{"id":24070,"date":"2012-12-02T08:35:44","date_gmt":"2012-12-02T07:35:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/?p=24070"},"modified":"2017-12-11T19:57:13","modified_gmt":"2017-12-11T18:57:13","slug":"los-carasucias-del-ciclon-de-jose-antonio-martin-peton","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/los-carasucias-del-ciclon-de-jose-antonio-martin-peton\/","title":{"rendered":"Los Carasucias del Cicl\u00f3n, de Jos\u00e9 Antonio Mart\u00edn Pet\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2012\/11\/carasucias-del-cicl%C3%B3n.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-24071 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2012\/11\/carasucias-del-cicl%C3%B3n.jpg?resize=197%2C256&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"197\" height=\"256\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con el nombre de \u00abCarasucias\u00bb se conoce a un grupo de cinco\u00a0 jugadores de San Lorenzo de Almagro (el \u00abCicl\u00f3n\u00bb) de la d\u00e9cada de los sesenta\u00a0 y que llegaron al primer equipo procedentes de las categor\u00eda inferiores en 1964.<\/p>\n<p>Sus integrantes fueron Narciso Horario Doval, el \u00abLoco\u00bb \u00f3 el \u00abGringo\u00bb, Fernando Jos\u00e9 Are\u00e1n, el \u00abNano\u00bb, Victorio Francisco Casa, el \u00abManco\u00bb, H\u00e9ctor Rodolfo Veira, el \u00abBambino\u00bb y Roberto Marcelo Telch, el \u00abOveja\u00bb.<\/p>\n<p>Deslumbraron con su juego fresco y atrevido, aunque no ganaron nada. Tuvo que ser la generaci\u00f3n siguiente, la de Los Matadores, la que impusiera el dominio del Cuervo en el f\u00fatbol argentino en 1968.<\/p>\n<p>A los\u00a0 cinco componentes\u00a0 de los Carasucias dedica este texto Jos\u00e9 Antonio Mart\u00edn \u00abPet\u00f3n\u00bb, en su obra El f\u00fatbol tiene m\u00fasica. Una delicia.<\/p>\n<p>Los Carasucias del Cicl\u00f3n<\/p>\n<p><em>La delantera de aquel combinado argentino que ten\u00eda a Corbatta como emblema flaco y burl\u00f3n recibi\u00f3 un nombre muy apropiado: los \u201cCarasucias\u201d. El solo nombre daba idea de una pandilla p\u00edcara, jugona, revoltosa: once descarados y los cinco de arriba, m\u00e1s. Poco despu\u00e9s, el apelativo se rescat\u00f3 para motejar a la nueva delantera que subi\u00f3 a la primera de San Lorenzo de Almagro: el \u201cGringo\u201d Doval, \u201cNano\u201d Are\u00e1n, \u201cBambino\u201d Veira, la \u201cOveja\u201d Telch, que era un adherido a los cuatro aut\u00e9nticos y otro sin seud\u00f3nimo, Victorio Casa, aunque desgraciadamente lo tendr\u00eda poco despu\u00e9s. Los \u201cCarasucias\u201d: el sobrenombre no era original; era exacto.<\/em><\/p>\n<p><em>Los pibes escalaban las categor\u00edas del club saltando de broma en broma; lo mismo apedreaban el cierre del comerciante peor humorado de Boedo, al salir de entrenar, que le retiraban la propina al utillero por el mero placer de ver como les respond\u00eda d\u00e1ndoles las toallas apolilladas, los calzones sin cord\u00f3n y las botas sucias. De broma en broma pero todos juntos, como en el campo. Su juego era el colmo de la desverg\u00fcenza por atrevimiento, por displicencia, por hipnotismo o por todo a la vez. Lo mismo que un t\u00e9cnico les dijo en la sexta categor\u00eda (\u201cjueguen como saben, pero guarden la pelota para ustedes y h\u00e1ganme un gol m\u00e1s que ellos\u201d), aplicaron en la categor\u00eda m\u00e1s alta sin importarles, y eso fue lo definitivo, los miles y miles de paganinis que llenaban cada estadio.<\/em><\/p>\n<p><em>Por la banda derecha, y con un recorrido tan largo que le pasaportar\u00eda sin m\u00e1s tr\u00e1mite al f\u00fatbol de hoy, aparec\u00eda el m\u00e1s abierto. Esta es su historia en un par de trazos:<\/em><\/p>\n<p><em>A la azafata del vuelo que transporta a San Lorenzo de Almagro le acaban de tocar el culo. Es uno de los pasajeros de la parte de atr\u00e1s. O sea, uno de los pasajeros que forma parte de la expedici\u00f3n de San Lorenzo de Almagro. Ha sido en la parte de atr\u00e1s de la parte de atr\u00e1s. O sea, justo donde est\u00e1n los futbolistas del Cicl\u00f3n. La aeromoza presenta una denuncia. El denunciado asume su responsabilidad y es condenado. Es Narciso Doval, el genial wing derecho.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero no ha sido \u00e9l. Est\u00e1 tapando a uno de los veteranos del Cuervo, hombre casado al que puede ahogar la tormenta. As\u00ed era Doval, tan dado a la guapeza que eligi\u00f3 el camino imposible para un argentino: triunfar en Brasil. Lo hizo de tal manera que a\u00fan hoy es una de las estrellas que nunca se apagan sobre el cielo de la naci\u00f3n flamenga. Le borraron el apelativo con el que llegaba, \u201cLoco\u201d, y le dieron el suyo: \u201cGringo\u201d. Doval fue tan querido que cuando un presidente despistado le traspas\u00f3 a Flu, Jorge Ben se invent\u00f3 una samba llena de sabor y amargura para definir esa sensaci\u00f3n de hincha trastornado. La llam\u00f3 Troca, Troca y es un himno adolorado que silban quienes le vieron y aquellos a los que les contaron lo que vieron, al pasar bajo su foto enmarcada en los pasillos de Gavea, la sede rubropreta.<\/em><\/p>\n<p><em>El \u201cGringo\u201d Doval fue flecha en Maracan\u00e1 y arco en Copacabana, futvoley y garotas. Cuando a\u00fan ten\u00eda fresco el recuerdo de sus \u00faltimos partidos, Doval , el apuesto cuarent\u00f3n, se qued\u00f3 en una madrugada de la discoteca m\u00e1s elegante del barrio m\u00e1s elegante, la New York City. En Palermo, Buenos aires. O eso est\u00e1 escrito por todas partes, que fue en Palermo donde viv\u00eda tranquilamente al confortable calorcillo de la fortuna que le hab\u00eda dejado como herencia su t\u00edo espa\u00f1ol. Pero el \u201cLoco\u201dGatti me dijo que aquello pas\u00f3 en Belgrano y que estaba seguro porque anduvieron juntos toda la noche, que el \u00faltimo baile del \u201cGringo\u201d fue con la esposa del \u201cLoco\u201d mientras \u00e9l charlaba con unos amigos, que se despidieron para verse pronto, que un rato despu\u00e9s sali\u00f3 Doval y que antes de llegar al auto, a cincuenta metros, cay\u00f3 fulminado; le hab\u00eda reventado el coraz\u00f3n. El \u201cLoco\u201d oy\u00f3 la noticia en la radio mientras tomaba el sol a la ma\u00f1ana siguiente, cuando lo cuenta a\u00fan asoma a su rostro la perplejidad. Dice que a su amigo le mat\u00f3 el af\u00e1n competitivo: como ten\u00eda tiempo, y dinero, se apuntaba a todos los picados con gente m\u00e1s joven y el mismo esp\u00edritu ganador, en Buenos Aires o en R\u00edo, los lugares en los que repart\u00eda su alegre existir. Lo mismo le daba al f\u00fatbol, que al futbito, que al futvoley en la playa, rey de la arena, un artista. El \u201cLoco\u201d a\u00f1ade: \u201cPero tuvo buena muerte, qu\u00e9 jugador; se fue como quiso, joven, fuerte y en un momento: fenomenal el \u201cGringo\u201d.\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Por la banda izquierda de su Cicl\u00f3n, a Doval le daba ingeniosa r\u00e9plica Victorio Casa, un zurdo taladrador. Suced\u00eda que Casa taladraba defensas\u2026 y m\u00e1s cosas. En una de esas estaba, a la atardecida porte\u00f1a. Tan atareado dentro de su coche con una se\u00f1orita, que no advirti\u00f3 la se\u00f1al que avisaba justo donde par\u00f3 su coche: \u201cRigurosamente prohibido estacionarse. Guarnici\u00f3n Militar\u201d. Casa no estaba en ese instante para nada. Y menos para escuchar el reiterado \u201cidentif\u00edquense\u201d que le dieron desde la garita centinela. Al fin le balearon. Eran tiempos argentinos en los que pasaba poco tiempo desde que un militar avisaba del balazo hasta que el balazo avisaba del militar. Muy poco tiempo. Desde ese d\u00eda el extremo zurdo de San Lorenzo, Victorio Casa, jug\u00f3 sin un brazo. Si el Cicl\u00f3 iba ganando bien, los atorrantes del equipo le daban el bal\u00f3n a Casa para que sacara desde la banda cuando la bola sal\u00eda. Ya ten\u00eda mote, claro: el \u201cManco\u201d Casa.<\/em><\/p>\n<p><em>En el centro de la fila atacante, el \u201cBambino\u201d Veira. Dice el \u201cLoco\u201d Gatti que si la redonda ca\u00eda en el \u00e1rea y el \u201cBambino\u201d la baja, eras arquero muerto. Pero que era tan vago, tan vago, que la pelota ten\u00eda que acercarse mucho a \u00e9l porque \u00e9l, el nueve \u201cCarasucia\u201d, no iba a moverse un metro tras ella. Y eso, a\u00f1ade el Loco, salvaba a nuestro gremio. Tuvo H\u00e9ctor Veira una carrera brillante pero corta: fue internacional en el 65 y aunque le dio tiempo a dar unas vueltecitas por el mundo, del Sevilla al Corinthians, con 31 a\u00f1os estaba fuera. Luego fue t\u00e9cnico, recordado en C\u00e1diz y adorado en San Lorenzo con el que dio la vuelta de los campeones.<\/em><\/p>\n<p><em>Fernando Jos\u00e9 el \u201cNano\u201d Are\u00e1n era lo que dio en llamar luego un delantero centro falso. De esp\u00edritu osado como los dem\u00e1s, Are\u00e1n lo trasladaba incluso a su atav\u00edo: las camisas m\u00e1s celebres de la Argentina por floreadas y estramb\u00f3ticas est\u00e1n en el armario del Nano. Se las sigue poniendo. Como futbolista ten\u00eda un problema y por eso su carrera no fue muy larga ni muy regular: vivi\u00f3 temporadas brillantes, especialmente en Colombia, y opacas en otros sitios. Depend\u00eda de la calidad de quienes le rodeaban: con buenos compa\u00f1eros crec\u00eda su juego de inteligente llegador, ni muy r\u00e1pido ni muy habilidoso. Por eso Are\u00e1n fue mejor jugador cuanto m\u00e1s joven, cuando tuvo a su lado la compa\u00f1\u00eda ideal, los otros \u201cCarasucias\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>El juego de todos ellos lo sosten\u00eda el m\u00e1s serio de la banda, Roberto \u201cOveja\u201d Telch , provinciano de San Vicente que llevaba al rect\u00e1ngulo de juego la responsabilidad del campesino. Telch era en realidad un adherido a los locuelos, uno de ellos sin ser uno de ellos. Ya profesional acud\u00eda al estadio en un cami\u00f3n Ford A con todos los amigos del barrio en la caja. Tambi\u00e9n volv\u00edan juntos, pero en el camino de Boedo a la Avenida de San Mart\u00edn les esperaba un carro con un jamelgo justo donde empezaban descampado y huertas. En una de ellas compraban las verduras que luego revend\u00edan en el barrio. Y ah\u00ed estaba el volante de San Lorenzo de Almagro arrancando la hortaliza y carg\u00e1ndola en la camiona una hora despu\u00e9s de jugar con el Cicl\u00f3n. De los \u201cCarasucias\u201d era el m\u00e1s \u201ccaralimpia\u201d. Al p\u00e1nfilo Veira le pidi\u00f3 en un partido, \u00a1qu\u00e9 insolencia \u00a1, que corriera m\u00e1s. El \u201cBambi\u201d le contest\u00f3 que corriera \u00e9l que para eso se acostaba a las ocho. El \u00e1rbitro se mor\u00eda de risa.<\/em><\/p>\n<p><em>A los \u201cCarasucias\u201d les mat\u00f3 el tiro al brazo de Victorio Casa. Les amputaron la alegr\u00eda y la banda se disolvi\u00f3. El Cicl\u00f3n sigui\u00f3 creciendo porque su va\u00edo lo ocup\u00f3 la escuadra de \u201cLos Matadores\u201d. Y esa no perdon\u00f3: llen\u00f3 de copas la vitrina del club. Nadie encontrar\u00e1 ninguna de los \u201cCarasucias\u201d al lado de las suyas, pero tienen el mismo espacio en el coraz\u00f3n de la hinchada: jam\u00e1s hubo un equipo que pusiera tanto descaro sobre la hierba. Estos locos maravillosos hubieran sido campeones de todo si al f\u00fatbol se jugara solo en una porter\u00eda: la de hacer goles.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Con el nombre de \u00abCarasucias\u00bb se conoce a un grupo de cinco\u00a0 jugadores de San Lorenzo de Almagro (el \u00abCicl\u00f3n\u00bb) de la d\u00e9cada de los sesenta\u00a0 y que llegaron al primer equipo procedentes de las categor\u00eda inferiores en 1964. 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