El muy imb\u00e9cil va y anuncia en la mesa de caf\u00e9 que el viejo de Merceditas lo ha autorizado a llevarla al cine el s\u00e1bado a la noche, como festejo especial del previsible triunfo de Chicago en el cl\u00e1sico vespertino. Los hermanos de Mercedes lo palmearon complacidos; y yo tuve que fingir algo parecido a una sonrisa aprobatoria.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nAhora no ten\u00eda salida. O lo mataba el s\u00e1bado en la cancha o el tipo me ganaba definitivamente de mano. Justo ahora, que Mercedes prolongaba las miradas que cruz\u00e1bamos furtivas en el vermouth de la nochecita, y me buscaba tema de conversaci\u00f3n cuando nos encontr\u00e1bamos a la salida del palco y camin\u00e1bamos todos juntos hasta el auto. \u00bfO era una impresi\u00f3n m\u00eda, inducida por el embotamiento del amor que le ten\u00eda? El hecho, pibe, es que tuve que dar media vuelta en el aire y cambiar de planes.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nA los muchachos les dije que en la empresa de colectivos me hab\u00edan denegado el permiso, bajo amenaza de echarme. Ellos ofrecieron quemar la terminal con mis jefes adentro, pero los disuad\u00ed entre sonrisas, convenci\u00e9ndolos de que no era para tanto. A los hermanos de Mercedes les dije que mi t\u00eda la que se estaba muriendo en Formosa se hab\u00eda curado de repente. Celebraron y brindaron a mi salud y a la de mi t\u00eda. Al \u00fanico que se lo vio medio arisco fue al tal Alberto, como si sospechara algo turbio, o como si lo hubiese desilusionado mi permanencia en Buenos Aires. Por supuesto que verlo as\u00ed me llen\u00f3 de alegr\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nCon todas esas complicaciones de \u00faltima hora no tuve tiempo de detenerme a pensar seriamente en las dificultades de presenciar ese cl\u00e1sico hist\u00f3rico en la tribuna visitante. \u00bfEntend\u00e9s, chiquil\u00edn? Primera dificultad: que me reconociera la gente del Gallo. Soluci\u00f3n: anteojos negros, cuatro d\u00edas sin afeitarme y un amplio sombrero para protegerme del sol. Segundo problema: llegar en medio de los visitantes y ser reconocido pese a mis camuflajes. Soluci\u00f3n: entrar a primera hora, solo, y esperar en las gradas la llegada de la tribu de Merceditas, bien escondido en el extremo de la popular opuesto a la zona de plateas.<br \/>\nQuedaba un tercer problema, pero \u00e9ste no ten\u00eda soluci\u00f3n posible: soportar noventa minutos en nuestra cancha en silencio, o moviendo los labios acompa\u00f1ando a los energ\u00famenos \u00e9stos, mientras del otro lado del c\u00e9sped los nuestros descargaban su justo rosario contra esos malparidos y sobre todo contra Gatorra, su m\u00e1s p\u00e9rfida y reciente adquisici\u00f3n. Y mientras tanto rezar, rezar para que nadie se diera cuenta de la impostura, para que Gatorra estuviese en una mala tarde, para que gan\u00e1ramos el cl\u00e1sico, para que la derrota le torciese el humor al padre de Mercedes y cancelara la salida al cine de la noche en el auto del tarado de Alberto. Demasiados pedidos para un solo Dios en un solo rezo. Pero, \u00bfqu\u00e9 iba a hacer, pibe?<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nCumpl\u00ed mi plan a la perfecci\u00f3n. Llegu\u00e9 a la una en punto, reci\u00e9n abiertas las puertas. Complet\u00e9 mi atuendo con un piloto verde y amplio que hab\u00eda sido de mi difunto t\u00edo. No sab\u00e9s la facha, pibe: sombrero ancho, anteojos negros, capote militar y barba de varios d\u00edas. Cuando me vio salir de casa a la viejita casi le da un soponcio. Tuve que sacarme todo de raje para mostrarle y convencerla de que no era una aparici\u00f3n de San La Muerte.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\n\u00bfQu\u00e9 te contaba, pibe? Ah, s\u00ed. Que llegu\u00e9 temprano y me acomod\u00e9 bien arriba en las gradas a esperar. Cuando fueron llegando los de Chicago no hablaban de otra cosa: jorobaban con cu\u00e1ntos goles nos iba a meter Gatorra, practicaban los cantitos alusivos, hac\u00edan gestos, no sab\u00e9s, pibe. Una tortura. A eso de las dos cayeron los hermanos de Mercedes. Tuve que hacerles se\u00f1as mientras me acercaba a ellos para que me reconocieran. Aduje una extra\u00f1a reacci\u00f3n cut\u00e1nea que me obligaba a protegerme del sol. \u00ab\u00bfQu\u00e9 sol, si en cualquier momento llueve?\u00bb No pod\u00eda faltar el inoportuno de Alberto para buscarle la quinta pata al gato. \u00abSecuela de la operaci\u00f3n, por la anestesia, sab\u00e9s. Los otros lo codearon, enternecidos por mi sufrimiento, y lo obligaron a callar.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nCuando faltaban quince minutos, en la tribuna visitante no cab\u00eda un alfiler. La verdad, ellos hab\u00edan tra\u00eddo a todo el mundo. Y a la luz de c\u00f3mo fueron los hechos hicieron bien, \u00bfno? Imaginate pibe: ser testigo de una goleada b\u00e1rbara con tres tantos de un tipo que traicion\u00f3 a tus enemigos y ahora juega para vos. \u00bfNo parece un cuento de hadas, pibe?<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nA Merceditas la ubiqu\u00e9 enseguida gracias al enorme paraguas negro que el viejo de ella abri\u00f3 cuando empez\u00f3 a chispear, faltando cuatro minutos. Levant\u00e9 un brazo a modo de saludo, y ella me contest\u00f3 con una sonrisa que me levant\u00f3 la temperatura debajo del capote verde. \u00bfC\u00f3mo hizo para ubicarme con semejante indumentaria? En ese momento me dije que era el amor el que la guiaba con sus dictados. No pong\u00e1s esa cara, pibe, ya s\u00e9 que uno es cursi cuando habla de amor, pero qu\u00e9 quer\u00e9s. Si la hubieses visto como yo la vi. Nunca m\u00e1s volv\u00ed a ver a una mina tan linda como estaba Merceditas esa tarde. Llevaba un vestidito verde con cartera y zapatitos negros (y qu\u00e9 quer\u00e9s, si la pobre no conoci\u00f3 otro cuadro) que le quedaba que ni pintado. Y el pelo recogido en un rodete. Y los labios rojos. Me hubiese quedado mir\u00e1ndola el resto de la tarde. Bah, el resto de la vida.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nPero cuando salieron a la cancha los ojos se me fueron a Gatorra. El muy guacho iba bien erguido, encabezando la fila. Recib\u00eda los insultos casi con gra cia, con elegancia. Cuando enfil\u00f3 para el medio mir\u00f3 hacia la hinchada visitante que se vino abajo. En esa \u00e9poca los equipos no sol\u00edan saludar desde el medio, pero el soberbio \u00e9ste se tom\u00f3 el tiempo de alzar los brazos en direcci\u00f3n a las v\u00edas del Sarmiento, para que a sus espaldas un rumor de rabia se alzara como un incendio desde la barra enfurecida. Yo rezaba debajo de mi disfraz para que lo partieran a la primera de cambio. Pero se ve que Dios andaba en otra cosa. Porque este malnacido, este traidor imperdonable, eludi\u00f3 a cuatro tipos y la toc\u00f3 suavecita a la salida del arquero. Alrededor m\u00edo los fulanos se sub\u00edan unos a otros, lloraban, gritaban como energ\u00famenos, levantaban los brazos gesticulando obscenidades. Sinti\u00e9ndome Judas tuve que alzar los brazos, para no botonearme tanto. En cuanto pude mir\u00e9 para el palco y la vi a Mercedes aplaudiendo con la carterita colgada del antebrazo izquierdo y sonriendo hacia donde yo estaba; y solt\u00e9 dos lagrimones de dolor que me corrieron bajo los lentes oscuros. La impotencia, \u00bfsab\u00e9s?.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nVeinte minutos m\u00e1s y \u00a1zas! C\u00f3rner y un cabezazo del cornudo de Gatorra. Dos a cero y de nuevo el delirio. Ah\u00ed yo empec\u00e9 a pensar que en realidad todo era un castigo por mi traici\u00f3n; y que la culpa de esa humillaci\u00f3n colectiva la ten\u00eda yo, el Judas moderno del f\u00fatbol argentino. Dec\u00ed que cuando termin\u00f3 el primer tiempo y todos los tipos se apuraron a apoyar el trasero en alg\u00fan huequito libre de los escalones, yo me hice el otario y me qued\u00e9 parado. Me pas\u00e9 los quince minutos hablando por gestos con Merceditas, a trav\u00e9s de la distancia. Ya s\u00e9, flaco: alrededor m\u00edo ten\u00eda cinco mil tipos convencidos de que yo era un pelotudo. Pero qu\u00e9 quer\u00e9s, si era un primor la piba. Aparte, de vez en cuando, lo relojeaba de costadito al tal Alberto y estaba hecho una furia, no sab\u00e9s.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nEn el segundo tiempo nos pegaron un peludo inolvidable, pero estaba por terminar y no nos hab\u00edan vacunado de nuevo. Yo miraba el reloj cada veinticinco segundos, desesperado porque terminara de una vez por todas el suplicio chino. \u00abQued\u00e1te tranquilo, Nicanor, que est\u00e1n muertos\u00bb, me tranquilizaban los hermanos. \u00abYa s\u00e9, ya s\u00e9\u00bb, contestaba yo, en una mueca semisonriente, y con ganas de descuartizarlos con una sierra de calar. Yo los ve\u00eda a los nuestros, al otro lado del oc\u00e9ano verde, y el pecho se me hinchaba de orgullo. Segu\u00edan cantando e insult\u00e1ndolo a Gatorra en cuatro idiomas, indiferentes a las burlas y al oprobio. \u00a1Qu\u00e9 no hubiera dado por estar entonces del otro lado! Pero de inmediato giraba hacia mi derecha y la ve\u00eda a ella, tomadita del brazo del viejo, indefensa, pura, incre\u00edblemente hermosa, y me decid\u00eda a tolerar unos minutos m\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nPero lo que pas\u00f3 entonces fue demasiado. Faltaban cinco. Se escapa Gatorra y enfrenta al arquero. Le amaga y lo pasa. Se detiene. La hinchada visitante grita enloquecida. El arquero vuelve sobre sus pasos. El Traidor, con la sangre fr\u00eda de un cirujano, vuelve a enganchar y el guardameta pasa como una tromba para el otro lado. A mi alrededor deliran. Pero falta. Porque el inmundo \u00e9se se da vuelta con las manos en jarra, observa parsimoniosamente a la heroica hinchada del Gallo, y le da a la bola un tacazo disciplicente en direcci\u00f3n al arco vencido. Para terminar de perpetrar su osad\u00eda, se acerca al alambrado y empieza a besarse el harapo verdinegro que los turros \u00e9sos usan de camiseta.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nUno de los hermanos de Mercedes me estamp\u00f3 tal apret\u00f3n que casi me arranca el sombrero. Delante m\u00edo dos tipos lloraban abrazados. Yo miraba sin po der dar cr\u00e9dito a mis ojos. Enfrente, la hinchada de mis amores en un silencio de sepulcro. Alrededor estos fulanos con una chochera de mil demonios. Y al pie de las gradas Gatorra besuque\u00e1ndose la casaca con cara de chico bueno y cumplidor. Es el d\u00eda de hoy que a\u00fan recuerdo la sensaci\u00f3n de fuego que empez\u00f3 a subirme desde las tripas, y que termin\u00f3 casi quem\u00e1ndome la piel de la cara. Y para colmo van los nuestros, primero sueltos, algunos pocos, luego m\u00e1s, por fin todos, d\u00e1ndole al \u00ab\u00a1El que no salta, es de Chicago\u2026 el que no salta, es de Chicago!\u00bb, y a m\u00ed se me empez\u00f3 a dar vuelta el est\u00f3mago como si me estuviesen mirando a m\u00ed a trav\u00e9s de todo el largo de la cancha; como si ni el sombrero ni el capote ni los lentes oscuros hubiesen bastado para tapar la traici\u00f3n delante de los m\u00edos. Supongo que tratando de encontrar fuerzas para seguir corrompi\u00e9ndome, mir\u00e9 hacia la platea para verla. All\u00ed estaba, como siempre en todo ese a\u00f1o de mi perdici\u00f3n: bella, perfecta, inolvidable. Sonriendo hacia donde yo estaba, quemando el cemento desde su sitio hasta el m\u00edo con las chispas de sus ojos incandescentes. <\/em><\/p>\n<p><em>Le ped\u00ed a Dios que me hiciera nacer de nuevo. Que me cambiara de vida. Que me arrancara para siempre la memoria. Pero algo adentro m\u00edo, algo empez\u00f3 a crecer mientras escuchaba los cantos del otro lado y las burlas de \u00e9ste, una mezcla de verg\u00fcenza y de pudor y de rabia por saber al fin definitivamente que no pod\u00eda, y que por m\u00e1s que quisiera y lo intentara nunca jam\u00e1s de los jamases podr\u00eda cambiar de vereda, aunque la perdiese a ella para siempre, aunque me pasase el resto de la vida lament\u00e1ndome semejante cuesti\u00f3n de principios, porque tarde o temprano todo iba a saltar, porque un martes u otro les iba a terminar cantando las cuarenta en esa sede de mierda que tienen ellos, o un s\u00e1bado del a\u00f1o del carajo me iba a pudrir de aplaudir castamente los goles de ellos, y porque aunque no les partiera una botella en la zabiola a todos los hermanos y al tal Alberto, tarde o temprano en la jeta se me iba a notar que no, que nunca jam\u00e1s en la puta vida voy a ser de Chicago, porque mis viejos me hicieron derecho y no como al turro malparido de Gatorra. Y cuanto m\u00e1s me calentaba conmigo, m\u00e1s me calentaba con \u00e9l, porque mientras se besaba la camiseta m\u00e1s y m\u00e1s yo sent\u00eda que me dec\u00eda: \u00abVen\u00ed, Nicanor, ven\u00ed conmigo ac\u00e1 al pastito, dale vos tambi\u00e9n algunos chuponcitos a la camiseta, dale Nicanor, no te hag\u00e1s rogar, si vos y yo somos iguales, si los dos somos un par de vendidos, yo por la guita y vos por la minita, pero somos iguales; dale Nicanor, qu\u00e9 te cuesta, dale, sac\u00e1te el disfraz y ven\u00ed, que estamos cortados por la misma tijera, pero por lo menos yo no me ando escondiendo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nCuando tuve a mis hijos me puse nervioso, es cierto. Pero nunca sufr\u00ed tanto como esos dos minutos de los festejos del tercer gol de Gatorra en cancha nuestra. Te lo juro. Volv\u00ed a levantar los ojos. Todo segu\u00eda igual. Alrededor m\u00edo la hinchada de Chicago comenzaba a apaciguarse: se destrenzaban los abrazos, algunos se sentaban para reponer energ\u00edas, otros se ajustaban la port\u00e1til a la oreja para escuchar los detalles. Enfrente bailaban las banderas rojiblancas. A mi derecha, Mercedes me acunaba en sus ojos. Abajo, el traidor prolongaba un poco m\u00e1s la burla hacia mi gente.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nDe ah\u00ed en m\u00e1s no pude controlarme. Mir\u00e9 por ante\u00faltima vez a la platea e hice un gesto de adi\u00f3s con la mano. Despu\u00e9s me ergu\u00ed en puntas de pie. Hice bocina con ambas manos. Respir\u00e9 hondo. Entrecerr\u00e9 los ojos. Y cacare\u00e9 con todas las fuerzas de mi alma renacida un: \u00a1\u00a1\u00a1\u00a1\u00a1GATORRA VENDIDO HIJO DE MIL PUTA!!!!! que se escuch\u00f3 hasta en la Base Marambio.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nNo tuve ni tiempo de disfrutar la sensaci\u00f3n de alivio que me sobrevino apenas lo mand\u00e9 al carajo, porque en el instante en que me enfri\u00e9 un poco tom\u00e9 conciencia del sitio donde estaba: ah\u00ed solito con mi alma, en medio de los leones, listo para ser devorado. <\/em><\/p>\n<p><em>Cuando mir\u00e9 a las fieras, hab\u00eda por lo menos sesenta pares de ojos clavados en mi pobre persona, y por los cuchicheos se iba corriendo la voz gradas arriba y gradas abajo. \u00ab\u00bfQu\u00e9 dijiste?\u00bb, me encar\u00f3 de mal modo el tal Alberto, desde el escal\u00f3n inferior al m\u00edo. Lo mir\u00e9. A fin de cuentas yo estaba ah\u00ed por su culpa: \u00bfno estaba en ese antro en un intento desesperado por evitar su salida nocturna con Merceditas? El maldito no s\u00f3lo iba a salir con ella: despu\u00e9s de lo de hoy tendr\u00eda el camino definitivamente libre de obst\u00e1culos. Sin pensarlo dos veces le mand\u00e9 un directo a la mand\u00edbula. El muy zopenco cay\u00f3 hacia atr\u00e1s organizando una peque\u00f1a avalancha en los tres o cuatro escalones subsiguientes.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nMi vida pend\u00eda de un hilo: no s\u00f3lo acababa de deschavarme delante de cinco mil enemigos. Acababa tambi\u00e9n de surtirle una linda pi\u00f1a a un socio querido y respetado de la instituci\u00f3n. Sin pensarlo dos veces, tom\u00e9 la decisi\u00f3n que finalmente y pese a todo termin\u00f3 salv\u00e1ndome la vida. Sal\u00ed disparado escalones abajo, aprovechando el claro dejado por mi contrincante semidesvanecido. Llegu\u00e9 al alambrado y me prend\u00ed con ambas manos como si fueran tenazas. Ya detr\u00e1s m\u00edo distingu\u00eda con claridad los primeros \u00abat\u00e1jenlo que es de la contra\u00bb, \u00abp\u00e1renlo que es un vendido\u00bb, \u00abven\u00ed que te reviento la jeta a patadas\u00bb. Con los mocasines me cost\u00f3 enganchar los pies en los rombos del alambre. Encima no faltaban los comedidos que sin saber muy bien del asunto igual trataban de atajarme por la ropa. Perd\u00ed el sombrero de una pedrada. Los anteojos se me cayeron forcejeando con un viejito sin dientes que no me soltaba la pierna derecha. Gracias a Dios, en esa \u00e9poca el alambrado era m\u00e1s bajo. Me pinch\u00e9 hasta el alma cuando llegu\u00e9 a la c\u00faspide. Me arque\u00e9 hacia atr\u00e1s para verla por \u00faltima vez en mi vida. No fue f\u00e1cil, pibe. \u00bfSab\u00e9s lo que fue saber que estaba renunciando a ella para siempre?<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nPara ese entonces ya me tiraban con serpentinas sin desenrollar. Igual me encaram\u00e9 como pude en el alambrado y, en acto penitencial y al grito de \u00ab\u00a1S\u00ed, s\u00ed, se\u00f1ores, yo soy del Gallo\u00bb obsequi\u00e9 floridos cortes de manga a derecha e izquierda, hasta que me acertaron un cascote en plena frente, perd\u00ed el equilibrio y me fui de cabeza. Gracias al cielo, ca\u00ed del lado de la cancha. Si no, estos tipos me cuelgan ya sab\u00e9s de d\u00f3nde.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nEl resto me lo contaron, porque permanec\u00ed inconsciente como cinco d\u00edas. Mi vieja bati\u00f3 el r\u00e9cord de velas encendidas en la Catedral, pobrecita. Cuando abr\u00ed los ojos estaban todos. El Negro, Chuli, Tatito. Me hab\u00edan cubierto con la bandera del Gallo. Primero pens\u00e9 que estaba muerto y que me estaban velando; pero los muchachos me convencieron, en medio de mis l\u00e1grimas, de que estaba vivito y coleando. \u00abLa clav\u00edcula, tres costillas y cinco puntos en la zabiola me dec\u00edan, la sacaste rebarata, Nicanor.\u00bb <\/em><\/p>\n<p><em>S\u00ed, pibe, como lo escuch\u00e1s. Yo soy ese tipo del capote verde que se tir\u00f3 desde la cabecera visitante a la cancha el d\u00eda de ese cl\u00e1sico espantoso de los tres goles de Gatorra. S\u00ed, capaz que lo hac\u00e9s ahora y te pegan tres tiros y no cont\u00e1s el cuento. Yo qu\u00e9 s\u00e9, eran otros tiempos.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nYo era joven, y aparte no sab\u00e9s. Si la hubieses visto a Mercedes\u2026 Nunca volv\u00ed a conocer a otra mujer como ella. Pero, bueno, qu\u00e9 le vas a hacer, as\u00ed es la vida. Igual sufr\u00ed como un condenado, no vayas a creer. Los muchachos me dec\u00edan que no lo tomara as\u00ed, que minas hay muchas pero Gallo hay uno solo, y todas esas cosas que son verdad, pero, qu\u00e9 quer\u00e9s, a m\u00ed esa piba me hab\u00eda pegado muy hondo, sab\u00e9s. Eh, chiquil\u00edn, no te pong\u00e1s triste. \u00bfQu\u00e9 se le va a hacer? Hay cosas que pod\u00e9s hacer y cosas que no.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nA ver, dej\u00e1me fijarme un poco. S\u00ed, por ac\u00e1 ya se est\u00e1n parando. Me rajo que qued\u00f3 un caminito. Dale, pibe. Ayud\u00e1me a levantarme. No, ya me tengo que ir, dale. \u00bfNo ves que acaba de terminar el partido de reserva? Ya s\u00e9 que ahora empieza el partido en serio. No flaco, en serio. Tengo que rajarme. No, pibe, \u00bfqu\u00e9 coraz\u00f3n, ni qu\u00e9 carajo? Del bobo ando hecho un poema.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nPero qu\u00e9 quer\u00e9s. Promesas son promesas. Y si me quedo capaz que no puedo contenerme y falto a mi palabra. El s\u00e1bado que viene me cont\u00e1s. No, pibe, en serio. Tengo que irme. Permiso, permiso, gracias. Hasta el s\u00e1bado.<\/em><\/p>\n<p><em><br \/>\nCre\u00e9me, pibe. Te digo en serio. \u00bfC\u00f3mo qu\u00e9 promesa, pibe? \u00abVos jur\u00e1me que nunca m\u00e1s grit\u00e1s un gol de Mor\u00f3n contra Chicago. Nunca en la vida. Y yo le digo a pap\u00e1 que le guste o no le guste nos casamos igual.\u00bb \u00a1Chau, pibe!<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Uno de los muchos cl\u00e1sicos que se dan en el f\u00fatbol argentino es el que enfrenta a los verdinegros de\u00a0 Nueva Chicago (el Toro)\u00a0 y a los blanquirrojos del Deportivo Mor\u00f3n (el Gallo). En este relato Eduardo Sacheri nos da una visi\u00f3n humor\u00edstica de esta rivalidad \u00bfQu\u00e9 dec\u00eds, pibe? Llegaste temprano. 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