Esnaola ya no está tampoco en el Betis al que ayudó a ser grande.

El texto que traemos este domingo a Manquepierda se publicó en las páginas de ABC el 13 de julio de 2006 a cargo del periodista Manuel Fernández de Córdoba.
En él, y con motivo de la salida del club bético de José Ramón Esnaola ese verano, se hacía un recorrido por diversas figuras de la historia bética (Del Sol, Rogelio, Cardeñosa, Gordillo, etc) que estaban al margen del club bético y a los que, como a tantos otros en esa época, no se les daba la importancia que su figura histórica tenía, mientas que se hacía un ejercicio de pretender que sólo desde 1992 merecía la pena ser recordada y rememorada la trayectoria del club verdiblanco.
A la vez se hacía un llamamiento para que, con motivo del Centenario de la entidad a celebrar al año siguiente, se pusiera fin a esa situación de olvido y se recordase a todos los que a lo largo de los años contribuyeron a la historia centenaria de la entidad.
Llegó a Sevilla una tarde de calor infernal y a punto estuvo de volver a su tierra ese mismo día, pero aquí se quedó desde entonces para ser uno de los porteros, por no decir el mejor de todos porque la historia es grande, de su Betis y ser arte y parte, como toda aquella quinta del setentaysiete que se trajo, sí, sí, sí, la Copa ya esta aquí, la gloria para el beticismo y, cuando colgó los guantes, estuvo al servicio de su Betis en distintos menesteres y últimamente adiestrando a los porteros.
Pero ahora, y vaya uno a saber por qué como pasó con tantos otros en los últimos tiempos, ya no está, para que uno recuerde, por poner sólo algunos ejemplos, a do Luis Del Sol, que debería ser, ahora que incluso el Betis ha tenido hasta dos presidentes a la misma vez, lo que es Di Stéfano en el Madrid: la referencia exacta que se hace mito; o Rogelio Sosa, la zurda de caoba como le llamara el siempre recordado José Antonio Blázquez; o Julio Cardeñosa, el Flaco que tenía en sus piernas la precisión de los relojes; o Rafael Gordillo, medias bajas, zancada larga, corazón verde, imparable ciclón que ya soplaba desde el Polígono; y tantos y tantos otros que sintieron el Betis hasta los tuétanos y que han sido sistemáticamente mandados al olvido como si la historia del Real Betis Balompié hubiese empezado ayer por la mañana mientras que los viejos béticos rememoran sus hazañas para inculcarle a los más jóvenes lo que fueron y lo que significaron.
Ya el año que viene será el Centenario. Y sería el momento ideal de unir y reunir, más que de separar y olvidar, a los que fueron como fueron y siguen siéndolo desde los recuerdos porque ellos eran el Betis y su Betis, algo que nadie les puede quitar, ni mucho menos borrar, y si que les queda a cada uno de ellos el regusto de la nostalgia de aquellos tiempos en que Heliópolis, a cada cual en su tiempo, los hizo mitos, ejemplos y espejos donde mirarse los que en la actualidad se ponen las camisetas e ídolos que se ganaron a pulso el estar en la historia con letras de oro. El olvido sería imperdonable.
