Larga es la espera en el autobús de Lopera, de Francisco Correal.

30 años se cumplirán el próximo martes del partido que el Betis jugó como local en La Rosaleda malagueña contra el Sporting de Gijón. Un encuentro en el que el Betis cumplió una sanción de cierre del Villamarín por los incidentes sucedidos en el mes de enero en el partido de Copa frente al Atlético de Madrid y el infame arbitraje de Rubio Valdivieso.
Ya vimos aquí las circunstancias por las que el partido de castigo no se cumplió en marzo contra la UD Salamanca, y fue ahora en abril cuando realmente se cumplió la pena. Un partido en el que el Betis cayó estrepitosamente 2-5 y que vino a poner fin a las ilusiones por repetir la clasificación para una plaza europea; a falta de 5 jornadas para el final de la Liga el Betis quedó en tierra de nadie.
Este artículo del periodista Francisco Correal, publicado en Diario 16 Andalucía en los días previos al encuentro, refleja el ambiente en las inmediaciones del Villamarín cuando se comenzaron a despachar las entradas y pases para los autobuses gratuitos para el partido en Málaga, una vez más con el desorden y desorganización habitual en las taquillas, así como los pulsos de los aficionados que se agolpaban para recoger las entradas.
Una Expo en miniatura. Cola para las entradas; cola para los autobuses gratuitos de Lopera. Un veterano bético se mueve al compás del esperpento con su silla de playa. Dos jovencitas acarician fotos y confunden a Alexis con Sabas.
Hola Antonio González Franco es fontanero. “Estoy perdiendo el tiempo y el dinero. Paso del autobús de Lopera y me voy a Málaga en mi Fiat Uno con un vecino y los chiquillos”.
Tiene 39 años, de la quinta de Gordillo. “Hicimos la mili juntos en Soria 9. Y los dos salimos de nazarenos en los Gitanos”. Este fontanero del Cerro del Águila está cansado de ir de ventanilla en ventanilla.
“Es indigno lo que están haciendo con estas criaturas. No sé si es culpa de Lopera. Después se dice de los bilbaos y los catalanes, pero esa gente tiene dos cojones y los respetan. Los andaluces aguantamos lo que no hay en los escritos”, dice el fontanero. “Cuando no se jugó por la historia del gobernador, había más orden. En Sevilla salen mejor los ensayos. Es una ciudad de tomas falsas”.
Poco ambiente. “La gente está retraída, pero no por la Feria. ¡Qué Feria ni Feria¡ Con lo que ha caído, dicen que Gil y Lopera firmaron un acuerdo. Y que en presencia de un directivo de Antena 3 sellaron el pacto con un beso”.
El fontanero conoce en Málaga de paso. “En mi luna de miel pasé por allí para coger el avión rumbo a Palma de Mallorca”.
“Yo no la conozco y cuando vaya tampoco la voy a conocer, dice José Fajardo, bético, 69 años. En cuanto baje del autobús instalará su puesto de bufandas y souvenirs verdiblancos.
“Tengo 9 hijos, todos son béticos menos éste. Señala a José Antonio Fajardo, 31 años. “Soy del equipo de la ciudad”. “Más vale que te vayas para Coria”.
Su historia es la de tantos andaluces que dejaron el campo para buscar, sin encontrarla nunca, la utopía en la ciudad. “Soy de Arcos y allí, en el campo, trabajaba de sol a sol. Después me hice albañil. Y me vine a Sevilla en una expedición a las Casitas Bajas. Aquí me enamoré de mi mujer, una bética de Constantina. De mis 9 hijos no trabaja ni uno. Si no fuera por las bufandas y las banderas del Betis…”
Recita la alineación doméstica de su familia. “Uno es fontanero en paro, otro trabajaba en la Renfe de chófer; llevaba a los maquinistas a la estación. Otro es cinturón negro de kárate y dos son bailarines”.
Quiere hablar con un tal Ibáñez, presidente de la Peña Bética Diezma de Palmete, eso sí es beticismo de culto, para que le hagan una prueba en los infantiles del Betis a uno de los bailarines, Raúl, de 14 años.
Ya le hubiera gustado llevar su tenderete a las cruzadas béticas en tierras turcas alemanas y francesas. ” ¿A Turquía? Con una pensión de 40.000 pesetas, ni para llegar a las a la esquina. Le tengo pánico a los aviones. Prefiero el barco, en el que fui hasta El Aaiún cuando la guerra del moro”.
La paciente tropa es enviada de un sitio a otro del estadio. La situación la resume por bulerías Eduardo Pisa, gitano, guitarrista, que ameniza la espera y pide la voluntad. “Estamos locos, no sabemos lo que queremos, vamos de un sitio para otro, y ni siquiera nos vemos”. Tiene 35 años, es cantaor y bailaor, igual que su padre. Llegaron de Triana y se afincaron en las Tres Mil Viviendas. 6 hijos. Ganan las niñas 4-2. “Josefa, mi mujer, es hermana de Juana la del revuelo. Juana y Martín, su marido, también son béticos”. Este gitano compone canciones para acunar los oídos del aficionado. “De los árboles frutales, me gusta el melocotón. De los equipos de fútbol, con mi Betis campeón”. En su casa tiene fotos con Gordillo, Tomatito, Paco de Lucía y Raimundo Amador, “pata negra” de las Tres Mil. Son sus ídolos de la guitarra.
