{"id":4942,"date":"2015-08-02T18:00:55","date_gmt":"2015-08-02T16:00:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manquepierda.com\/?p=4942"},"modified":"2015-07-11T14:08:33","modified_gmt":"2015-07-11T12:08:33","slug":"la-promesa-de-eduardo-sacheri","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/la-promesa-de-eduardo-sacheri\/","title":{"rendered":"La Promesa, de Eduardo Sacheri"},"content":{"rendered":"<p><a class=\"lightbox\" title=\"Eduardo Sacheri\" href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2010\/11\/Eduardo-Sacheri.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-4943\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2010\/11\/Eduardo-Sacheri.jpg?resize=92%2C78&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"92\" height=\"78\" \/><\/a>Eduardo Sacheri es un escritor argentino nacido en Buenos Aires en 1967. Hincha de Independiente, ejerce como profesor de educaci\u00f3n secundaria y universitaria.\u00a0 A mediados de los a\u00f1os 90 comenz\u00f3 a escribir relatos relacionados con el mundo del f\u00fatbol.<\/p>\n<p>Ha escrito tambi\u00e9n novelas, siendo autor, por ejemplo, de \u00abLa pregunta de sus ojos\u00bb, llevada al cine por Juan Jos\u00e9 Campanella como El secreto de sus ojos, pel\u00edcula que ha conseguido numerosos premios, entre ellos el Oscar a la mejor pel\u00edcula extranjera en 2010.<\/p>\n<p>Una frase de Eduardo Sacheri, que expresa su vinculaci\u00f3n con el mundo del f\u00fatbol:\u00a0 \u00abHay quienes sostienen que el f\u00fatbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas m\u00e1s esenciales. Desconozco cu\u00e1nto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: NO SABEN NADA DE F\u00daTBOL\u00bb<\/p>\n<p>Y ya, por fin, este magn\u00edfico y emotivo relato de Eduardo Sacheri titulado La promesa.<\/p>\n<p><span style=\"text-decoration: underline\">La Promesa<\/span><\/p>\n<p><em>Decime vos para qu\u00e9 cuernos te hice semejante promesa. Se ve que me agarraste con la defensa baja y te dije que s\u00ed sin pensarlo. Pero esta ma\u00f1ana, cuando me levant\u00e9, y ten\u00eda un nudo en la garganta, y una piedra que me sub\u00eda y me bajaba desde la boca hasta las tripas, empec\u00e9 como loco a buscar alguna excusa para hacerme el otario. Pero no me anim\u00e9 a fallarte, y a los muchachos los hab\u00eda casi obligado a combinar para hoy, as\u00ed que no pod\u00eda ser yo quien se borrara.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfA d\u00f3nde vas? -me pregunt\u00f3 Raquel, cuando vio que a las doce dejaba el mate e iba a vestirme.<\/em><\/p>\n<p><em>-A la cancha, con los muchachos -le dije. No agregu\u00e9 palabra. Ella, que no sab\u00eda nada, pobre, se mor\u00eda por preguntarme. De entrada hab\u00eda pensado en contarle. Pero viste c\u00f3mo son las minas. Capaz que las agarras torcidas y te empiezan con que no, con que c\u00f3mo se te ocurre, con que yo que Rita los saco a escobazos, a vos te parece hacer semejante cosa. Y yo no estaba de \u00e1nimo como para andar respondiendo cuestionamientos. Por eso no abr\u00ed la boca. Y Raquel daba vueltas por la pieza mientras yo me pon\u00eda la remera y me ataba los cordones. Me ofrec\u00eda un mate m\u00e1s para el estribo. Me dec\u00eda te preparo unos sandwiches y te los com\u00e9s por el camino. Me segu\u00eda por la casa secundando mis preparativos. A la altura del zagu\u00e1n no pudo m\u00e1s:<\/em><\/p>\n<p><em>-Pens\u00e9 que hab\u00edan dejado de ir -me solt\u00f3. Me volv\u00ed a mirarla. No era su culpa.<\/em><\/p>\n<p><em>-Pero hoy vamos -respond\u00ed. La bes\u00e9 y me fui.<\/em><\/p>\n<p><em>Eran las doce y cuarto. Llegu\u00e9 a lo de Beto a la una menos veinte.<\/em><\/p>\n<p><em>-Pasa que estoy terminando de embolsar el papel. Dame una mano. -Me hizo pasar a un comedor sombr\u00edo, donde el rigor del mediod\u00eda de noviembre se hab\u00eda convertido en una penumbra agradablemente fresca.- Llen\u00e1 esa bolsa, que yo termino con \u00e9sta. -Lo obedec\u00ed. Al salir pas\u00f3 llave a la puerta y me dio una de las dos bolsas para que cargara.- Met\u00e9le pata que llegamos al de menos cinco.<\/em><\/p>\n<p><em>Con la lengua afuera subimos al tren y nos tiramos en un asiento de cuatro. Casi no hablamos en todo el viaje. Cuando bajamos, el Gordo estaba sentado en los ca\u00f1os negros y amarillos del paso a nivel. Nos hizo una se\u00f1a de saludo y se desencaram\u00f3 como pudo.<\/em><\/p>\n<p><em>-Qued\u00e9 con Rita que pas\u00e1bamos una y media. M\u00e9tanle que vamos retrasados. \u00bfSe puede saber por qu\u00e9 tardaron tanto?<\/em><\/p>\n<p><em>-C\u00f3mo se ve, Gordo, que esta ma\u00f1ana no tuviste que hacer un carajo -le marc\u00f3 Beto, con un gesto hacia las bolsas repletas de papelitos.<\/em><\/p>\n<p><em>Caminamos las tres cuadras en silencio. Rita estaba esper\u00e1ndonos, porque apenas el Gordo hizo sonar el timbre nos abri\u00f3 y nos hizo pasar a la sala. Nos turnamos para intercambiar besos y palmadas, pero despu\u00e9s no supimos qu\u00e9 decir y nos quedamos callados. En eso se sinti\u00f3 ruido de tropilla por el pasillo, y entr\u00f3 Luisito hecho una tromba pateando la n\u00famero cinco contra las paredes y vociferando goles imaginarios. Cuando nos vio, larg\u00f3 la pelota y vino a abrazarnos entre gritos de alegr\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfTe gusta, t\u00edo Ernesto? -me pregunt\u00f3 mientras estiraba con ambas manos la camiseta lustrosa que ten\u00eda puesta.<\/em><\/p>\n<p><em>-Che, dej\u00e1me mirarte un poco. -Hice un silencio de contemplaci\u00f3n admirativa.- Pero ya parec\u00e9s de la Primera, Luisito. \u00bfVieron muchachos?<\/em><\/p>\n<p><em>Los otros asintieron con ademanes grandilocuentes.<\/em><\/p>\n<p><em>-And\u00e1 a buscarte el abrigo, Luis -mand\u00f3 Rita, y dirigi\u00e9ndose a nosotros: -\u00bfToman algo, chicos?<\/em><\/p>\n<p><em>-No, nena, gracias. Vamos un poco atrasados -respond\u00ed por todos.<\/em><\/p>\n<p><em>-Ven\u00ed, Ernesto, acompa\u00f1\u00e1me.<\/em><\/p>\n<p><em>Rita me hizo seguirla hasta el dormitorio, mientras el Gordo y Beto le tomaban lecci\u00f3n a Luisito sobre la formaci\u00f3n del equipo en las \u00faltimas dos campa\u00f1as.<\/em><\/p>\n<p><em>-La verdad, es que mucho no lo entiendo, Ernesto. Pero bueno, si te lo pidi\u00f3 habr\u00e1 sido por algo.<\/em><\/p>\n<p><em>Yo, para variar, no supe qu\u00e9 decir. Prefer\u00ed preguntar: -\u00bfA Luisito qu\u00e9 le dijiste?<\/em><\/p>\n<p><em>Me mir\u00f3 con ojos h\u00famedos -Le dije la verdad. -Y luego, dudando:- \u00bfHice mal?<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfY yo qu\u00e9 s\u00e9?, pens\u00e9. -Qued\u00e1te tranquila, nena. Hiciste bien -respond\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando volvimos a la sala, el Gordo me inform\u00f3 en tono solemne que el pibe se hab\u00eda trabucado \u00fanicamente con el reemplazante de Cajal entre la quinta y la d\u00e9cima fecha del torneo anterior.<\/em><\/p>\n<p><em>-Por lo dem\u00e1s estuvo perfecto -concluy\u00f3 sonriendo.<\/em><\/p>\n<p><em>Nos turnamos para estrechar, ceremoniosos, la mano del aprendiz, que no cab\u00eda en s\u00ed del orgullo. Despu\u00e9s nos despedimos de Rita y partimos.<\/em><\/p>\n<p><em>En la esquina compramos una Coca grande. Nos la fuimos pasando mientras esper\u00e1bamos el colectivo.<\/em><\/p>\n<p><em>-El que toma el \u00faltimo sorbo, la liga -lanc\u00e9.<\/em><\/p>\n<p><em>-No seas asqueroso -me reconvino Beto.<\/em><\/p>\n<p><em>-Y vos no seas pelotudo -lo cort\u00f3 el Gordo. Vali\u00f3 la pena la chanchada s\u00f3lo por verle la cara de repugnancia al pobre Beto. Como es de pr\u00e1ctica en estos casos, el \u00faltimo trago se fue prolongando hasta l\u00edmites inveros\u00edmiles. Y se cruzaron acusaciones rec\u00edprocas de: \u00ab\u00a1Che, vos no tomaste, escupiste!\u00bb, y otras por el estilo. El Gordo, en un acto de arrojo, termin\u00f3 con el suplicio cerrando los ojos y bebiendo de un trago. Ah\u00ed Beto pudo desquitarse con cinco o seis cachetazos a la espalda monumental del otro. Luisito se re\u00eda como loco. Y yo por un ratito me olvid\u00e9 del asunto que tra\u00edamos entre manos.<\/em><\/p>\n<p><em>Bajamos del colectivo a cuatro cuadras de la cancha, en la parada de siempre. Eran las dos y media, m\u00e1s o menos.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfAlguno sabe c\u00f3mo cuernos vamos a pasar los controles de la cana? -A veces Beto y su buen criterio me sacan de quicio.<\/em><\/p>\n<p><em>-Dame una de las dos bolsas -le contest\u00e9 haci\u00e9ndome el impaciente.<\/em><\/p>\n<p><em>Porque en el fondo ten\u00eda raz\u00f3n. Si nos paraba la cana, \u00bfqu\u00e9 dec\u00edamos? Disimul\u00e9 el asunto cuanto pude, entre los rollos de cinta y papel de diario picado. Se la di a Luisito. Rita ten\u00eda raz\u00f3n, pens\u00e9. Mejor que el pibe sepa.<\/em><\/p>\n<p><em>-Ustedes esperen ac\u00e1 a que entremos. Nos vemos en la puerta tres.<\/em><\/p>\n<p><em>Si pasamos ac\u00e1 ya est\u00e1, me dije mientras nos acerc\u00e1bamos al cord\u00f3n policial. Camin\u00e1bamos sin apurarnos. Mi mano descansaba en el hombro de Luisito. Me nac\u00eda llevarlo de la mano, pero como ya cumpli\u00f3 los diez pens\u00e9 que a lo mejor lo pon\u00eda inc\u00f3modo. A \u00e9l lo revis\u00f3 una mujer polic\u00eda, que apenas hoje\u00f3 por encimita el contenido de la bolsa. A m\u00ed falt\u00f3 que me sacaran radiograf\u00eda de t\u00f3rax y me pidieran el bucodental, pero finalmente pas\u00e9. En el acceso mostr\u00e9 los carnets y seguimos viaje. Menos mal que hab\u00eda ido a pagar las cuotas atrasadas en la semana, porque cuando pasamos por la ventanilla vi que la cola era un infierno. Entramos a la cancha y me fui derechito adonde me pediste: contra el alambrado, debajo del acceso tres, a mitad de camino entre el mediocampo y el \u00e1rea. Un lugar de mierda, bah. Para el arco m\u00e1s cercano te da el sol de frente desde media tarde. El otro arco no se ve, apenas se adivina. Desde esa altura te lo tapa desde el juez de l\u00ednea hasta el pibe que alcanza la pelota. Adem\u00e1s, cualquier tumulto que haya en las gradas se te vienen encima y te dejan hecho pur\u00e9 contra los alambres. Pero al mismo tiempo es un lugar hist\u00f3rico: el \u00fanico sitio que supimos conseguir aquella tarde gloriosa en que salimos campeones por primera (y hasta ahora \u00fanica) vez en nuestra perra y sufrida vida. Por eso me lo pediste. Y por eso enfilamos para ah\u00ed apenas entramos.<\/em><\/p>\n<p><em>Beto y el Gordo llegaron a los cinco minutos.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfCu\u00e1ndo empieza la reserva? -pregunt\u00f3 el Gordo, que ven\u00eda jadeando.<\/em><\/p>\n<p><em>-En diez minutos -contest\u00e9.<\/em><\/p>\n<p><em>-No es por nada, pero \u00bfvieron la altura que tiene el alambrado? -Beto segu\u00eda empe\u00f1ado en su maldito sentido com\u00fan.<\/em><\/p>\n<p><em>-Ya veremos -lo fulmin\u00e9 con una mirada de no hinches m\u00e1s, te lo pido por lo que m\u00e1s quieras.<\/em><\/p>\n<p><em>-D\u00e9jense de pavadas y vamos a jugar a algo. -El Gordo estaba decidido a cumplir los rituales adecuados. Se plant\u00f3 contra el alambrado y nos invit\u00f3 a acompa\u00f1arlo.<\/em><\/p>\n<p><em>-Ahora vas a ver c\u00f3mo matan el tiempo los turros de tus t\u00edos -le expliqu\u00e9 a Luisito.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfCu\u00e1l quer\u00e9s? -El Gordo le cedi\u00f3 la iniciativa a Beto.<\/em><\/p>\n<p><em>-Dame al cuatro de ellos.<\/em><\/p>\n<p><em>-Como quieras. Yo me quedo con el diez nuestro.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfA qu\u00e9 juegan, t\u00edo?<\/em><\/p>\n<p><em>-Esper\u00e1 -contest\u00e9-. Esper\u00e1 y vas a ver.<\/em><\/p>\n<p><em>Apenas empez\u00f3 el partido de reserva le vino un cambio de frente al diez de nuestro equipo. Como la cancha es un picadero, la pelota tom\u00f3 un efecto extra\u00f1o y se le escap\u00f3 por debajo de la suela.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Dale pibe! -tron\u00f3 la voz fren\u00e9tica del Gordo-. \u00a1A ver si te met\u00e9s un poco en el partido! -El muchacho pareci\u00f3 no darse por enterado.<\/em><\/p>\n<p><em>Al rato el cuatro visitante pas\u00f3 como una exhalaci\u00f3n pegado al lateral y tir\u00f3 un centro precioso, aunque ning\u00fan compa\u00f1ero lleg\u00f3 a cabecearlo. Beto se colg\u00f3 bien del alambrado e inici\u00f3 su participaci\u00f3n en la competencia.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Levant\u00e1 la cabeza, pescado! \u00a1Hac\u00e9 la pausa! \u00bfSiempre el mismo atorado? \u00bfSer\u00e1 posible? -Beto vociferaba mientras el cuatro intentaba volver a recuperar las marcas.<\/em><\/p>\n<p><em>Luego el diez nuestro eludi\u00f3 a un par de tipos y larg\u00f3 la pelota a tiempo. Enseguida se volvi\u00f3 hacia el alambrado y busc\u00f3 al que lo hab\u00eda increpado, como diciendo a ver qu\u00e9 pavada dec\u00eds ahora. El Gordo no perdi\u00f3 tiempo.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Por fin, muerto! \u00a1Por fin diste un pase como la gente, finadito!<\/em><\/p>\n<p><em>Beto estaba nervioso. Su candidato estaba muy tirado atr\u00e1s, y no frecuentaba nuestro territorio. El Gordo se encaminaba a una victoria indiscutible. Su hombre recibi\u00f3 el bal\u00f3n cerquita nuestro, lo protegi\u00f3, y antes de que pudiera hacer m\u00e1s recibi\u00f3 la atropellada de un rival que lo dej\u00f3 tendido encima de la l\u00ednea de cal.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Ma s\u00ed! \u00a1Lo mejor de la tarde! \u00a1Part\u00edlo en dos, total, pa&#8217; lo que sirve&#8230;! \u00bfQu\u00e9 hac\u00e9s juez? \u00bfA qui\u00e9n vas a amonestar? \u00bfPor qu\u00e9 mejor no lo echas al petiso \u00e9se, que tiene menos huevos que mi t\u00eda la soltera?<\/em><\/p>\n<p><em>El diez, pobre pibe, saturado, apenas se puso de pie se acerc\u00f3 al alambrado, lo ubic\u00f3 al Gordo y le vomit\u00f3 todos los insultos que pudo antes de que el l\u00ednea lo llamara al orden. Era el final.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Tiempo! -grit\u00f3 el Gordo, con los brazos en alto-. \u00a1Beto, pag\u00e1 los panchos!<\/em><\/p>\n<p><em>-Si ser\u00e1s turro, Gordo, no te gano desde el a\u00f1o pasado&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>-Es una ciencia, pibe, es una ciencia -agreg\u00f3 el Gordo con aires de importancia, mientras se sacaba la camisa empapada en el sudor del esfuerzo.<\/em><\/p>\n<p><em>La verdad es que mientras los escuchaba me divert\u00ed de lo lindo. Creo que hasta por un momento me olvid\u00e9 de toda nuestra tormenta, de toda la bronca que ten\u00edamos adentro, de toda la rabia que juntamos desde abril hasta la semana pasada. Pero apenas volvimos de comprar los panchos y nos tiramos en las gradas a comerlos, el asunto se impuso en todo su tama\u00f1o.<\/em><\/p>\n<p><em>-Vamos a tener que hacernos caballito -de nuevo la voz de Beto, llam\u00e1ndome a la realidad. Miraba el alambrado de arriba a abajo, tratando de calcular la altura-. Est\u00e1 mucho m\u00e1s alto que cuando dimos la vuelta, \u00bfno?<\/em><\/p>\n<p><em>-No, lo que pasa es que ahora sos quince a\u00f1os m\u00e1s viejo, nabo. -El Gordo era un optimista de raza, no cab\u00edan dudas.<\/em><\/p>\n<p><em>-D\u00e9jate de joder, que hablo en serio. Cuando salimos campeones nos hicimos caballito y saltamos enseguida. Y aparte no estaba el de p\u00faas arriba de todo. \u00a1Mir\u00e1 ahora!<\/em><\/p>\n<p><em>-Tiene raz\u00f3n, Gordo -intervine-. Por las p\u00faas no te preocupes. Para eso me traje la campera gruesa. Lo que me da miedo es la cana. No nos van a dejar ni mamados.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero el Gordo no era hombre de dejarse derrotar r\u00e1pidamente.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfY vos te pens\u00e1s que con la gente que va a haber a la hora del partido se van a andar fijando? No te calent\u00e9s, Ernesto.<\/em><\/p>\n<p><em>-Ojal\u00e1, Gordo. Ojal\u00e1 sea como vos dec\u00eds.<\/em><\/p>\n<p><em>-La \u00fanica es hacerlo r\u00e1pido, en medio del kilombo de la entrada. -Beto hablaba mir\u00e1ndose los zapatos. Estaba tenso.<\/em><\/p>\n<p><em>-Creo que Beto tiene raz\u00f3n -conced\u00ed-. Igual tenemos que apurarnos.<\/em><\/p>\n<p><em>Terminamos los panchos y volvimos al alambrado. La cancha se iba llenando de a poco. Pens\u00e9 que era una suerte. Porque as\u00ed, a cancha llena, era mejor. Somos una manga de ilusos, me dije: ganamos tres partidos y venimos como chicos a esperar que rompan la pi\u00f1ata. Cuando termin\u00f3 el preliminar, la gente que estaba sentada tuvo que pararse porque ya no se ve\u00eda nada. Hab\u00edan llegado las banderas. Un par de pibitos las ataban en la parte alta del alambrado. Estaban sonando los bombos. De repente, un cantito naci\u00f3 del codo m\u00e1s cercano a la platea. La gente empez\u00f3 a prenderse. Nosotros tambi\u00e9n cantamos. Cuando Luisito se sac\u00f3 la camiseta y empez\u00f3 a revolearla por sobre su cabeza, y le vi los hombritos p\u00e1lidos y las pecas, retroced\u00ed treinta a\u00f1os, me acord\u00e9 de vos y me puse a llorar como un boludo. Beto me peg\u00f3 dos bifes y me sacudi\u00f3 la melancol\u00eda:<\/em><\/p>\n<p><em>-No seas imb\u00e9cil, a ver si te ve el pibe.<\/em><\/p>\n<p><em>El Gordo cantaba como un pose\u00eddo. Desde el codo lleg\u00f3 otro canto a encimarse con el primero. Pero ahora la gente saltaba. Y yo sent\u00ed esa sensaci\u00f3n indescriptible de estar en una cancha envuelto por el canto de la hinchada nuestra, el v\u00e9rtigo del piso movi\u00e9ndose bajo los pies y ese canto que cinco mil tipos vociferan desafinados pero que todo junto suena precioso, como si hubiesen estudiado m\u00fasica.<\/em><\/p>\n<p><em>Corrieron la tapa del t\u00fanel y el Gordo hizo una se\u00f1a. Se plant\u00f3 bien firme sobre las dos piernas abiertas y se agarr\u00f3 fuerte del alambrado. Beto se le trep\u00f3 como pudo, escalando la carne rosada de la espalda del otro.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Aaaaayyyyyy! \u00bfPara qu\u00e9 mierda ven\u00eds a la cancha en mocasines, tarado?<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Call\u00e1te y qued\u00e1te quieto, Gordo, que me estoy cayendo al carajo!<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Met\u00e1nl\u00e9, metanl\u00e9! -Yo miraba para todos lados buscando a los canas, pero no se ve\u00eda nada.<\/em><\/p>\n<p><em>Beto lleg\u00f3 por fin hasta los hombros del otro, atenaz\u00f3 el alambrado con las manos finitas y me grit\u00f3 que subiera. Me di vuelta hacia Luisito, que interrumpi\u00f3 la revoleada de camiseta para darme un abrazo tan fuerte que me temblaron de vuelta las piernas.<\/em><\/p>\n<p><em>-Gracias, t\u00edo -me dijo. \u00bfTe das cuenta, el mocoso? Va y me dice gracias, t\u00edo. Y yo con esta cara de boludo, llorando como una madre, semejante grandul\u00f3n de cuarenta y tres pirulos, pelado como felpudo de ministerio, socio conocido y respetado de la instituci\u00f3n, subi\u00e9ndome a babuchas de un gordo que insulta en dos idiomas mientras sostengo entre los dientes una bolsa de papel picado.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero por otro lado, mejor, porque el llanto y la sensaci\u00f3n de rid\u00edculo me lavan, \u00bfentend\u00e9s?, me purifican. Porque mientras le piso la cabeza al Gordo suelto una risita al escuchar su puteada, y mientras flameo a punto de caerme, y me agarro como puedo de la camisa de Beto y siento c\u00f3mo ceden las costuras, empiezo a ver la cancha como aquella vez, hasta las manos de gente, \u00bfte acord\u00e1s? Un gent\u00edo incre\u00edble, mientras sub\u00edamos al alambrado para tirarnos a dar la vuelta. La so\u00f1ada, la prometida, la imprescindible vuelta ol\u00edmpica que nos juramos dar cuando fuimos por primera vez a la cancha los cuatro, un mi\u00e9rcoles que nos rateamos de s\u00e9ptimo grado, y aunque perdimos tres a cero dijimos \u00abel fin de semana volvemos\u00bb, y volvimos a perder como perros, pero de nuevo juramos \u00abhasta que salgamos campeones vamos a seguir viniendo\u00bb. Y ese d\u00eda, el glorioso, vos me dec\u00edas: \u00ab\u00bfViste, Ernesto?, \u00a1mira lo que es esto, mira lo que es esto!\u00bb, y desde lo alto del alambre me mostrabas las dos cabeceras llenas, el hervidero del sector Socios, la platea enloquecida. Y ahora es casi igual, porque mientras me acomodo en los hombros de Beto y trato de recuperar el aliento veo a todo el mundo saltando y gritando, y escucho los petardos, y veo las banderas que brillan en el sol de noviembre y es casi lo mismo, porque viendo la cancha as\u00ed pienso que si salimos campeones una vez podremos salir de nuevo, y me duelen los dientes de tan apretados que los tengo sobre la bolsa pero no me importa, ni me importan los cuatro polic\u00edas que vienen abri\u00e9ndose paso entre la gente para bajar a esos tres boludos que se creen equilibristas sovi\u00e9ticos. Porque al final entiendo todo, porque ahora se me borra el dolor de tu ausencia, o mejor dicho ahora te encuentro, y me parece que todo cierra, que nos rateamos en s\u00e9ptimo y que vinimos en las buenas y en las malas y que te enfermaste y que me pediste y que te promet\u00ed solamente para esto, para que yo me estire y me agarre del alambre de p\u00faas y con la mano libre abra la bolsa y hurgue en el fondo y encuentre bien guardada la cajita. Para que vocifere dale campe\u00f3n, dale campe\u00f3n, junto con el Gordo, con Beto, con Luisito y con los otros cinco mil enajenados; para que la abra mientras miro al cielo y al sol que se recuesta sobre la tribuna visitante, para que entienda al fin que all\u00ed te vas y te qued\u00e1s para siempre, en ese grito tenaz, en ese amor inexplicable, en las camisetas que empiezan a asomar desde el t\u00fanel, y en ese vuelo \u00faltimo y triunfal de tus cenizas.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Sacheri es un escritor argentino nacido en Buenos Aires en 1967. Hincha de Independiente, ejerce como profesor de educaci\u00f3n secundaria y universitaria.\u00a0 A mediados de los a\u00f1os 90 comenz\u00f3 a escribir relatos relacionados con el mundo del f\u00fatbol. 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