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Elogio de una directiva

Con frecuencia entre los aficionados al fútbol en general es muy frecuente la crítica hacia los directivos, asociando su presencia al frente de un club al deseo, más o menos disimulado, de obtener diversas prebendas, mediante la consecución de un reconocimiento y prestigio social, o incluso como una forma de acceder a diversos negocios e influencias de carácter económico.

No es nuestra intención el negar esa realidad, que además ha sido una tendencia creciente con el paso del tiempo y la conversión del deporte original en un espectáculo, alrededor del cual pululan individuos de muy diversa consideración, atraídos por el movimiento de dinero que hoy en día conlleva todo espectáculo, y más cuando tiene la trascendencia que el fútbol conlleva.

Pero el caso concreto que traemos hoy pertenece a una realidad muy distinta. Se trata del año 1952, con el Real Betis Balompié militando en la Tercera División. Desde mayo de ese año el nuevo presidente verdiblanco es Manuez Ruiz Rodríguez, que ha sustituido a Francisco De la Cerda. Son tiempos duros los que corren por Heliópolis, con el equipo camino de jugar su sexta temporada en Tercera, con una masa social reducida, aunque tremendamente fiel, y con una economía maltrecha.

Como en todos los equipos el verano es la época de renovación de la plantilla y de trabajar para poner las bases de lo que será la temporada. Es en este contexto en el que en el diario vespertino Sevilla se publica este pequeño artículo el 20 de agosto de 1952, dos días después de que en Heliópolis la plantilla entrenada por Manuel Olivares comenzara los entrenamientos.

 

Un porvenir lleno de esperanzas fundadas y legítimas está surgiendo ante el Betis para contento de la hinchada verdiblanca y de los sevillanos en general.

La nueva Directiva, sin que esto suponga menosprecio hacia la anterior, está demostrando poseer esa virtud inapreciable del dinamismo, de la actividad que tan importante es en el mundo del balón redondo.

Precisamente, sobre ese afán de trabajo en pro de unos colores tan queridos, sobre este esfuerzo entusiasta, se centra hoy la actualidad deportiva sevillana.

No hay sitio donde no se comente esta especie de rejuvenecimiento del Betis; no hay café donde los “forofos” no demuestren con encendidas frases su simpatía por la gestión nueva; no hay rincón donde no tenga eco este entusiasmo de los nuevos directivos por ofrecer sus mejores energías en beneficio de un equipo tan nuestro, tan popular, tan de Sevilla.

Nosotros también queremos recoger ese elogio que bulle en el aire de la calle como homenaje sincero a los nuevos hombres encargados de conducir por buen camino al conjunto verdiblanco, haciéndoles patente nuestra adhesión y nuestro deseo de colaborar con ellos, pues siempre estamos junto a los hombres que noblemente saben darlo todo sin esperar nada, sean negros o azules.

Esto es lo que hace falta. Amor, tesón, honradez, entusiasmo, deportividad, afán de superación. Así, con este bagaje, su triunfo es fácil.

“El Betis tiene que volver a ser lo que fue en otro tiempo”, nos dicen unos aficionados por carta, y nosotros repetimos la afirmación como la meta ineludible que todos debemos intentar alcanzar y que alcanzaremos… No es tiempo de dudas, sino de fe. Mucha fe y adelante, Betis.

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