{"id":35380,"date":"2014-04-20T08:16:04","date_gmt":"2014-04-20T06:16:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/?p=35380"},"modified":"2018-04-04T07:31:07","modified_gmt":"2018-04-04T05:31:07","slug":"una-sonrisa-exactamente-asi-de-eduardo-sacheri","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/una-sonrisa-exactamente-asi-de-eduardo-sacheri\/","title":{"rendered":"Una sonrisa exactamente as\u00ed, de Eduardo Sacheri"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/35380-una-sonrisa-exactamente-asi-de-eduardo-sacheri\/descarga-2\/\" rel=\"attachment wp-att-35381\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-35381\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2014\/04\/descarga.jpg?resize=269%2C187&#038;ssl=1\" alt=\"descarga\" width=\"269\" height=\"187\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2014\/04\/descarga.jpg?w=269&amp;ssl=1 269w, https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2014\/04\/descarga.jpg?resize=220%2C152&amp;ssl=1 220w, https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2014\/04\/descarga.jpg?resize=75%2C52&amp;ssl=1 75w\" sizes=\"auto, (max-width: 269px) 100vw, 269px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Retomamos hoy en los relatos de los domingos a Eduardo Sacheri, uno de los grandes narradores argentinos que trata del mundo del f\u00fatbol. En esta ocasi\u00f3n se trata del relato de un enamoramiento a primera vista, adobado con el relato de la final del campeonato del Mundo de F\u00fatbol de 1950 entre Brasil y Uruguay, el c\u00e9lebre Maracanazo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Hasta ahora sonre\u00edste siete veces. Por supuesto que las tengo contadas. Hace un rato incre\u00edblemente largo que vengo mare\u00e1ndote con mis palabras, por estrategia o por desesperaci\u00f3n, y verte sonre\u00edr es \u2013me parece- la \u00fanica huella que puede llegar a indicarme si voy bien o si estoy perdido.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 La primera fue la m\u00e1s f\u00e1cil. Las dif\u00edciles fueron desde la segunda en adelante. Tu primera sonrisa fue autom\u00e1tica, impersonal. Fue un reflejo de la m\u00eda. Casi un acto de imitaci\u00f3n involuntaria. Un tipo joven se acerca a tu mesa, se te planta adelante y te dice \u201chola\u201d mientras sonr\u00ede y vos, que estabas absorta mirando hacia fuera, hacia la calle, volv\u00e9s de tu limbo y contest\u00e1s aquella sonrisa con una igual, o parecida.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 A partir de entonces las cosas se complicaron. Fue mucho m\u00e1s dif\u00edcil conseguir que soltaras la segunda. Porque este desconocido que era \u2013que sigo siendo- yo, sin dejar de sonre\u00edr, te pidi\u00f3 permiso para ocupar la silla vac\u00eda de tu mesa. Unos minutos \u2013promet\u00ed-, no demasiados. Un rato, porque ten\u00eda que decirte algo. Entonces de tu rostro se fue aquella sonrisa, la primera, la del reflejo o el saludo, la que era nada m\u00e1s que un eco de la m\u00eda. Y en su lugar quedaron la extra\u00f1eza, la incertidumbre, las cejas un poco fruncidas, un \u00e1pice de temor. \u00bfQu\u00e9 quer\u00eda este desconocido? \u00bfDe d\u00f3nde lo hab\u00edan sacado?<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Como te sostuve esa mirada, como aguant\u00e9 a pie firme este bochorno precisamente por causa y por culpa de esa mirada tuya, no de esa pero s\u00ed de otra nacida de los mismos ojos \u2013la que ten\u00edas mientras mirabas hacia fuera del caf\u00e9 sin ver a nadie, ni a m\u00ed ni a los otros, justo cuando yo pasaba corriendo por Suipacha-, como te la sostuve, digo, vi que estabas a punto de decirme que no, que no pod\u00eda sentarme a tu mesa. \u00bfD\u00f3nde se ha visto que una chica acepte sin m\u00e1s ni m\u00e1s a un desconocido en su mesa, sobre todo si el desconocido tiene el traje desali\u00f1ado, la corbata floja y la cara empapada de sudor, como si llevara unas cuantas cuadras lanzado a la carrera?<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Ibas a decirme que no, y si no lo hab\u00edas hecho a\u00fan era porque en el fondo te daba algo de pena. Fue por eso, porque se notaba en tu rostro que ibas a decirme que no, aunque te diera pena, que alc\u00e9 un poco las manos como deteni\u00e9ndote, y te rogu\u00e9 que me dejaras hablarte de los uruguayos del Maracan\u00e1.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Para eso s\u00ed que no estabas lista. No hab\u00eda modo de que lo estuvieras. \u00bfQui\u00e9n hubiese podido estarlo? Te habr\u00e1 sonado igual de loco que si te hubiera dicho que quer\u00eda contarte sobre la elaboraci\u00f3n de aserr\u00edn a base de manteca o sobre la inminente invasi\u00f3n de los marcianos. Pero la sorpresa tuvo, me parece, la virtud de desactivarte por un instante la decisi\u00f3n de echarme.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Y en ese instante, como en el resto de esta media hora de locos, no me qued\u00f3 otra alternativa que seguir adelante. \u00bfTe fijaste c\u00f3mo hacen los chicos chiquitos, cuando se pegan sigilosos a las piernas de sus madres mientras ellas est\u00e1n atareadas en otra cosa, para que los alcen a upa aunque sea por reflejo y sin distraerse de lo que est\u00e1n haciendo? M\u00e1s o menos as\u00ed me dej\u00e9 caer en la silla frente a vos. Sin dejar de hablar ni de mirarte, y sin atreverme a apoyar los codos sobre la madera, como para que mi aterrizaje no fuese tan rotundo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Para disimular no tuve m\u00e1s opci\u00f3n que lanzarme a hablar, aunque no supiese bien por d\u00f3nde empezar y por d\u00f3nde seguir. Arranqu\u00e9 por la imagen que a m\u00ed mismo me cautiv\u00f3 la primera vez que alguien me puso al tanto de esa historia: once jugadores vestidos de celeste en un campo de juego, rodeados por doscientos mil brasile\u00f1os que los aplastan con su griter\u00edo furioso, a punto de empezar a jugar un partido que no pueden ganar nunca.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Te dije eso y tuve que hacer una pausa, porque si segu\u00eda amontonando palabras esa imagen iba a perder su fuerza. Y not\u00e9 que quer\u00edas seguir escuchando, y no por el arte que tengo para contar, sino porque ese es un principio tan bello y tan prometedor para una historia que a cualquiera que la escuche s\u00f3lo le cabe seguir atento para enterarse de lo que pasa con esos once muchachos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Me pareci\u00f3 entonces que era el momento de agregarte algunos datos que te ubicasen mejor en esa trama. A\u00f1o 1950, te dije, Campeonato Mundial de F\u00fatbol, partido final Brasil-Uruguay, R\u00edo de Janeiro, 16 de julio, tres y media de la tarde, te dije.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0Esa fue la segunda vez que sonre\u00edste. Una sonrisa extra\u00f1ada, a lo mejor desconcertada, a lo peor compasiva, pero sonrisa al fin. Ya no ten\u00edas temor de que este tipo locuaz de traje gris fuese un asesino serial o un esquizofr\u00e9nico. Pod\u00eda ser un idiota, pero en una de esas, no. Y la historia estaba buena. Por eso te segu\u00ed pintando el panorama, y te cont\u00e9 que los brasile\u00f1os llegaban a ese partido final despu\u00e9s de meterle siete goles a Suecia y seis a Espa\u00f1a. Y que Uruguay le hab\u00eda ganado por un gol a los suecos y hab\u00eda empatado con los espa\u00f1oles. Y que con el empate le alcazaba a Brasil para ser campe\u00f3n del mundo por primera vez.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Ah\u00ed yo hice otra pausa, porque me pareci\u00f3 que ten\u00edas datos suficientes como para que la historia fuera creciendo en tu cabeza. \u201c\u00bfSab\u00e9s qu\u00e9 les dijo un dirigente uruguayo a sus jugadores, antes de salir a jugar la final?\u201d, te pregunt\u00e9. Vos no sab\u00edas, c\u00f3mo ibas a saber. \u201c-Traten de perder por poco. Intenten no comerse m\u00e1s de cuatro-. Eso les dijo. Les pidi\u00f3 que evitaran el papel\u00f3n de comerse seis o siete. \u00bfTe imagin\u00e1s?\u201d, te pregunt\u00e9. Y vos moviste la cabeza diciendo que s\u00ed, y yo me quise morir vi\u00e9ndote as\u00ed, porque estabas imaginando lo que yo te estaba contando, y era una estupidez, pero fue entonces, hace veinte minutos, que tuve la intuici\u00f3n fugaz de que era el primer di\u00e1logo que ten\u00edamos en toda la vida. Vos estabas ah\u00ed, o mejor dicho vos estabas ah\u00ed dej\u00e1ndome a m\u00ed tambi\u00e9n estar ah\u00ed porque te estaba contando de los uruguayos. Era esa historia la que me ten\u00eda todav\u00eda vivo en el incendio de tus ojos, y por eso te segu\u00ed contando.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Esos once muchachos vestidos de celeste entraron a cumplir con un tr\u00e1mite, te dije. El de perder y volverse a casa. Para eso el Maracan\u00e1 reci\u00e9n estrenado, las portadas de los diarios impresas desde la ma\u00f1ana, el discurso del presidente de la FIFA felicitando a los campeones en portugu\u00e9s, la mayor multitud reunida jam\u00e1s en una cancha, los petardos haciendo temblar el suelo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u201cCon decirte \u2013prosegu\u00ed- que la banda de m\u00fasica que ten\u00eda que tocar el himno nacional del ganador no ten\u00eda la partitura del himno uruguayo\u201d, y abriste mucho los ojos, y yo te ped\u00ed que no abrieras los ojos as\u00ed porque pod\u00edas tumbarme al suelo con la onda expansiva, y esa fue tu tercera sonrisa, con las mejillas un poco rojas asimilando el piropo cursi y suburbano. Supongo que yo \u2013definitivamente enamorado- tambi\u00e9n me puse colorado, y sal\u00ed del paso cont\u00e1ndote el partido, o lo que se sabe del partido, o lo que no se sabe y todo el mundo ha inventado del partido. Un Brasil lanzado a lo de siempre: a triturar a sus rivales, a engullir seleccionados, a llenarle el arco de goles a todo el mundo, a sepultar r\u00e1pido los noventa minutos que los separaban de la gloria. Un Uruguay chiquito, un Uruguay estorbo, un Uruguay que molesta y pospone el para\u00edso. Un Uruguay ordenado y prolijo que le cierra todos los agujeros y los caminos, y un primer tiempo que termina cero a cero pero es casi lo mismo porque el empate le sirve a Brasil.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u201cY empieza el segundo tiempo y a los dos minutos \u2013continu\u00e9- Friaca marca un gol para Brasil\u201d. Entonces frunc\u00ed los labios y mov\u00ed las manos en ese gesto que quiere decir \u201clisto, ya est\u00e1, asunto terminado\u201d, y que vos interpretaste a la perfecci\u00f3n, porque te pusiste un poco triste.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u201cImaginate lo que era el Maracan\u00e1 despu\u00e9s del 1 a 0\u201d, agregu\u00e9. Los uruguayos ya ten\u00edan que meter dos goles, y en realidad lo m\u00e1s probable era que Brasil les metiera otros cuatro antes de que esos pobres muchachos consiguieran llegar a la otra \u00e1rea.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Creo que ese fue el momento m\u00e1s dif\u00edcil. No digo de esa final del Mundo. Me refiero a nuestra charla, o m\u00e1s bien a mi mon\u00f3logo. Tal vez te suene rid\u00edculo \u2013en realidad lo l\u00f3gico es que todo esto te suene absolutamente rid\u00edculo-, pero evocar ese instante del gol de Friaca, con todo el mundo enloquecido y feliz alrededor de esos once uruguayos n\u00e1ufragos me hizo sentir a m\u00ed tambi\u00e9n el fr\u00edo mortal de la derrota. Y estuve a punto de rendirme, de ponerme de pie, de ofrecerte la mano y despedirme con una disculpa por el tiempo que te hab\u00eda hecho perder. No s\u00e9 si te ha ocurrido, eso de entusiasmarte hasta el paroxismo con alguna idea que apenas la ech\u00e1s a rodar se vuelve harina y es nada m\u00e1s que pegote entre los dedos. As\u00ed qued\u00e9 yo en ese momento.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Pero entonces me salv\u00f3 tu cuarta sonrisa. Al principio no la vi, porque me hab\u00eda quedado mirando tu pocillo vac\u00edo y el vaso de agua por la mitad. Por eso me preguntaste \u201c\u00bfY?\u201d, como diciendo qu\u00e9 pas\u00f3 despu\u00e9s, y entonces no tuve m\u00e1s remedio que alzar la vista y mirarte. Ten\u00edas la cabeza apoyada en la mano, y el codo en la mesa y los ojos en m\u00ed. Y tus labios todav\u00eda no hab\u00edan desdibujado esa sonrisa de curiosidad, de alguien que quiere que le sigan contando el cuento.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 No me qued\u00f3 m\u00e1s remedio \u2013o lo eleg\u00ed yo, es verdad, pero a veces es m\u00e1s f\u00e1cil elegir cuando uno piensa que no tiene m\u00e1s remedio- que caminar hasta el fondo del arco y buscar la pelota para volver a sacar del mediocampo. Reci\u00e9n, hace quince minutos, lo hice yo; en el 50, en R\u00edo, lo hizo Obdulio Varela. El cinco. El capit\u00e1n de los celestes. Te dije que seg\u00fan la leyenda se pas\u00f3 cinco minutos discutiendo con el \u00e1rbitro para enfriar el clima del estadio. Pero son tantas las leyendas de esa tarde que si te las contaba todas no iba a terminar nunca. Esos uruguayos, pobres, habr\u00e1n gastado mucha m\u00e1s saliva, a lo largo de sus vidas, desmintiendo las f\u00e1bulas de lo que no fue que relatando lo que s\u00ed pas\u00f3.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Se reanud\u00f3 el partido. Y yo, cont\u00e1ndotelo, hice m\u00e1s o menos lo mismo. A esa altura se supone que est\u00e1 todo dicho y todo hecho \u2013te situ\u00e9-: Uruguay pudo resistir el primer tiempo completo. Ahora que entr\u00f3 el primer gol tiene que entrar otro m\u00e1s, y otros dos, u otros cuatro. Ahora la historia va a enderezarse\u00a0y caminar derecha hacia donde debe.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Pero el asunto se escribe de otro modo. Porque ese gol que Friaca acaba de meter no es solamente el primero de Brasil en esa tarde. Tambi\u00e9n es el \u00faltimo. Nadie lo sabe, por supuesto. Ni los brasile\u00f1os que juegan ni los brasile\u00f1os que miran ni los brasile\u00f1os que escuchan. Pero los once celestes s\u00ed parecen tenerlo claro.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Tan claro que siguen jugando como si nada. Como si m\u00e1s all\u00e1 de las l\u00edneas de cal se hubiese acabado para siempre el mundo. Tal vez por eso, porque est\u00e1n decididos ni m\u00e1s ni menos que a jugar al f\u00fatbol, desborda la camiseta celeste de Ghiggia por derecha, env\u00eda el centro y Schiaffino la manda guardar en el arco de Barbosa, que no lo sabe pero acaba de empezar a morir; aunque todav\u00eda le falten cincuenta a\u00f1os hasta que de verdad se muera.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 No s\u00e9 si en otros deportes esas cosas son posibles. En el f\u00fatbol s\u00ed. Nada es para siempre, ni definitivo, ni imposible. \u00bfSer\u00e1 por eso que es tan lindo? Faltan diez, nueve minutos para que Brasil sea campe\u00f3n con el empate. Pero Ghiggia se la toca a P\u00e9rez que se la devuelve profunda, como en el primer gol, por la derecha, hacia el \u00e1rea. El puntero celeste lo encara a Bigode y lo deja de se\u00f1a, aunque se acerca peligrosamente al fondo y eso lo deja sin \u00e1ngulo de disparo. Lo l\u00f3gico es que Ghiggia tire el centro. Eso es lo que esperan sus compa\u00f1eros, que le piden impacientes la pelota. Es lo que esperan los defensores brasile\u00f1os, que tratan de marcarlos. Y es lo que espera el pobre Barbosa, que se mueve apenas hacia su derecha para anticipar el env\u00edo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Ah\u00ed vino tu quinta sonrisa. Fue de nervios. Falt\u00f3 que te pusieras de pie para ver mejor, como hacen los plate\u00edstas en la cancha en las jugadas de riesgo. Esa fue la menos m\u00eda de todas tus sonrisas. Pero no me molest\u00f3, casi al contrario. Esa sonrisa fue toda para Ghiggia, para alentarlo a lograr lo que en apariencia no pod\u00eda salirle: sacar el balinazo al primer palo, meter el bal\u00f3n entre Barbosa y el poste. Prolongaste tu sonrisa para acompa\u00f1arlo en su carrera con los brazos en alto, esa carrera a solas, a solas porque sus compa\u00f1eros simplemente no pueden creer que la pelota haya entrado por donde no hab\u00eda sitio para que entrase.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 A esa altura me faltaba contarte poco. El p\u00fablico enmudeci\u00f3 de pavor, y a los jugadores de Brasil el alma se les llen\u00f3 de malezas heladas. Y ah\u00ed lleg\u00f3 tu sexta sonrisa. Esta fue confiada. Ya hab\u00edas entendido c\u00f3mo terminaba la historia. Lo \u00fanico que quer\u00edas era que te lo confirmase. Te agregu\u00e9 una \u00faltima leyenda, porque aunque tal vez tambi\u00e9n esa sea mentira, de todos modos es hermosa. Con el tiempo cumplido, cay\u00f3 un centro al \u00e1rea de Uruguay. El uruguayo Schubert Gambetta alz\u00f3 los brazos y tom\u00f3 la pelota con las manos. Sus compa\u00f1eros se quer\u00edan morir. \u00bfC\u00f3mo va a cometer ese penal infantil en una final del Mundo, con el tiempo cumplido? Lo increpan, lo insultan. Gambetta los mira sin entenderlos. Se defiende, tal vez a los gritos, tal vez lo hace llorando. Les dice que miren al \u00e1rbitro. Les pregunta si no lo escucharon. Porque aunque parezca imposible, Gambetta es el \u00fanico que ha escuchado el pitazo final. Es el \u00fanico que ha sido capaz de discriminar de entre todos los ruidos \u2013el de la pelota, el de las voces, el del p\u00e1nico- el sonido del silbato. Los dem\u00e1s terminan por entender que es cierto: el partido ha terminado, Uruguay es campe\u00f3n del mundo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Y cuando hice un segundo de silencio despu\u00e9s de la palabra \u201cmundo\u201d, tu s\u00e9ptima sonrisa se ilumin\u00f3 del todo, en el alborozo de saber que esos once muchachos de celeste hab\u00edan sido capaces de saltar todas las trampas del destino para volverse a Montevideo con la Copa. La tortuga que derrota a la liebre, el mendigo hecho pr\u00edncipe, David contra Goliat, pero con pelota.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Si hubiese ganado Brasil nadie se acordar\u00eda demasiado del 16 de julio de 1950. Lo normal no se recuerda casi nunca. Pero gan\u00f3 Uruguay, un partido que si se hubiese jugado mil veces Uruguay deber\u00eda haber perdido novecientas cincuenta y empatado cuarenta y nueve. Pero de las mil alternativas Dios quiso que cayera esta: Uruguay da el batacazo m\u00e1s resonante de la historia del f\u00fatbol, y m\u00e1s de medio siglo despu\u00e9s yo me acerco a tu mesa y te lo cuento.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Hoy es 28 de julio. Pero si vos ahora me dec\u00eds que me levante y me vaya, da lo mismo que sea 37 de noviembre. Lo del 37 de noviembre te lo dije reci\u00e9n, hace dos minutos, pero tu sonrisa no lleg\u00f3 a ser porque viste mi expresi\u00f3n seria y te contuviste. Porque ahora hablo m\u00e1s en serio que en todo el resto de esta media hora que llevo sentado enfrente tuyo. Y si vos ahora me dec\u00eds que me vaya, yo me levanto, dejo tres pesos por el caf\u00e9, te saludo alzando una mano, me mando mudar y sigo por Suipacha para el lado de Lavalle. Y vos de nuevo te pon\u00e9s a mirar por la vidriera.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0Igual and\u00e1 con cuidado, porque es muy probable que si reincid\u00eds en eso de mirar hacia afuera con esos ojos que ten\u00e9s, otro tipo haga lo mismo que yo, se enamore y entre. M\u00e1s dif\u00edcil ser\u00e1 que te cuente una historia como esta que acabo de contarte, pero algo se le ocurrir\u00e1, mientras intenta no perderte. Pero bueno, pongamos que eso no sucede, y el resto de los hombres te deja en paz, mirando hacia la calle. En ese caso, de aqu\u00ed a unos minutos se te ir\u00e1n borrando de la memoria los tonos de mi voz y los detalles de mi cara.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Y ahora viene lo m\u00e1s dif\u00edcil. El problema es que los uruguayos pueden acompa\u00f1arme hasta aqu\u00ed y nada m\u00e1s. De ahora en adelante es imposible. Y mir\u00e1 que, para esos tipos, no parece haber muchas cosas imposibles. Pero lo que falta por hacer es asunto m\u00edo. O m\u00edo y tuyo, pero no de ellos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Lo que me falta contarte es el final, o el principio, seg\u00fan se mire. Me falta hablarte de m\u00ed, hace media hora, corriendo como un loco por Suipacha hacia Corrientes. Tarde, tard\u00edsimo, porque hoy todo me sali\u00f3 al rev\u00e9s desde el momento mismo en que abr\u00ed los ojos, esta ma\u00f1ana. El despertador que no son\u00f3, o que me olvid\u00e9 de poner, el golpe que me di con el borde de la puerta en plena frente, los dos colectivos que pasaron llenos y me dejaron de se\u00f1a en la parada, el subte que fui a tomar desesperado por no llegar tard\u00edsimo al trabajo y que hizo que fuera corriendo por Suipacha desde Rivadavia y no desde Paraguay, y el sem\u00e1foro de Corrientes que pasa al verde diez segundos antes de que llegue a la esquina y los autos que arrancan y yo que me agacho con las manos sobre los muslos intentando recuperar un poco el aliento, mientras giro de espaldas a la calle y me topo con el bar y con tu codo en la mesa y tu cabeza en la mano y tu mirada en el vidrio pero viendo nada.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 No importa lo primero que pens\u00e9 al verte. O s\u00ed, pero no es el momento. Tal vez haya oportunidad, alguna vez, de dec\u00edrtelo. Depende.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Lo que s\u00ed puedo contarte es que en ese momento, mientras me asaltaba el dilema de volverme hacia Corrientes y seguir corriendo hasta Lavalle o entrar a encararte es que vinieron los uruguayos. Llegaron en ese momento. Los once: M\u00e1spoli; Gonz\u00e1lez y Tejera; Gambetta, Varela y Rodr\u00edguez; Ghiggia, P\u00e9rez, Migue, Schiaffino y Mor\u00e1n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Te parecer\u00e1 tonto, pero esos uruguayos del Maracan\u00e1 me sirven de talism\u00e1n. No siempre. S\u00f3lo recurro a ellos en situaciones dif\u00edciles. A veces recito la formaci\u00f3n, como rezando. O me los imagino en el momento de entrar a la cancha con cara de \u201cgriten todo lo que quieran, que nos importa un carajo\u201d. O lo veo a Ghiggia en el momento de meter el bal\u00f3n por el ojo incr\u00e9dulo de la aguja de Barbosa. Si Uruguay pudo en el \u201950, me dije&#8230; en una de esas qui\u00e9n te dice.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Por eso me desentend\u00ed del sem\u00e1foro y de la calle Corrientes y entr\u00e9 al bar y camin\u00e9 hasta tu mesa y te sonre\u00ed y vos, por reflejo, me devolviste tu primera sonrisa. Pero como te dije hace un rato el problema no son tus primeras siete sonrisas. El asunto es la que viene.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Tengo novecientas noventa y nueve chances de que me digas que me vaya, y una sola de que me pidas que me quede.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Porque ponele que yo ahora termino y vos sonre\u00eds: alguien lo mira de afuera y puede decir \u201c\u00bfY qu\u00e9 tiene que ver que sonr\u00eda? Puede sonre\u00edr porque piensa que est\u00e1s loco, o que sos un tarado\u201d, y es cierto, puede ser por eso. Y en una de esas es verdad.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Pero tambi\u00e9n puede ser que no, que sonr\u00edas porque te gust\u00e9, o porque te gust\u00f3 la historia que acabo de contarte. O las dos cosas: a lo mejor te gustamos mi historia y yo, y a lo mejor te est\u00e1s diciendo que en una de esas para vos tambi\u00e9n este es un d\u00eda especial. Un d\u00eda distinto, ese d\u00eda diferente a todos los otros d\u00edas en que las cosas se salen de la l\u00f3gica y la vida cambia para siempre, y a lo mejor pens\u00e1s eso a medida que yo te lo digo y en tu cabeza se abre la pregunta de si no ser\u00e1 una buena idea seguirme la corriente, por lo menos hasta dentro de medio minuto cuanto te invite al cine y a cenar, o hasta dentro de un mes o hasta dentro de un a\u00f1o o hasta dentro de cuarenta.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Y puede que ahora sonr\u00edas una sonrisa que me indique a m\u00ed, que llevo media hora intentando leer las se\u00f1ales de tu rostro, que hoy no son\u00f3 el despertador y me pegu\u00e9 con el filo de la puerta y perd\u00ed los colectivos y corr\u00ed hasta el subte y vine corriendo desde Rivadavia y me cort\u00f3 el sem\u00e1foro y gir\u00e9 y vos estabas sentada en el caf\u00e9 nada m\u00e1s que para esto, para que yo me atreva a rozar tu mano con la m\u00eda y vos de un respingo y me mires a los ojos con tus ojos como lunas y yo te sonr\u00eda y vos tambi\u00e9n me sonr\u00edas, pero no con una sonrisa cualquiera sino con esta que te digo y que vos est\u00e1s empezando a poner, \u00bfves? As\u00ed: una sonrisa exactamente as\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Retomamos hoy en los relatos de los domingos a Eduardo Sacheri, uno de los grandes narradores argentinos que trata del mundo del f\u00fatbol. 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