{"id":35459,"date":"2014-04-27T08:51:37","date_gmt":"2014-04-27T06:51:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/?p=35459"},"modified":"2016-01-18T20:40:04","modified_gmt":"2016-01-18T19:40:04","slug":"el-panuelo-blanco-de-quincoces-de-fernando-vadillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/el-panuelo-blanco-de-quincoces-de-fernando-vadillo\/","title":{"rendered":"El pa\u00f1uelo blanco de Quincoces, de Fernando Vadillo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/35459-el-panuelo-blanco-de-quincoces-de-fernando-vadillo\/el-panuelo-blanco-de-jacinto-quincoces\/\" rel=\"attachment wp-att-35460\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-35460 size-full\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2014\/04\/El-pa%C3%B1uelo-blanco-de-Jacinto-Quincoces.jpg?resize=284%2C419&#038;ssl=1\" alt=\"El pa\u00f1uelo blanco de Jacinto Quincoces\" width=\"284\" height=\"419\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2014\/04\/El-pa%C3%B1uelo-blanco-de-Jacinto-Quincoces.jpg?w=284&amp;ssl=1 284w, https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2014\/04\/El-pa%C3%B1uelo-blanco-de-Jacinto-Quincoces.jpg?resize=149%2C220&amp;ssl=1 149w\" sizes=\"auto, (max-width: 284px) 100vw, 284px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jacinto Quincoces fue uno de los grandes referentes del f\u00fatbol espa\u00f1ol durante casi 20 a\u00f1os. Desde que empez\u00f3 a jugar en el Deportivo Alav\u00e9s en 1923 hasta que se retir\u00f3 en 1942 en el Real Madrid. Durante todo ese tiempo rindi\u00f3 a un muy alto nivel, y form\u00f3 parte de una defensa m\u00edtica con su compa\u00f1ero de l\u00ednea Ciriaco Errasti, primero en el club vitoriano y despu\u00e9s en el Real Madrid, donde junto a Ricardo Zamora conformaron la defensa m\u00e1s caracter\u00edstica del f\u00fatbol espa\u00f1ol anterior a la guerra civil.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Posteriormente, ya retirado, se dedic\u00f3 al mundo del cine, protagonizando hasta seis pel\u00edculas, y al mundo de los banquillos, entrenando entre 1942 y 1960.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1981 el periodista Fernando Vadillo le dedic\u00f3 este relato en AS, en el que repasa su vida desde sus inicios en equipos locales de Baracaldo, donde naci\u00f3 en 1905, pasando por el Deportivo Alav\u00e9s, el Real Madrid y la selecci\u00f3n espa\u00f1ola, con la que jug\u00f3 25 encuentros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Hoy, a un a\u00f1o de distancia del Mundial Espa\u00f1a-82, nos vienen a la memoria las im\u00e1genes de los espa\u00f1oles del 34 que, tras vencer a los cariocas en G\u00e9nova, empataron y perdieron en Florencia frente a la \u201cSquadra Azzurra\u201d, bien protegida por el \u00e1rbitro suizo de marras, los liniers, los recogepelotas, los dirigentes y los alborotadores \u201ctifosi\u201d. Al cronista, que era entonces un cr\u00edo de once abriles, le quedaron marcados a fuego en el coraz\u00f3n la gran tarde genovesa de Iraragorri, el golazo de Regueiro y, sobre todo, los despejes de Quincoces, el h\u00e9roe de los chavales vitorianos, repartidos entre el asombro de los filmes \u201cNobleza baturra\u201d y \u201cLa hermana San Sulpicio\u201d y la veneraci\u00f3n a Quincoces.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Le conocimos cuando el sol empezaba a ponerse en el fugaz imperio del equipo blanquiazul. Le llam\u00e1bamos Chiri e imit\u00e1bamos sus \u201ctijeras\u201d y \u201cpalomitas\u201d en el patio del colegio con mucho m\u00e1s entusiasmo que acierto, porque Chiri, el gran Chiri, \u00a1aupa,Chiri\u00a1, era un futbolista inimitable.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0Era, para nosotros y creo que para todos, el mejor defensa del mundo. Quincoces lleg\u00f3 en 1922 a Vitoria, la todav\u00eda llamada Atenas del Norte, enviado por sus padres para recuperar las fuerzas perdidas en los partidos, uno, dos \u00a1y hasta tres partidos diarios\u00a1, que jugaba en los conjuntos baracaldeses de Altos Hornos, La Giralda y San Antonio. Jacinto se meti\u00f3 a escribiente en una f\u00e1brica de calzados, pero a\u00f1orabe el f\u00fatbol de tal manera que su t\u00edo, Jos\u00e9 Matute, camarero del Suizo, caf\u00e9 de la calle Dato, donde formaban tertulia los jugadores y capistostes alavesistas, consigui\u00f3 incorporarle al cuadro albiazul, que pateaba los balones en el campo de Cervantes, transformado luego en campo de Mendizorroza. \u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Eran los campos del \u201cbalc\u00f3n de los sastres\u201d, de las canciones de Alfredo Donay, el bardo de La Llanada, y del par de coplas que coreaban los seguidores alaveses en sus desplazamientos a Bilbao desde lo alto de las berlinas. Una serv\u00eda para las victorias: \u201cEn los campos bilba\u00ednos, el Deportivo gana, \u00a1rumba, la rumba, la rumba del ca\u00f1\u00f3n\u00a1\u201d, y otra para los tropiezos: \u201cSi hoy hemos perdido, ma\u00f1ana ganaremos, \u00a1rumba, la rumba, la rumba del ca\u00f1\u00f3n\u2026\u00a1\u201d. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Quincoces fue uno de los art\u00edfices del triunfo alavesista en la temporada 1926-27. En la temporada siguiente, los blanquiazules, que poseen el muro infranqueable compuesto por Ciriaco y Quincoces, son derrotados por el Bar\u00e7a en la semifinal del Campeonato de Espa\u00f1a. Los bilba\u00ednos de San Mam\u00e9s galantean a Quincoces, pero don Amadeo Garc\u00eda Salazar, pese a que el defensa del pa\u00f1uelo viste ya la camiseta espa\u00f1ola contra M\u00e9xico en Amsterdam, y juega con el Bar\u00e7a en Argentina y Uruguay, consigue retenerle en el club de Vitoria. Al regreso de Quincoces de la gira americana, el Alav\u00e9s, \u201cno sea que nos lo birlen\u201d, le asigna un sueldo de cien duros mensuales.\u00a0 <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Y poco despu\u00e9s, el d\u00eda de San Isidro de 1929, se alinea con el conjunto espa\u00f1ol, que rompe la imbatibilidad de los ingleses en el continente. Ese a\u00f1o marca un hito en la historia del f\u00fatbol espa\u00f1ol y en la biograf\u00eda de Quincoces.\u00a0 Las localidades se revenden a diez veces su valor, y quince mil hinchas desesperan al no poder penetrar en el Metropolitano. Ning\u00fan d\u00eda de San Isidro tan jubiloso como aquel: por f\u00edn, los \u201cpross\u201d eran humillados, y la proeza espa\u00f1ola no se repetir\u00eda hasta 1950, con el gol de Zarra cantado por Mat\u00edas Prats desde su micr\u00f3fono de Maracan\u00e1. Por la victoria Quincoces percibi\u00f3 cincuentas duros de prima y la titularidad inamovible en el equipo nacional.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0Asciende a Primera con el Alav\u00e9s y reemprende sus partidos internacionales. En el verano de 1931, a los pocos d\u00edas del advenimiento de la Rep\u00fablica, los dirigentes de Mendizorroza traspasan al Real Madrid a Quincoces, Ciriaco y Olivares por la cifra conjunta de doce mil duros, \u00a1qu\u00e9 barbaridad\u00a1, y el once merengue puede presumir de poseer un tr\u00edo zaguero irrepetible, porque Zamora, \u201cEl Divino\u201d, se sit\u00faa bajo el marco. Prodigio de fuerza, clase y seguridad, Quincoces cabecea balones entre continuos aplausos. El pa\u00f1uelo en su frente no es signo de coqueter\u00eda: \u201cEs que empec\u00e9 a jugar cuando los balones estaban tan zurcidos\u00a0 y remendados que te marcaban las huellas en la carne. Y luego\u2026, bueno, segu\u00ed us\u00e1ndolo por costumbre y por un poco de superstici\u00f3n.\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Quincoces disputa su vig\u00e9simo quinto y \u00faltimo encuentro internacional el 19 de enero de 1936, frente al conjunto de Austria. Espa\u00f1a es vencida por cinco a cuatro en una tarde aciaga de Guillermo Eizaguirre, quien se justificar\u00eda aludiendo a la actitud levantisca de un grupo de espectadores apostados a su espalda.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>El estallido de la guerra civil abre un par\u00e9ntesis, de alambre de espino y humo de explosiones, en la vida de nuestros futbolistas. En 1940, Quincoces reanuda su carrera en el Real Madrid para disputar la final de Copa. \u201cDel famoso tr\u00edo Zamora-Ciriaco-Quincoces ya s\u00f3lo quedaba yo, nos dijo un d\u00eda Jacinto, rememorando sus a\u00f1os mozos; el 2 de noviembre de 1941 sufr\u00ed una lesi\u00f3n ante la delantera del Sevilla, la famosa Stuka, compuesta de L\u00f3pez, Pepillo, Campanal, Raimundo y Berrocal, y colgu\u00e9 las botas\u2026\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Quincoces, el coloso del pa\u00f1uelo blanco, sali\u00f3 de Chamart\u00edn en brazos de las asistencias. Era domingo, su \u00faltimo domingo vocacional. Chamart\u00edn le rinde un homenaje al a\u00f1o siguiente, Chiri se embolsa treinta mil duros y, posteriormente, interpreta un papel en la pel\u00edcula \u201cCampeones\u201d, realizada por Ces\u00e1reo Gonz\u00e1lez, y en la que intervienen Zamora, Polo y Gorostiza, el m\u00edtico \u201cBala Roja\u201d, sobre un papel del gran periodista Manuel G\u00f3mez \u201cRienzi\u201d. Corr\u00edan malos vientos para el III Reich, con la retirada del Africa Korps y el cerco de Stalingrado. Aparec\u00eda en Espa\u00f1a el noticiario NODO, los autom\u00f3viles circulaban con gas\u00f3geno y del hambre nac\u00eda el estraperlo. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Quincoces salva airosamente su primer papel cinematogr\u00e1fico. Y contin\u00faa en los plat\u00f3s, como apunta Vizca\u00edno Casas en su estupendo volumen \u201cla Espa\u00f1a de la posguerra\u201d: \u201cEl actor revelaci\u00f3n del a\u00f1o 1944 es Jacinto Quincoces, que interpreta con soltura el protagonista de \u201cEl camino del amor\u201d y en los meses siguientes intervendr\u00e1 en otras pel\u00edculas para luego volver al f\u00fatbol\u2026\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Cierto, el f\u00fatbol es su mundo, y a su mundo vuelve como entrenador del Zaragoza, asesor y entrenador del Madrid, seleccionador nacional, preparador del Valencia y del Atl\u00e9tico de Madrid, de nuevo preparador del Zaragoza y, por \u00faltimo, delegado del Valencia. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy, aun a\u00f1o del Mundial Espa\u00f1a-82, el viejo cronista evoca las im\u00e1genes de sus a\u00f1os infantiles en Vitoria. Los partidos del colegio, donde imit\u00e1bamos las \u201ctijeras\u201d y las \u201cpalomitas\u201d de Chiri, el baracald\u00e9s del pa\u00f1uelo blanco que hac\u00eda vibrar a los asiduos de Mendizorroza y a los que, a falta de unas monedas, oteaban los encuentros desde el \u201cbalc\u00f3n de los sastres\u201d. Con el mismo entusiasmo que ojal\u00e1 contemple Quincoces las jugadas del Mundial Espa\u00f1a-82. Porque si la carne envejece, el esp\u00edritu perdura. Y perdura en Quincoces, como su memoria perdurar\u00e1 eternamente en el mundo del bal\u00f3n.\u00a0\u00a0\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Fuente: AS 13 de junio de 1981<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Jacinto Quincoces fue uno de los grandes referentes del f\u00fatbol espa\u00f1ol durante casi 20 a\u00f1os. Desde que empez\u00f3 a jugar en el Deportivo Alav\u00e9s en 1923 hasta que se retir\u00f3 en 1942 en el Real Madrid. 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