Querido papá.

La verdad es que lo que están ustedes leyendo no tenía que haber pasado hoy.
Pero con la gloriosa victoria de anoche, con el reencuentro con la mayor competición europea y con el clima de euforia y exaltación que recorre al beticismo no podíamos dejar pasar la ocasión para que la prevista colaboración de Daniel Gil Pérez con Manquepierda se anticipase a hoy mismo.
Y más cuando su artículo de estreno con nosotros es un sentido y emotivo homenaje a los béticos de los que venimos, los que nos dejaron este maravilloso y precioso legado, que también nosotros dejaremos a los que vienen detrás.
Damos la bienvenida por lo tanto de prisa y corriendo a nuestro amigo Dani, que ya habrá tiempo formal de presentarlo, y os dejamos con este su primer artículo en Manquepierda, para que a todos, como me ha pasado a mí al leerlo esta mañana, se nos haga un nudo en la garganta…
Querido papá, ¡cómo me habría gustado que hubieras podido compartir con tu nieta Lola y conmigo la victoria contra el Oporto de Champions! ¡Qué noche, Manolo, qué noche!
Te tuve muy presente todo el día. Pensé mucho en como habrías disfrutado y lo orgulloso que estarías de mí y de tu sobrino Julio si hubieras podido venirte con nosotros en el autobús de la peña, sentado allí con tu cuñado Andrés, que también se apuntó, y con ese puñado de buena gente bética de Nervión con la que estamos haciendo familia verdiblanca a 200 metros del Pizjuán.
Fue increíble escuchar el himno de la Champions League por primera vez en casa después de 21 años. Julio recordaba haber vivido contigo aquellas noches mágicas ante el Chelsea, el Liverpool o el Anderlecht. Y nosotros lo hicimos anoche contigo en la memoria, con lágrimas en los ojos, mientras nos abrazábamos con mi tío y abrazábamos a nuestras hijas, Victoria y Lola, que ya han heredado ese veneno que se transmite de padres a hijas y de abuelos a nietas.
¡Qué equipo tenemos, padre! Es de no creer. Con casi toda seguridad, la mejor plantilla de nuestra historia. No sé cómo lo verás tú desde el cuarto anillo, pero disfrutar juntos en el campo de este grupo de jugadores es un auténtico lujazo.
Como bético veterano que ya soy, casi 50 años de Villamarín desde que empecé a ir de tu mano, llevo todo el año disfrutando mucho pero temiendo el tropezón en algún momento. Ojalá no llegue. Ojalá la clásica crisis de resultados de Pellegrini fuera el partido contra el Levante en Valencia. ¿Te imaginas? Es que el ingeniero chileno, el que vino a jubilarse, tiene al equipo más enchufado que nunca en estos siete años y con más hambre y mejor actitud que en la vida. ¡Está igualando los resultados de la campaña 34-35, cuando fuimos campeones de Liga, que tú ni habías nacido! Una locura.
Me acordé anoche de ti, mucho, todo el rato. Recordé cómo me contabas cuando ibas con tu padre, con el abuelo Ceferino, a ver al Betis en Tercera División, y luego en Segunda, en los años 50. En la Moto Guzzi de 125, desde Carrión de los Céspedes, que tardabais casi dos horas en ir y otras tantas en volver para recorrer los 36 kilómetros que separan el pueblo de la capital. ¿Cómo aguantó mi abuelo aquello? ¿Cómo conservaron los béticos la afición y la paciencia con el club? Imagino que con mucho amor y con la ilusión de recuperar algún día la gloria perdida. Igual que aguantamos nosotros los descensos a Segunda y las decepciones de tantas temporadas.
A lo mejor ha llegado la hora de recuperar esa gloria y sostenerla en el tiempo. Que la copa del 22 no sea una gota en el agua, como las del 77 o 2005, sino el comienzo de todo. El arranque de un equipo grande, como su afición, que reúne a más de 60.000 almas cada partido en casa, da igual que sea en un partido de Champions o en uno de Liga contra Osasuna o Getafe.
Y lo hacemos a pesar de tener que desplazarnos al estadio de La Cartuja, una auténtica ratonera para entrar y para salir. Porque no sé si los aficionados actuales tenemos tanta paciencia como los que esperaron el regreso del equipo desde la Tercera División, pero estamos demostrando una resiliencia insuperable llenando partido tras partido aquel campo mientras esperamos que avance a paso de tortuga la reforma del Villamarín. Porque por fin vamos a terminar las obras en nuestra casa, papá. Eso sí lo sabías, ¿no? El hueco que ha dejado nuestro Voladizo tras el derribo debe verse claro desde el cuarto anillo.
Ay papá. ¿Qué será de nosotros ahora? ¿Cuántos durará esta racha de rendimiento y resultados? ¿Qué Betis nos espera cuando Pellegrini, ahora sí, este año o el próximo, decida jubilarse? Ése es el gran desafío del club ahora mismo, creo yo. Con la afición movilizada y motivada como nunca y con una dirigencia que apuesta por sostener al equipo en la élite, la clave del éxito en el futuro próximo está en acertar con el relevo del ingeniero. Siempre he dicho que Fajardo debe tener bien cerrada esa transición. Lo que nos jugamos es tremendo.
Pero bueno, disfrutemos mientras dure. Sigamos gozando con la brillantez del equipo; con la capacidad para sobreponerse a los resultados adversos, algo tan poco habitual en nuestra historia; y con la comunión con la grada. Yo seguiré alimentando la afición de tu nieta, que está como loca por poder abonarse y se apunta a todos los partidos para los que le consigo entrada. Y no dejaré de echarte de menos a mi lado en Voladizo, aunque sea el de La Cartuja; añorando el humo de tus Winston del águila, por más que me molestara entonces; recordando tu sonrisa grande y feliz bajo el mostacho negro cuando me abrazabas tras un gol; y el tacto de tu mano cuando me guiabas escaleras arriba hacia el vomitorio.
Porque, como dice Dani Rojas, el delantero del AFC Richmond, el fútbol es la vida. Y la vida en La Cartuja nos está dando muchos ratos de felicidad últimamente. Aunque sin ti siempre sintamos que nos falta un pedazo de algo.
