{"id":49926,"date":"2016-05-29T09:31:19","date_gmt":"2016-05-29T07:31:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/?p=49926"},"modified":"2016-05-28T18:51:24","modified_gmt":"2016-05-28T16:51:24","slug":"aquella-edad-inolvidable-ramiro-pinilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/aquella-edad-inolvidable-ramiro-pinilla\/","title":{"rendered":"Aquella edad inolvidable, de Ramiro Pinilla"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2016\/05\/Aquella-edad-inolvidable-de-Ramiro-Pinilla.jpg?ssl=1\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-49927\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2016\/05\/Aquella-edad-inolvidable-de-Ramiro-Pinilla.jpg?resize=567%2C589&#038;ssl=1\" alt=\"Aquella edad inolvidable, de Ramiro Pinilla\" width=\"567\" height=\"589\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2016\/05\/Aquella-edad-inolvidable-de-Ramiro-Pinilla.jpg?w=567&amp;ssl=1 567w, https:\/\/i0.wp.com\/www.manquepierda.com\/historiarealbetis\/files\/2016\/05\/Aquella-edad-inolvidable-de-Ramiro-Pinilla.jpg?resize=212%2C220&amp;ssl=1 212w\" sizes=\"auto, (max-width: 567px) 100vw, 567px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El escritor Ramiro Pinilla a sus 90 a\u00f1os public\u00f3 en 2012, dos a\u00f1os antes de fallecer, \u00abAquella edad inolvidable\u00bb, una novela de f\u00fatbol, relacionada con el Athletic de los a\u00f1os cuarenta. En esta novela de f\u00fatbol y de dignidad moral y resistencia pasiva se nos cuenta el ef\u00edmero triunfo de Souto Menaya, alias Botas, un joven alba\u00f1il de Getxo que toca la gloria en una final de Copa en 1943 y que conoce el infierno tras una grave lesi\u00f3n que lo retira del f\u00fatbol para siempre y le deja cojo.<\/p>\n<p>Una historia sobre la desesperanza y sobre c\u00f3mo salvaguardar la dignidad, y tambi\u00e9n una luminosa historia de amor, un sobrecogedor relato de familia y una memorable f\u00e1bula moral.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>En agosto de 1942, una tarde soleada, el pe\u00f3n de la obra llam\u00f3 a Souto desde abajo blandiendo un sobre.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Esa carta no es para m\u00ed, tengo novia en este pueblo y desde aqu\u00ed arriba casi la veo peinarse&#8211;ri\u00f3 Souto desde el andamio, y los otros alba\u00f1iles rieron con \u00e9l.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Le gustaba ver el mundo desde las alturas, enladrillar el levante de una casa altern\u00e1ndolo con reojadas al paisaje. Si la obra estaba en la zona de Aizkorri alcanzaba a ver el caser\u00edo Berroena de Irune.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Te dejo la carta debajo de esta piedra, dijo el pe\u00f3n<\/em><\/li>\n<li><em>Ll\u00e9vatela, ser\u00e1 para otro, a m\u00ed solo me escriben los karramakos<\/em><\/li>\n<li><em>Pone tu nombre<\/em><\/li>\n<li><em>\u00a1Si no sabes leer\u00a1<\/em><\/li>\n<li><em>Me lo ha dicho el cartero.\u2014El pe\u00f3n ten\u00eda sesenta a\u00f1os y era cierto que no sab\u00eda leer&#8211;. Tambi\u00e9n me ha dicho que viene del Athletic<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Al mensajero le habr\u00eda colmado advertir el cataclismo que recorri\u00f3 a Souto de arriba abajo. Los dem\u00e1s tampoco se dieron cuenta. S\u00ed que le vieron descender de tabla en tabla hasta el suelo, tomar la carta y permanecer con ella ante los ojos sin atreverse a abrirla. Los de la obra se paralizaron. Souto recorri\u00f3 los rostros expectantes y rompi\u00f3 una punta del sobre. No solo no cab\u00eda su dedo sino que el sobre qued\u00f3 pringado de cemento. Souto restreg\u00f3 la mano contra su camisa blanca y pringada y sac\u00f3 el papel azul. Primero ley\u00f3 para s\u00ed y luego para los de la obra. Lo citaban para el s\u00e1bado a las siete y media.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Ya no te veremos m\u00e1s que los domingos en San Mam\u00e9s\u2014le lleg\u00f3 desde la obra<\/em><\/li>\n<li><em>Es solo para hablar \u2013tosi\u00f3 Souto<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Se cambi\u00f3 de ropa y se lav\u00f3 cara y manos en el delgado chorro de la manguera y corri\u00f3 donde Irune. A\u00fan hab\u00eda luz y la descubri\u00f3 sacando patatas con su madre. La llam\u00f3 desde lejos con un silbido. Era la primera vez que lo hac\u00eda. Ella ech\u00f3 a andar despu\u00e9s de un encogimiento de hombros de su madre.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Me llama el Athletic\u2014l e anunci\u00f3 soplando contra la carta<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Irune tard\u00f3 en hablar, oteando un futuro incierto.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Ahora te pondr\u00e1n bocabajo y te caer\u00e1n millones de los bolsillos y adi\u00f3s a la lecherita\u2014recit\u00f3 con una sonrisa tan triste que a Souto le conmovi\u00f3<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>La abraz\u00f3 y estrech\u00f3 con violencia, sin pensar en el delicioso cuerpo que abrazaba y con el que so\u00f1aba todas las noches sin faltar ni una y que a\u00fan no hab\u00eda catado. En la huerta, la madre esgrimi\u00f3 la azada y a punto estuvo de correr hacia ellos, pero vio que era un abrazo semejante al primero e inolvidable que ella recibiera en su tiempo y se limit\u00f3 a envidiar a su hija.<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando por la noche Souto se sent\u00f3 frente a su padre en la mesa de la cocina para cenar, no se atrevi\u00f3 a dec\u00edrselo. Mientras se llevaba a la boca las cucharadas de patatas en salsa verde estudiaba el rostro de aquel hombre que pareci\u00f3 resucitar cuando su hijo pas\u00f3 de jugar partidos en la playa a hacerlo en un campo de reglamento como el del Club Getxo. Ese d\u00eda, Cecilio no supo c\u00f3mo felicitar al hijo que ya se hab\u00eda convertido en un hombre de catorce a\u00f1os y concentr\u00f3 su alegr\u00eda y su esperanza en un encogido \u201cBueno, bueno, bueno\u2026\u201d que enfri\u00f3 a Souto. Cinco a\u00f1os despu\u00e9s lo llamaron del Arenas. Y entonces Cecilio ya fue un poco m\u00e1s expl\u00edcito: \u201c\u00a1La hostia, esto no lo para ya ni Franco\u00a1\u201d. Se vio as\u00ed mismo tan inflamado que necesit\u00f3 varios minutos para dar a su hijo la imagen de cordura que se espera de un padre: \u201cT\u00fa, tranquilo, chaval, que lo que ha de venir, si le sale de los cojones al que sea, vendr\u00e1. Tranquilo, \u00bfeh?\u201d. De modo que ahora, a las puertas del Athletic, Souto eligi\u00f3 silenciar la gran noticia por si todo quedaba en agua de borrajas. No fue la verdadera raz\u00f3n. Lo cierto es que no se atrevi\u00f3. Contempl\u00f3 a su padre sentado en un \u00e1ngulo de la cocina cort\u00e1ndose en religioso silencio las u\u00f1as de los pies con las tijeras de la costura de la madre y un peri\u00f3dico en el suelo, y decidi\u00f3 no romperle la noche.<\/em><\/p>\n<p><em>Al d\u00eda siguiente por la tarde un hombre rechoncho y con chaqueta se detuvo bajo el andamio de Souto y le hizo se\u00f1as para que bajara. Era el presidente del Arenas FC. Souto se descolg\u00f3 con un punto de alarma.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Yo tambi\u00e9n he recibido una carta de ellos. Enhorabuena, chico. Estaba seguro de que dar\u00edas el salto. Pero son unos cabrones. Es muy c\u00f3modo darse una vuelta por el mercado y llevarse lo mejor.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Souto trag\u00f3 saliva.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>\u00bfEs que no debo dejaros?<\/em><\/li>\n<li><em>Tonter\u00edas. \u00a1Ellos siempre ganan\u00a1. El club pobre os forman y ellos se dedican a la cacea. Por no hablar del cari\u00f1o que se os coge.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Souto se sinti\u00f3 un judas.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>\u00bfQu\u00e9 quieres que haga?<\/em><\/li>\n<li><em>T\u00fa no puedes hacer nada, hijo, las cosas son as\u00ed. Ahora s\u00f3lo queda sacarles una buena tajada. Nada te ata a nosotros, tu contrato acaba esta temporada. Y, si no, yo lo habr\u00eda roto. Ahora, hijo, a sacar a la vaca roda la leche que puedas. \u00bfC\u00f3mo andas de cuentas? Me parece que de pelas est\u00e1s en la Luna<\/em><\/li>\n<li><em>No he pensado en esas cosas, solo me gusta jugar<\/em><\/li>\n<li><em>Pues tienes que empezar a pensar, corderito, acabas de entrar en un mercado de tiburones y t\u00fa eres la sardina. En cuanto abras la puerta de su despacho oir\u00e1s sonar las monedas<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>A Souto no le disgust\u00f3 la noticia, m\u00e1s bien le son\u00f3 a canto de sirena.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Me hablar\u00e1n de lo que s\u00e9, de meter goles<\/em><\/li>\n<li><em>Pero convertidos en pesetas, tantos goles, tantas pesetas. Hace tres a\u00f1os, a Zarra le ficharon por cuatro mil pesetas y quinientas al mes<\/em><\/li>\n<li><em>A pesar de que no hab\u00eda metido cuatro mil goles<\/em><\/li>\n<li><em>No, y ese es el cambio en que debes de andar fino<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Cuando el presidente del Arenas FC se despidi\u00f3 con aire taciturno, Souto sinti\u00f3 que lo abandonaba al destierro. Envi\u00f3 a la espalda en retirada: \u201cSi todo marcha, pasar\u00e9 a despedirme de la gente\u201d. La espalda no se inmut\u00f3, solo la mano se levant\u00f3 para dejar en el aire un gesto desva\u00eddo. Souto volvi\u00f3 a sentirse un judas.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Era viernes. Trabaj\u00f3 media jornada, pues si bien la cita era a las siete y media de la tarde, regal\u00f3 a sus nervios el relajo de unas horas. Le asust\u00f3 ver en los tres platos del mediod\u00eda la inesperada fiesta de sendas chuletas con patatas fritas. Mir\u00f3 a su madre. \u00bfC\u00f3mo lo hab\u00eda sabido? \u201cNo lo sabe, le ha soplado un \u00e1ngel. Parece muerta pero\u00a0 est\u00e1 m\u00e1s viva que cualquiera de nosotros. Es una bruja\u201d. Souto sonri\u00f3, nunca se hab\u00eda sentido tan hijo de ella. Se puso en pie y le dio un asombrado beso en la frente. Entonces descubri\u00f3 las dos bolitas l\u00edquidas estancadas en las comisuras de sus ojos. \u201cLa maldita pelota de su peque\u00f1o Jos\u00edn\u201d. Souto apart\u00f3 su plato segundos antes de ella se sentara a la mesa, esgrimiera los cubiertos y la emprendiera con su carne. Esper\u00f3 una explicaci\u00f3n de los ojos de su madre, donde segu\u00edan las dos bolitas. \u201cComo no habla se ahorra las explicaciones. \u00bfTampoco se las da a s\u00ed mismo?\u201d<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Come, hijo\u2026<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Solo era la voz de su padre. Souto no hab\u00eda levantado la mirada de su chuleta. \u201cAma me estar\u00e1 mirando\u201d. Al comprobar que era as\u00ed, Souto tom\u00f3 sus cubiertos y comieron los tres en silencio. A intervalos vigilaba a su madre con tierna admiraci\u00f3n. Jam\u00e1s sabr\u00eda qu\u00e9 sonido en la casa result\u00f3 esclarecedor para ella. \u201cEs superior a nosotros. Los mudos no se desgastan hablando\u201d.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>A esa hora las sombras se alargaban en las calles de Bilbao. De la capital Souto apenas conoc\u00eda el trayecto dominguero de la estaci\u00f3n de Deusto al campo de San Mam\u00e9s y la peregrinaci\u00f3n de fieles de las cercan\u00edas imbuidos de su misi\u00f3n sagrada. El puente sobre la r\u00eda bordeaba la Campa de los Ingleses, donde cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s marinos brit\u00e1nicos desentumec\u00edan sus piernas contra un rocoso bal\u00f3n del balompi\u00e9 desconocido por los nativos. Y as\u00ed empez\u00f3 todo. Los peregrinos recib\u00edan sangre roja y blanca de estos or\u00edgenes.<\/em><\/p>\n<p><em>Un guardia acompa\u00f1\u00f3 a Souto hasta la calle del Athletic. \u201cPrimer piso\u201d, remat\u00f3. Del andar el\u00e1stico de Souto, de la solidez de sus hombros y de su expresi\u00f3n silvestre dedujo que era un nuevo producto de la cantera. \u201cSuerte\u201d, le despidi\u00f3. \u201cYa te ver\u00e9 en el peri\u00f3dico\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>A Souto no le agrad\u00f3 verse tan transparente. El timbre de la puerta tron\u00f3 en su interior como un ca\u00f1onazo. Le recibieron tres hombres en un saloncito severo. Los tres vest\u00edan camisa planchada, chaqueta y corbata. A Souto le impresion\u00f3 la tersura blanca de la camisa del que los otros presentaron como presidente. Era un tipo regordete, de rostro atomatado y la verborrea propia de los vendedores \u00a0de algo. A Souto le cay\u00f3 simp\u00e1tico. Iba preparado para o\u00edr hablar de sopet\u00f3n de dinero pero le preguntaron por la familia. Para no preocuparse de la acomodaci\u00f3n de cuerpo, brazos y piernas, se refugi\u00f3 en la biograf\u00eda de su tribu. Hab\u00eda un f\u00e9retro vertical contra la pared rematado en una esfera de reloj y as\u00ed supo que llevaba doce minutos sin callar. Lo \u00fanico que pens\u00f3 es que ellos ya sab\u00edan mucho de \u00e9l y \u00e9l nada de ellos.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Me han dado cuerda\u2014se excus\u00f3<\/em><\/li>\n<li><em>Nos gusta saber de los nuevos chicos que vienen al club, a nuestra familia\u2014dijo el presidente&#8211;. De nosotros ya sab\u00e9is demasiado por los periodistas.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Hab\u00edas sentado a Souto en el centro de un largo sof\u00e1 en el que se hundi\u00f3. Pens\u00f3 que el cerco era completo con el presidente en un butac\u00f3n frente a \u00e9l y los otros dos, que se presentaron como directivos, a un lado\u00a0 y otro en el sof\u00e1.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Vosotros, los jugadores, sois los reyes del Athletic Club y nosotros somos los delfines\u2014dijo el presidente&#8211;. Alguien tiene que meter los goles en los despachos<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Souto estaba seguro de que hab\u00eda contado ese chiste mil veces. Nunca tuvo tan cerca dos sonrisas tan difusas como las de los directivos. Uno era alto, calvo reluciente y sus manos sab\u00edan c\u00f3mo estar. El otro ten\u00eda cuello de toro, pelo alborotado y una placidez de buenas digestiones.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Tienes planta de delantero centro y te seguimos desde hace a\u00f1os, a nuestros ojeadores se les cae la baba habl\u00e1ndonos de ti. Ser\u00edas el reserva de Zarra. \u00bfQu\u00e9 te parece? \u00a1De Zarra\u00a1. Esperamos tu buena evoluci\u00f3n, que pises san mam\u00e9s como pisas Fadura. No te r\u00edas\u2014Souto no se hab\u00eda re\u00eddo&#8211;. A \u00e9ste\u2014y se\u00f1al\u00f3 al calvo\u2014le basta con ver a uno bajar las escaleras de nuestra tribuna para saber si es o no jugador. Como sabes, la tribuna de San Mam\u00e9s es de madera y tambi\u00e9n son de madera las escaleras que llevan de los vestuarios al campo. Pues bien; \u00e9ste ve bajar a un chico con sus botas de tacos pisando esos pelda\u00f1os y sabe si tiene pasta de jugador o no. Nunca se equivoca\u2014Souto solt\u00f3 una carcajada&#8211;. \u00a1Y a ti te espera la misma prueba\u00a1<\/em><\/li>\n<li><em>\u00bfBajan con bal\u00f3n?<\/em><\/li>\n<li><em>\u00a1Qui\u00e1, sin bal\u00f3n\u00a1 Es un genio<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>No era la primera vez que Souto escuchaba aquella bilbainada. Lamento no haber trabajado siempre con botas de tacos en su andamio de madera. \u00bfA qu\u00e9 clase de prueba oculta le estar\u00edan sometiendo en aquel momento? \u201cPor muy presidente y directivos que sean no entienden ni chota de f\u00fatbol. El f\u00fatbol s\u00f3lo es el jodido bal\u00f3n\u201d. Y entonces se disip\u00f3 la niebla y los vio limpios de lustres. \u201cSon figurones, tipos con pasta y empresas. En esos puestos no caben los pobres. El Athletic es grande y mandar en el Athletic abre puertas y los negocios engordan. Esto no se lo o\u00ed a mi padre, sino a los de la Venta\u201d.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>A\u00fan estamos reponi\u00e9ndonos de la sangr\u00eda de la guerra\u2014dijo el presidente con un suspiro&#8211; \u00a1Aquellos Iraragorri, Blasco\u2026\u00a1&#8211;cort\u00f3 para mirar a Souto y enviar una mueca c\u00f3mplice a sus dos compa\u00f1eros<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Souto se vio acosado por seis ojos expectantes. \u201cEs una de sus pruebas sin bal\u00f3n\u201d. Le invadi\u00f3 el soniquete de los reyes godos de la escuela:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Blasco, Eguskiza, Areso, Cilaurren, Muguerza, Roberto, Zubieta, Pablito, Gorostiza\u2026 Dos meses antes de caer nuestra tierra bajo Franco marcharon a jugar a Par\u00eds con la selecci\u00f3n de Euskadi y recaudar fondos para el gobierno vasco<\/em><\/li>\n<li><em>Eso es bien sabido, Souto\u2014dijo el presidente&#8211;. Y no fueron solos\u2014y los tres quedaron a la espera<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Souto se conoc\u00eda muy bien aquella lecci\u00f3n, y esta vez del texto de su padre:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>S\u00ed, en ese grupo iban otros vascos que jugaban en otros equipos: Emil\u00edn, Larrinaga, Urkiola, L\u00e1ngara, los hermanos Regueiro, Pedro y Luis\u2026No pudieron regresar, Franco les esperaba con el dedo en el gatillo. Marcharon a Sudam\u00e9rica a seguir jugando al f\u00fatbol en distintos equipos<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Ante aquel tribunal examinador tan complacido, Souto se sinti\u00f3 formando con \u00e9l un solo cuerpo. Las palabras del presidente le cementaron m\u00e1s:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>\u00bfCrees en nuestra familia, Botas? Es lo importante. Nuestra gran familia athl\u00e9tica.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>\u201cA lo mejor es que hasta las cosas buenas tienen que ser as\u00ed de complicadas\u201d, se dijo Souto. En el aire del despacho navegaban nubes oscuras de los puros que consum\u00edan el presidente y el del pelo borrascoso. La mirada de Souto se perdi\u00f3 en los tenues dedos del calvo abriendo con pereza una pitillera de plata y llev\u00e1ndose a los labios un largo cigarrillo esmerilado. Souto record\u00f3 haber visto algo semejante en cierta pel\u00edcula rusa. Lo encendi\u00f3 con un mechero silencioso.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Bueno, y tendremos que hablar de metal, \u00bfeh, muchacho?\u2014dijo el presidente entre dos toses<\/em><\/li>\n<li><em>No somos patronos, el dinero no es nuestro sino del club, de los socios\u2014silb\u00f3 el calvo proyectando un humo blanqu\u00edsimo contra el techo<\/em><\/li>\n<li><em>\u00bfEres socio, Souto?&#8211;pregunt\u00f3 el despeinado<\/em><\/li>\n<li><em>S\u00ed\u2014afirm\u00f3 Souto<\/em><\/li>\n<li><em>\u00a1Pues entonces te pagar\u00e1s a ti mismo\u00a1&#8211;exclam\u00f3 el presidente con una carcajada<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Souto pens\u00f3 que le estaba trabajando para contratarle barato. No le import\u00f3. \u00a1Si supieran que firmar\u00eda por nada\u00a1 Era el viejo amor por aquellos colores que parec\u00edan denunciar su presencia all\u00ed para mercadear. Se puso en pie y pase\u00f3 la estancia con las manos en los bolsillos simulando mirar las vitrinas con trofeos. \u201cA mis diez a\u00f1os ignoraba que aquellos dioses que ganaban la Liga y la Copa de 1930 y tambi\u00e9n las del 31, los Rousse, Urquizu, Bata, Careaga, Castellanos, Lafuente, Unamuno y dem\u00e1s cobraban por jugar. El padre nunca me habl\u00f3 de eso, ni siquiera me ha dicho ahora s\u00e1cales lo que puedas\u201d. Al regresar frente a los tres, que lo observaban en silencio, la voz brot\u00f3 de su est\u00f3mago:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>El que lleva el agua milagrosa a los jugadores ca\u00eddos en el campo \u00bfha cobrado siempre?<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>El presidente tard\u00f3 unos segundos en salir de su sorpresa.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Religiosamente\u2014gru\u00f1\u00f3<\/em><\/li>\n<li><em>\u00bfY los porteros de las puertas?<\/em><\/li>\n<li><em>Lo mismo<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>El calvo emiti\u00f3 una tosecita antes de completar:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Y el masajista, y el que riega demasiado el campo cuando viene el Madrid \u00bfEn qu\u00e9 te imaginas que se gasta el dinero de cuotas y taquillas? La diferencia entre el club y otras empresas es que no se persiguen beneficios<\/em><\/li>\n<li><em>Y la tajada del le\u00f3n se la llevan los jugadores\u2014se\u00f1al\u00f3 el presidente<\/em><\/li>\n<li><em>Nuestros beneficios son los t\u00edtulos\u2014exclam\u00f3 el despeinado&#8211;\u00a1La Copa del 33 contra el Madrid fue la hostia\u00a1<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>El calvo envi\u00f3 a Souto una l\u00e1nguida indicaci\u00f3n con la mano en el cigarrillo.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Ven, si\u00e9ntate.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Y cuando Souto regres\u00f3 al sof\u00e1:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>\u00bfDesilusionado?<\/em><\/li>\n<li><em>No, porque ya no tengo diez a\u00f1os<\/em><\/li>\n<li><em>Aquello se fue para siempre\u2014a\u00f1adi\u00f3 el calvo&#8211;. La \u00e9poca de hierro, los jugadores pag\u00e1ndose de su bolsillo los viajes y las botas y dej\u00e1ndose la piel en el campo. Muy \u00e9pico, muy rom\u00e1ntico, pero\u2026<\/em><\/li>\n<li><em>Aunque hoy no les pagaran tambi\u00e9n jugar\u00edan y con los mismo huevos. El Athletic es distinto<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>A esa bocanada de Souto respondi\u00f3 el calvo con una sonrisa ambigua:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Dos apuntes, querido amigo: o culpas a esta directiva de corromper el f\u00fatbol por pagar a sus protagonistas o est\u00e1s clamando a gritos meter goles gratis<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>\u201cAl padre le gustar\u00eda verme ahora por un agujero\u201d. Este pensamiento reconcili\u00f3 a Souto. \u201cSi el Athletic cambia para ser el mismo de siempre, aquel cr\u00edo de diez a\u00f1os tambi\u00e9n podr\u00eda cambiar sin que se la caigan los mocos\u201d. Pero al mirar uno a uno a los tres hombres las gotas de su frente le dijeron lo dif\u00edciles que eran las cosas.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>\u00bfFumas, Botas?\u2014pregunt\u00f3 el presidente chupando un cent\u00edmetro su puro y rumi\u00e1ndolo con voluptosidad<\/em><\/li>\n<li><em>Bueno, alg\u00fan Celta cuando me lo encienden otros<\/em><\/li>\n<li><em>No fumes. Cuida tus pulmones m\u00e1s que tus partes. El tabaco frena m\u00e1s carreras que un buen defensa. Alg\u00fan d\u00eda meteremos en nuestros contratos una cl\u00e1usula prohibiendo fumar. Es otra peste que nos vino de fuera a los vascos\u2026 \u00bfC\u00f3mo te suena dos mil?<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Trataba Souto de relacionar la pregunta con el tema del humo cuando oy\u00f3 al despeinado:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Habla de la ficha. Dinero. Dos mil. Las pesetas del Athletic valen el doble<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Rio su propia chiste con la incertidumbre de que pod\u00eda ser verdad. Souto carraspe\u00f3 sintiendo que la suma rebotaba en las paredes de su cabeza.<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>\u00bfPesetas? \u00bfDos mil?<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Supo que lo hab\u00eda puesto en sonido cuando oy\u00f3 al calvo:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>S\u00ed, una cifra muy cabal considerando que todav\u00eda eres una inc\u00f3gnita<\/em><\/li>\n<li><em>Y quinientas al mes. Y doscientas cincuenta por partido ganado. Y ciento veinticinco por empatado\u2014prometi\u00f3 el presidente<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Souto era incapaz de valorar las cantidades. No sab\u00eda si quedarse sentado o levantarse, si aceptar o rechazar la oferta. \u00bfHab\u00eda sido en realidad una oferta o un simple baile de dineros tal del gusto de estos tiempos?<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>Pi\u00e9nsalo\u2014dijo el calvo poni\u00e9ndose en pie sin un rumor de la ropa<\/em><\/li>\n<li><em>S\u00ed, vete a casa a consultarlo con tus padres y con la almohada\u2014dijo el presidente. \u00bfTienes novia? Ser\u00e1 una guapa moza que querr\u00e1 tambi\u00e9n opinar<\/em><\/li>\n<li><em>Si no te vemos por aqu\u00ed enseguida me corto el rabo\u2014rio el despeinado con una seguridad que sec\u00f3 la garganta de Souto<\/em><\/li>\n<li><em>\u00a1Qu\u00e9 gran nombre para delantero: Souto Menaya\u00a1&#8211;exclam\u00f3 el presidente retrasando su puesta en pie para ultimar el puro\u2014Y la historia se repite: nosotros pagamos ficha a tocateja pero no hay un maldito contrato que nos garantice ni un solo gol de Souto Menaya \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/em><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El escritor Ramiro Pinilla a sus 90 a\u00f1os public\u00f3 en 2012, dos a\u00f1os antes de fallecer, \u00abAquella edad inolvidable\u00bb, una novela de f\u00fatbol, relacionada con el Athletic de los a\u00f1os cuarenta. 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