{"id":29388,"date":"2013-04-21T09:06:21","date_gmt":"2013-04-21T07:06:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/?p=29388"},"modified":"2013-04-19T23:13:54","modified_gmt":"2013-04-19T21:13:54","slug":"jujar-con-una-tango-es-algo-mucho-mas-dificil-de-lo-que-a-primera-vista-se-podria-suponer-de-eduardo-sacheri","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/jujar-con-una-tango-es-algo-mucho-mas-dificil-de-lo-que-a-primera-vista-se-podria-suponer-de-eduardo-sacheri\/","title":{"rendered":"Jugar con una \u00abTango\u00bb es algo mucho m\u00e1s dif\u00edcil de lo que a primera vista se podr\u00eda suponer, de Eduardo Sacheri"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/?attachment_id=29389\" rel=\"attachment wp-att-29389\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-29389\" alt=\"Tango\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2013\/04\/Tango.jpg?resize=160%2C156&#038;ssl=1\" width=\"160\" height=\"156\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2013\/04\/Tango.jpg?w=160&amp;ssl=1 160w, https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2013\/04\/Tango.jpg?resize=50%2C50&amp;ssl=1 50w\" sizes=\"auto, (max-width: 160px) 100vw, 160px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Este relato del argentino Eduardo Sacheri es un canto al f\u00fatbol callejero, al f\u00fatbol de barrio, al f\u00fatbol canchero,\u00a0 al f\u00fatbol de los chicos que se desaf\u00edan unos a otros, y en el que la picaresca y el ser m\u00e1s listo que el rival est\u00e1n\u00a0 a la orden del d\u00eda.<\/p>\n<p>A disfrutarlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><!--[if gte mso 9]&gt;--><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Tal vez para <\/span><\/i><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">los grandes, con esa facilidad que suelen tener para las simplificaciones abusivas, los dos barrios eran uno solo. Tal vez para los grandes, con su indolencia, su falta de perspectiva, su desatenci\u00f3n por los detalles esenciales, la cuadra nuestra, la ochava de nuestras felon\u00edas, formaba con las manzanas de alrededor un \u00fanico barrio.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Pero para nosotros, con la claridad di\u00e1fana que tienen las cosas cuando uno es chico, los barrios eran dos, el nuestro y el de ellos: esos pibes que viv\u00edan a la vuelta. El nuestro eran cuatro cuadras, dos por una calle y dos por la otra. El barrio era esa cruz perfecta que formaban esas veredas sim\u00e9tricas y nuestras, absolutamente nuestras. A la vuelta estaban ellos, pero a la vuelta, y eso era muy lejos. Tan lejos que ese era el barrio de ellos.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Cuando ten\u00edamos ocho, nueve a lo sumo, la autonom\u00eda de nuestro vuelo aventurero era escasa. Las madres exig\u00edan, todav\u00eda, la molesta condici\u00f3n de poder vernos al asomarse a la vereda. De modo que la vuelta, o sea el mundo, el universo, quedaba todav\u00eda prohibitivamente lejos. Pero a los once, a los doce, las madres ya empiezan a resignarse a salir a la vereda y a no vernos, a confiar en el Esp\u00edritu Santo, a aceptar el dolor y la angustia de sabernos a la vuelta, o a la vuelta de la vuelta, o vaya a saber d\u00f3nde. Como mucho pueden exigir el retorno a la hora de la leche, a m\u00e1s tardar. Pero no pueden pretender, Dios nos libre, que uno siga en la vereda propia, o en la cuadra de casa, habiendo tanto mundo m\u00e1s all\u00e1 esper\u00e1ndonos. Cuando uno tiene ocho, o tiene nueve, vaya y pase. Pero a los once, la cosa cambia, y cambia para siempre.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">En una de esas recorridas, bicicleta mediante, ah\u00ed nom\u00e1s de nuestro propio mundo, aparecieron ellos. Estaban sentados en la vereda, contra una de esas casas que eran las de ellos, dejando pasar la vida. Eran seis o siete, como nosotros. Se repart\u00edan el fondo de una botella de agua. Se ve\u00edan sudados y sedientos. En la calle perduraban los cascotes de los arcos. Evidentemente acababan de jugar al f\u00fatbol.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">El ser humano es un bicho dado al desaf\u00edo, a la competencia. Supongo que fue por eso que alguno de nosotros, alguno de los m\u00e1s osados y pendencieros (seguro que no fui yo, siempre tan t\u00edmido) fren\u00f3 la bici, apoy\u00f3 un pie en el cord\u00f3n y se los qued\u00f3 mirando. Los dem\u00e1s lo habremos imitado, obedeciendo a ese reflejo solidario que en la ni\u00f1ez funciona a la perfecci\u00f3n y que con los a\u00f1os se va, tristemente, anquilosando.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Primero habr\u00e1n sido unas preguntas tiradas al voleo y contestadas con evasivas. Que de d\u00f3nde eran, que de d\u00f3nde \u00e9ramos. Que cu\u00e1ntos eran en su barrio, que cu\u00e1ntos en el nuestro. Que de qu\u00e9 cuadro \u00e9ramos hinchas, que de qu\u00e9 cuadro eran ellos. Que si sab\u00edan jugar, que si nosotros sab\u00edamos. Despu\u00e9s uno de ellos se habr\u00e1 ufanado de alguna victoria memorable, contra otro barrio tan distante como temible y misterioso. Alg\u00fan lenguaraz de los nuestros habr\u00e1 replicado con una haza\u00f1a a\u00fan m\u00e1s espeluznante. Habr\u00e1 habido un cruce de miradas, alguna se\u00f1a s\u00f3lo perceptible para entendidos. Y el desaf\u00edo habr\u00e1 partido por fin de uno de los frentes, como una <span>lanza <\/span>en llamas, clavada ante la tribu rival y belicosa.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Ellos se miraron con cara de experimentados, de gente ducha en estos temas. Acordaron la fecha como dudando, como dando a entender que eran tipos muy ocupados. Supongo que, enroscados en sus propias mentiras y en sus respectivas alucinaciones, no notaron el temblor de algunas de nuestras voces, las caras de p\u00e1nico de los m\u00e1s chicos, las miradas urgentes de los menos osados. Ellos pusieron una sola condici\u00f3n: pon\u00edan la cancha y la pelota. Nosotros, pobres ingenuos, torpes incautos, aceptamos.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">El d\u00eda fijado fuimos a pie: uno no puede jugar un desaf\u00edo y mirar cada dos minutos la pila de bicis a ver si siguen donde uno las ha dejado: las distracciones pueden ser fatales, tanto porque te roben una bici como porque te metan un gol est\u00fapido. La primera sorpresa fue la cancha. Ellos nos esperaban en la vereda de la vez pasada, pero no ten\u00edan armados los arcos en la calle. Cuando preguntamos, se\u00f1alaron con calculada indolencia el pared\u00f3n legendario de la canchita de la calle Buchardo. Nos miramos azorados. Decir en nuestra ni\u00f1ez \u00abla canchita de Buchardo\u00bb era como decir \u00abjugamos ac\u00e1, en el Maracan\u00e1\u00bb, o \u00abpasen, el desaf\u00edo es en el estadio de Wembley\u00bb.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Era un bald\u00edo enorme, cerrado a la gilada por un pared\u00f3n alto de ladrillo a la vista. El \u00fanico acceso posible era a trav\u00e9s del jard\u00edn del vecino. Vecino que se entreten\u00eda en golpear el vidrio de su ventana, en medio de agresivas gesticulaciones, las pocas veces que ten\u00edamos la valent\u00eda de pararnos siquiera a pispear un poco el asunto. Porque esa cancha, que ten\u00eda arcos de madera y todo, y que ten\u00eda hasta manchones de pasto en las esquinas, la usaban los grandes, jam\u00e1s los chicos. Uno de esos grandes, que jugaban los fines de semana, era ese celoso cancerbero que nos echaba a las patadas. Lo que ignor\u00e1bamos, y que descubrimos reci\u00e9n el d\u00eda del desaf\u00edo, era que el capit\u00e1n de ellos era sobrino del terrible ogro de la casa contigua, y que los d\u00edas de semana ten\u00edan libre acceso a ese estadio bell\u00edsimo.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Caminamos la media cuadra d\u00e1ndonos valor con la mirada, ocultando celosamente que jam\u00e1s en la vida hab\u00edamos jugado en una cancha en serio. Entramos al jard\u00edn del vecino como quien atraviesa a ciegas un campo minado, esperando el terrible momento del estallido, de la cortina corrida, de los golpes furiosos en el vidrio, del rajen de ac\u00e1 mocosos del demonio. Pero nada pas\u00f3. O no estaba, o su sobrino lo hab\u00eda puesto sobre aviso. Saltamos por fin la pared por la parte m\u00e1s baja, \u00edbamos cayendo con un ruido seco en la tierra prometida, un ruido que jam\u00e1s hube de olvidar, y que supongo que los dem\u00e1s tampoco olvidaron. Un ruido que sonaba a misterio, a iniciaci\u00f3n, a ultraje y a aventura.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">El miedo nos volvi\u00f3 a ganar cuando los vimos abrir las bolsas que tra\u00edan bajo el brazo. Eran botines. Los sacaron con gesto displicente, pero a sabiendas de nuestro pasmo inevitable. Porque nosotros, m\u00e1s all\u00e1 de nuestras bravuconadas, \u00e9ramos gente de jugar en el asfalto. Y uno, en la calle, juega en zapatillas. Y encima con zapatillas viejas, con esas Flecha que nuestra madre nos ha cedido para que las terminemos de deshilachar, de destruir y de enmugrecer en esas tareas in\u00fatiles. Esas que tienen la tela totalmente descosida de la puntera de goma. Esas con las que hay que tener cuidado de que no se salgan los dedos por el agujero, cuando uno le pega a la pelota. Y van estos tipos y sacan los botines negros, relucientes, con esos tapones amenazantes, tan \u00fatiles para pegar de punt\u00edn como para arruinarle la pantorrilla a un pobre contrario indefenso.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Yo, calent\u00f3n como fui siempre, les hice notar que nosotros jug\u00e1bamos todos en zapatillas, y que con los botines iban a lastimarnos. Pero con cara de inocencia dijeron que nadie les hab\u00eda dicho nada, y que ellos jugaban siempre as\u00ed, como se juega de verdad, y que lo del otro d\u00eda en la calle hab\u00eda sido un entrenamiento. Con la sensaci\u00f3n de ser un cavern\u00edcola analfabeto me call\u00e9 la boca y me volv\u00ed hacia los m\u00edos, buscando algo de confianza. Pero todos estaban demasiado asustados. <\/span><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Lo peor vino despu\u00e9s. Tra\u00edan la pelota en una bolsa grande de Casa T\u00eda. Era una bolsa enorme, blanca, y no se ve\u00eda nada adentro. La llevaba un gordito pecoso y flequilludo. Con gesto grandilocuente la levantaron, la tomaron por abajo y soltaron las manijas. La bolsa se inclin\u00f3, abri\u00f3 su boca misteriosa, y escupi\u00f3 una pelota Tango. Aquello era demasiado: la cancha de tierra con arcos de madera vaya y pase. Eso de los rivales provistos de botines ya era todo un riesgo. Pero una Tango original, que pic\u00f3 tres veces hasta quedar mansita en el mediocampo, eso era inaceptable. Nosotros \u2013que jug\u00e1bamos con una n\u00famero cinco chiquita, de gajos alargados blancos y negros, que tend\u00eda m\u00e1s al \u00f3valo que a la esfera, que picaba para el demonio, a la que hab\u00eda que engrasar primorosamente con la grasa sobrante del churrasco\u2013, hab\u00edamos visto la Tango por la tele, en el mundial 78; y despu\u00e9s en la vidriera de la Proveedur\u00eda Deportiva. Pero en nuestro barrio \u00e9se era un objeto desconocido. Y van estos tipos y la sacan ah\u00ed, como si tal cosa, como si fuera algo de todos los d\u00edas.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Ah\u00ed Felipe protest\u00f3, que \u00abc\u00f3mo no la ten\u00edan el otro d\u00eda, en la vereda, cuando los vimos la primera vez\u00bb. El capit\u00e1n de ellos, Walter creo que se llamaba, se aproxim\u00f3 con la Tango entre las manos, y nos habl\u00f3 en un tono peyorativamente did\u00e1ctico, como si se dirigiera a una manga de infradotados. Nos dijo que, como era evidente, esa pelota ten\u00eda un pl\u00e1stico recubriendo el cuero, que hac\u00eda imposible su uso en la calle salvo que uno quisiera arruinarla, y que como ellos jugaban siempre en canchas de pasto, o de tierra a lo sumo, no se hab\u00edan imaginado que nosotros pens\u00e1ramos jugar con una pelota com\u00fan y corriente. Gustavo tuvo entonces el tino de esconder la nuestra, miserable, debajo de una campera.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Nosotros nos quedamos mir\u00e1ndola como tarados. Encima era naranja debido a que, seg\u00fan transigi\u00f3 en informarnos, el padre del chico se la hab\u00eda tra\u00eddo de Europa porque era piloto de Aerol\u00edneas, y all\u00e1 la pintaban de naranja para poder jugar en medio de la nieve sin perderla de vista.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Cuando empez\u00f3 el partido corroboramos, con angustia, nuestro palpito de que una Tango no ten\u00eda nada que ver con el resto de las pelotas existentes en el universo. Por empezar, picaba el doble. No consegu\u00edamos bajarla ni a los tiros. Saltaba en cada piedrita de la cancha, cambiaba de rumbo y nos dejaba pagando. Aparte dol\u00eda de lo lindo. A m\u00ed me tiraron dos o tres pelotazos que me dejaron las manos rotas, y eso que jugaba con guantes (unos de lana, ya jubilados del colegio). El que m\u00e1s sufr\u00eda era Gustavo, nuestro crack, que en lugar de patear de punt\u00edn, como el resto de nosotros, lo \u00abhac\u00eda de chanfle, o acariciando el bal\u00f3n con el empeine. Al rato de empezar le dol\u00edan los pies hasta los tobillos. Esas zapatillas nuestras eran absolutamente inapropiadas para patear semejante cascote. Adem\u00e1s estaba el tama\u00f1o. Nuestra n\u00famero cinco era una especie de prima pobre y escu\u00e1lida, que apenas deb\u00eda superar la mitad de la circunferencia de aquella enormidad anaranjada y con lustrosos vivos negros. Lo dura que ser\u00eda que Gustavo tuvo la inconciencia de cabecearla en un centro, y qued\u00f3 medio tarado un buen rato hasta que se le pas\u00f3 el mareo (si hasta me acuerdo que le qued\u00f3 la frente toda colorada). Lo que m\u00e1s bronca nos daba era que ellos eran tan burros como nosotros. Pero con los botines pon\u00edan pata fuerte, y nosotros sac\u00e1bamos el pie por precauci\u00f3n, y perd\u00edamos todos los balones divididos. Y con la Tango nos ten\u00edan a maltraer. No hilvan\u00e1bamos dos pases seguidos como la gente. Nos metieron un gol est\u00fapido: me tiraron un chumbazo a quemarropa, y la mu\u00f1eca me doli\u00f3 tanto que se me dobl\u00f3 la mano (para colmo yo no lograba hacerme a la idea de atajar con palos de verdad, a qu\u00e9 negarlo).<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Nos iban ganando uno a cero con ese gol mugroso, y en cualquier momento iban a embocarnos otro, eso era seguro.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Pero gracias a Dios, y en medio de nuestra adversidad tumultuosa, Adri\u00e1n tuvo un rapto de inspiraci\u00f3n m\u00edstica. Empez\u00f3 a los gritos a llamarlo a Miguelito, que ya hab\u00eda pegado el estir\u00f3n y nos llevaba como dos cabezas. Ese d\u00eda andaba m\u00e1s caliente que nadie, porque todav\u00eda no se acostumbraba a sus nuevas dimensiones, y ese bal\u00f3n endemoniado lo ten\u00eda m\u00e1s mareado que al com\u00fan de nosotros. As\u00ed que Adri\u00e1n le habl\u00f3 algo al o\u00eddo, y el otro sonri\u00f3 con placer, como sopesando la idea, como paladeando por anticipado una venganza que se sabe tan justa como inolvidable. Yo, desde el arco, entend\u00ed poco y nada, hasta que vino un despeje desde el \u00e1rea de ellos, y Miguel se perfil\u00f3 para pegarle de zurda. Miguel era, con la pelota en los pies, y como ya dije, un poco m\u00e1s espantoso que la mayor\u00eda de nosotros. Pero ten\u00eda la rara virtud de pegarle como con un fierro. La Tango ven\u00eda picando casi mansita, como pidiendo permiso para seguir unos metros. Miguel se afirm\u00f3 con la derecha, se inclin\u00f3 levemente, y le peg\u00f3 un chumbazo descomunal. La Tango sali\u00f3 como un b\u00f3lido, como un meteorito en reversa rumbo al cielo. Pas\u00f3 el pared\u00f3n no por el lado de la calle (nuestro arco era el que daba a la vereda) sino por los fondos que daban a una casa vieja y sombr\u00eda. En los laterales, donde el pared\u00f3n tambi\u00e9n era medianera, hab\u00eda un lindo alambrado como de dos metros de alto, porque estaba cerca de las l\u00edneas de la cancha, y el riesgo de tirarla afuera era evidente. Pero detr\u00e1s del arco de ellos, del lado de la casa aqu\u00e9lla, quedaban todav\u00eda como treinta metros de terreno, lleno de malezas y arbustos y \u00e1rboles petisos, que hac\u00edan suponer que la pelota jam\u00e1s superar\u00eda el l\u00edmite del predio por ese lado. De modo que cuando Miguelito le peg\u00f3 ese chumbazo hist\u00f3rico la Tango subi\u00f3 a los cielos, super\u00f3 por amplio margen el travesa\u00f1o de ellos, sobrevol\u00f3 dos limoneros apestados y unas ca\u00f1as de esas que nunca faltan en los bald\u00edos, plane\u00f3 sobre el yuyal y sobre la hiedra, y se perdi\u00f3 en el misterio del m\u00e1s all\u00e1, con un ruido a chapas de lo m\u00e1s espeluznante. El due\u00f1o de la pelota, que aparte de ser un gordito paliducho y pecoso nos hab\u00eda demostrado que de f\u00fatbol sab\u00eda lo que yo de astronom\u00eda, no pudo reprimir un grito de terror, y los suyos se miraron consternados. Nosotros pusimos cara de compungidos, atravesamos con ellos el yuyal, y hasta les hicimos pie para que se asomaran por encima de la tapia. No hab\u00eda caso: la pelota descansaba en un patio de lajas, y el ruido a chapa se hab\u00eda producido cuando la Tango hab\u00eda golpeado contra la puerta de hierro que desde la cocina daba a ese patio.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Por suerte para nosotros, eran las tres de la tarde. Tocarle el timbre a un extra\u00f1o para pedirle una pelota es una tarea ardua y peligrosa a cualquier hora del d\u00eda. Pero a la hora de la siesta, es directamente concurrir por propia voluntad al pat\u00edbulo. Nosotros lo sab\u00edamos, y ellos tambi\u00e9n. El gordito trasl\u00facido intent\u00f3 despertar el esp\u00edritu de cuerpo de los suyos para que lo acompa\u00f1aran, pero fue en vano. Contestaron, en medio de evasivas, que m\u00e1s tarde a lo mejor, pero que ahora, en plena siesta, ni mamados.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Con cara de circunstancia Alejandro declar\u00f3 que era una l\u00e1stima, una barbaridad, pero que \u00edbamos a tener que seguir con otra pelota. Ellos se miraron y asintieron. Dijeron que no ten\u00edan ninguna otra a mano. Yo sab\u00eda que ment\u00edan, porque hab\u00eda visto de refil\u00f3n la azul y roja, linda tambi\u00e9n, con la que hab\u00edan jugado el otro d\u00eda en la calle. Pero se ve que ten\u00edan un miedo atroz de que Miguelito, <span>zapatazo <\/span>mediante, la colgara en un vuelo sideral de la misma especie, y la enviara sin escalas a hacerle compa\u00f1\u00eda a la Tango anaranjada. Alejandro, como si hubiese recordado s\u00fabitamente, se golpe\u00f3 la frente y dijo que nosotros ten\u00edamos una. Aclar\u00f3, con tono de singular franqueza, que no ten\u00eda nada que ver con la que Miguelito acababa de colgar. Pero que, a falta de una mejor&#8230;<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Ellos se apuraron a decirnos que s\u00ed. Alejandro mismo fue hasta detr\u00e1s del arco y sac\u00f3 nuestra pelota de abajo de la pila de camperas. Yo me acuerdo que nunca la vi tan linda, con sus gajos grises de tan despintados, con el olor rancio de la grasa cuidadosamente embadurnada, con ese par de protuberancias que la alejaban indefectiblemente de la esfericidad, con la marca indeleble en birome azul en el lugar de la v\u00e1lvula, entre las costuras, hecha para evitar chambonadas tr\u00e1gicas a la hora de inflarla. Porque ah\u00ed la cosa era distinta. Todo era cuesti\u00f3n de pegar unos cuantos puntinazos bien al ras del piso, de modo tal que entre las piedras que encontrara en el camino, y el azar de sus tumbos ovalados, a cualquier arquero se le escaparan dos o tres de \u00e9sas y a cobrar. Todo era cuesti\u00f3n de apretar los dientes y soportar a pie firme un par de taponazos en nuestras pantorrillas indefensas. Al fin y al cabo, uno a los doce tiene que ir aprendiendo a hacerse hombre.<\/span><\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">Ganamos tres a dos, y fue una fiesta. Sobre todo porque ellos, humillados, nos pidieron la revancha para la semana siguiente. Nosotros pusimos cara de gente ocupada, de tipos abrumados por un mont\u00f3n de compromisos. Quedamos en volver a hablar reci\u00e9n el mes siguiente, porque arg\u00fcimos estar tapados de desaf\u00edos contra los del Club Argentino, los de la canchita de \u00abTienda Presente\u00bb, los de la Triangular de Segunda Rivadavia, y otros cotejos tan severos como ineludibles. Despu\u00e9s nos enteramos de que recuperaron la Tango, y de que lo hicieron a trav\u00e9s de los buenos oficios que interpusieron dos de los padres de ellos ante el anciano propietario de la casa sombr\u00eda, tan venerable como remiso a las devoluciones. Pese al hallazgo, no nos alarmamos. La revancha ser\u00eda en el barrio nuestro. Y de locales, la cosa iba a ser en la calle. Y en la calle con los botines no pod\u00e9s jugar. Aparte, como los palos son dos cascotes, pod\u00e9s discutir de lo lindo cada pelotazo que pase cerca de los arcos, sobre todo si Miguelito juega de tu lado. Y sobre todo, en la calle la Tango no se usa porque se arruina, se moja en los charcos de los cordones, se le despelleja el plastiquito y te la puede aplastar cualquier colectivo. Y nadie va a correr semejante riesgo, ni siquiera siendo un gordito platudo con un padre en Aerol\u00edneas. Porque una Tango es muy linda y muy canchera, pero sale un ojo de la cara. <\/span><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"background: white\"><i><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"font-family: 'Verdana','sans-serif'\">\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><i>\u00a0<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este relato del argentino Eduardo Sacheri es un canto al f\u00fatbol callejero, al f\u00fatbol de barrio, al f\u00fatbol canchero,\u00a0 al f\u00fatbol de los chicos que se desaf\u00edan unos a otros, y en el que la picaresca y el ser m\u00e1s listo que el rival est\u00e1n\u00a0 a la orden del d\u00eda. A disfrutarlo. &nbsp; &nbsp; &nbsp;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":29389,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_kad_post_transparent":"","_kad_post_title":"","_kad_post_layout":"","_kad_post_sidebar_id":"","_kad_post_content_style":"","_kad_post_vertical_padding":"","_kad_post_feature":"","_kad_post_feature_position":"","_kad_post_header":false,"_kad_post_footer":false,"_kad_post_classname":"","_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1,1176],"tags":[322],"class_list":["post-29388","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-portada","category-relatos-de-futbol","tag-eduardo-sacheri"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2013\/04\/Tango.jpg?fit=160%2C156&ssl=1","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p1ij08-7E0","jetpack-related-posts":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29388","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=29388"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29388\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/media\/29389"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=29388"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=29388"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=29388"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}