Recuerdos de Timimi.

Traemos hoy a Manquepierda un artículo publicado en noviembre de 1970 en El Eco de Canarias, una publicación de la ciudad de Las Palmas. En ella se rememora la figura de Pedro González Sánchez «Timimi», el extremo canario que fue campeón de Liga con el Betis en 1935.
Timimi llegó al Betis en el verano de 1930, junto a otros futbolistas canarios como Adolfo, Sanabria o Martín, y se convirtió en una pieza fundamental del Betis de los años 30, la primera gran época dorada del club.
Tras dejar el Betis, estuvo apartado toda la temporada 1935-36 y declarado en rebeldía por el club, Timimi reapareció en 1939 jugando en el Real Madrid y Recreativo de Granada, equipo con el que sufrió una grave lesión que lo apartó de la práctica del fútbol. De regreso a Canarias a comienzos de la década de los 40 fue intervenido quirúrgicamente, pero nunca quedó bien de la lesión que arrastraba. Entrenó a modestos equipos canarios durante un tiempo, pero su vida rebelde y marginal le hicieron terminar prácticamente viviendo como un vagabundo en su ciudad de Las Palmas, hasta su fallecimiento en enero de 1960, muy joven, apenas con 49 años.
Este artículo rememora la importancia de Timimi en el fútbol de los años 30, así como los años posteriores y últimos de su vida.
Uno de los extremos más famosos que salieron de Canarias en aquellos tiempos de la exportación de futbolistas fue Timimi. Yo no recuerdo ahora exactamente su nombre, pero sí que estoy viendo su juego. Era rapidísimo, fulgurante, buscando el palo, con disparo potente y bien intencionado, poseedor de un hábil regate, cualidades técnicas que unidas a sus condiciones físicas, le hicieron triunfar en el fútbol, tanto en Las Palmas, defendiendo los colores del Real Club Victoria, como en la Península cuando se integró en el Betis Balompié, en unión de Adolfo, Simón Sanabria y Juan Martín, “los tres mosqueteros canarios” del equipo blanquiverde.
Jugó “como los ángeles”, que decían los críticos peninsulares, y si no llegó a vestir la elástica internacional fue más por sus extravagancias que por falta de condiciones para ello. Vivió y destacó con fuerza en la época de oro del fútbol español. Aquella de los Ricardo Zamora, Pepe Samitier, Jacinto Quincoces, Iraragorri, Marculeta, Lángara, etc Y en el Betis Balompié alcanzó las cotas más altas de la fama.
A su regreso a Las Palmas, físicamente arruinado, con una pierna torcida a consecuencia de una defectuosa operación al romperse la tibia, vivió como un bohemio, arrastrando desde su miseria económica un orgullo singularísimo, que le impedía aceptar nada que le fuese ofrecido como limosna. Prefería no comer ni vivir bajo techo a tener que agradecer nada a nadie. Entonces era frecuente verle por el barrio de Arenales con un hatillo al hombro, caminando sin cesar, para acabar tumbándose en la noche en uno de los nidos de ametralladoras que en aquel tiempo existían en la orilla del mar, frente al Hotel Santa Catalina.
Llevando una vida tan de vagabundo, era sorprendente que jamás le atacara un catarro, ni una gripe, ni reuma, ni nada. Su cuerpo era tan fuerte como fuerte era su espíritu rebelde. Y entre copa y copa, solía contar con verdadera delectación aquel gol que le marcó a Zamora, arrancando desde atrás, burlando a la defensa y driblando al “coloso de Amberes”, para penetrar en la portería con el balón materialmente cosido de la bota.
Timimi murió hace años a consecuencia de un accidente, y su desaparición fue registrada por todos los periódicos deportivos de la nación, especialmente los de Sevilla, donde era muy apreciado. Ahora la oportunidad de Luis Troya ha traído a la Redacción esta fotografía del nombre de una calle en la barriada de Hidalgo, donde figura su nombre, no sabemos exactamente por él o por alguna coincidencia de personaje. Pero el gráfico nos da oportunidad para recordar a aquel fabuloso futbolista de Las Palmas, que todavía en la ciudad de la Giralda se recuerda con cariño.
