Cosas que pasan. En la nacional 301, once jugadores hacen autostop.

El 29 de marzo de 1964 el Betis ganó 2-3 en la Condomina al Murcia, en partido de la jornada 27 del Campeonato de Liga de Primera División. A falta de 3 jornadas para el final de la competición el Betis se mantenía en la tercera posición de la tabla, a un punto del FC Barcelona con el que luchaba por obtener el subcampeonato.
Un partido con un desarrollo extraño, dado que en el minuto 90 el Murcia se imponía 2-1, gracias a los tantos de Lalo y Merodio para los locales y de Luis para los visitantes. Pero en 2 minutos el Betis le dio la vuelta al marcador, con goles de Ansola en el minuto 91 y de Luis en el 92.
Más raro, extraño y anómalo es el suceso que se produjo antes del partido, cuando la expedición bética, alojada en la localidad murciana de Fortuna, distante unos 20 kilómetros de la capital murciana, tuvo que marchar hasta el estadio de La Condomina haciendo autostop, al no presentarse el autobus concertado para el traslado al campo.
Así se narraba este acontecimiento unos días después an las páginas del diario deportivo Marca:
El hombre encargado de llevar el autobús se había quedado dormido. Eran más o menos sobre las tres de la tarde y la sobremesa era una maravilla. Bastaron solo tres cabezadas para que el hombre se olvidara del viaje. En la calle coma el autobús se amodorraba también. Pero en el hotel, 20 hombres se impacientaban. ¿El autobús? Pero el autobús no iba a venir. La cajetera se abría los ojos de todos como una invitación. No les gustaba aquello a los 20 hombres que estaban a la puerta del hotel. Sin embargo, tuvieron que ponerse en marcha. Alguien comentó:
- Este será un equipo pobre
Pero el hincha del Betis, que había llegado a Fortuna, pensó con desolación:
- Así no hay manera. Cuando los jugadores lleguen al campo estarán rendidos y sin fuerzas. No hay duda de que el chófer del autobús es un hincha del Murcia.
Mientras tanto un viejo aficionado se sonreía. Se sonreía pensando que en sus tiempos se jugaban si hacía falta 3 partidos, y que iban andando al pueblo vecino. Luego, hasta sobraban fuerzas para bailar en la plaza. En el fondo se aleagraba mucho del sueño del chofer. No estaba de acuerdo con el lujo y la comodidad del fútbol actual.
- Luego se caen en el área
Y los 20 hombres, en fila india, avanzaban por la carretera.
- Es bueno que sea así, siguió el viejo, para que comprendan que todo no es tan fácil en la vida
Sin embargo, el viejo no conocía la pasta de los jugadores de hoy, su sentido del humor, de la alegría y de lo que se les había pegado de la gracia de la orilla bética. No marchaba nadie enfadado. Eran jóvenes. Los mantenedores del pañal y del alcanfor y la plañidera tenían otra idea negativa.
- Er niño tiene anginas
Y el niño era capaz de darle un balón y romperlo. (Por supuesto, en los entrenamientos). Y los 20 hombres seguían avanzando. Alguna alemana, alguna sueca y alguna danesa llevaban el mismo camino. Y de vez en cuando alguna de ellas se plantaba en la mitad de la calzada y levantaba su mano derecha. No les paraba nadie. Los coches aumentaban la velocidad a su altura. No hacía falta ser un lince para saber que la persona que iba a la derecha había ordenado la aceleración. Pero estas tentativas de las suecas le dieron al hincha, que ya había perdido su aire marcial, la idea.
- Así no podemos seguir. Tenemos que hacer autostop
Y los 20 hombres saltaron a la calzada
- Tenemos que llegar a La Condomina, somos los jugadores del Betis
Y los coches estaban parados.
- Usted será Luis… Oye, Pepe, este es Luis. (Pepe, naturalmente, estaba mirando a la alemana). Bueno, ¿quiere usted que le llevemos?
Y así en 10 coches llegaron al campo de La Condomina. No tuvo plaza el hincha, porque el hincha era gordo, gracioso y no jugaba al fútbol. Pero el hombre no lo pasó tan mal con la danesa, a la que le hizo mucha gracia el seseo del bético
- Usted es sevillano… Usted será “togego”
No le importó mentir al hombre. Cuando llegó a Murcia, el partido había terminado y había ganado su equipo
- ¡Osú¡
Poco después 10 coches regresaban a Fortuna. Eran los coches que habían llevado a los jugadores béticos a La Condomina. Dentro iban discutiendo:
- La culpa la tenemos nosotros por haberlos llevado al campo. Si hubieran ido a pie no nos meten ni un solo gol.
Un técnico lo explicó todo perfectamente:
- Cuando me dijeron que venían a pie me llené de alegría. No me enteré hasta que se terminó el partido de que unos hinchas sin responsabilidad evitaron el cansancio de los béticos.
Claro que un servicio de información decente hubiera llenado de tachuelas la carretera, por si las moscas. Las danesas, las alemanas y las suecas, no fueron suficiente estratagema.
Excepto para el hincha.
