Se desboca el Betis. 1979

El verano de 1979 en el terreno bético estuvo marcado por la preparación para el retorno a la Primera División conseguido en el dramático final de temporada de la campaña anterior. El ascenso conseguido en la última jornada frente al Granada, se sumó al cambio en la dirección del club tras las elecciones celebradas 4 días después, y en las que Juan Mauduit accedió a la presidencia.
Frente a la contención económica que había caracterizado el mandato anterior de José Núñez Naranjo, el Betis tiró la casa por la ventana con los fichajes millonarios realizados en el mes de julio de 1979. Así Enrique Morán, llegado desde el Sporting, y Antonio Oliveira, desde el Oporto, se convirtieron en jugadores verdiblancos a cambio de muchos millones de pesetas, mientras que el clima de euforia y expectación se disparaba, lo que se refleja en esta crónica del periodista Luis Arnáiz publicada en el diario deportivo AS con motivo de la presentación del fichaje de Antonio Oliveira en el Villamarín.
La del Real Betis es otra historia. No caben comparaciones. Cada club español tiene su hinchada: buena, excelente, generosa, sufrida, flemática o cálida. La bética es otro cantar. Cantar de gente con duende, cantar…
Uno tiene vistas suficientes cosas en este mundo del fútbol como para no sorprenderse de casi nada. Directivos que llegan y se marchan; directivos que no hay modo de que se vayan; futbolistas grandes que fracasan y pequeños que triunfan: déficits que no se entienden y superávits que se se entienden menos aún. Un lío, si. Y uno, a fuerza de ver, pensaba que no había nada nuevo. No había asistido todavía yo a a la presentación de un jugador importante a la parroquia bética. Si lo hubiera visto, no habría pensado como lo hacía.
Un día más en la historia verdiblanca—sábado 21 de julio de 1979—y un día con calor insoportable. La Prensa tenía bien cantado el fichaje sonado de los del Villamarín: un mozo llamado Oliveira, portugués, capitán y jugador del Oporto, veinticinco años, indiscutible en la selección lusa…El mejor futbolista, pese a Alves, conste, del vecino país. No hacía falta más. Aunque los ecos de los jugadores portugueses no resuenen, aunque todos supiéramos poco de Oliveira, el solo anuncio del fichaje sirvió para azuzar a sus gentes tras un año de penurias. El estadio mismo se convirtió por ello en un espectáculo insólito. Sevilla tiene algo más.
A pleno sol
Antonio Picchi, nervioso, ajetreado, casi sin tiempo para ultimar detalles, tenía preparada la presentación de Oliveira para las once de la mañana. Y antes de esa hora, un par de millares de seguidores verdiblancos se medio hacinaban bajo las tribunas del estadio. Poco a poco iría aumentando la cifra, pero no el desencanto por la tardanza del luso, entretenido en ultimar con gran rigor los detalles de su contrato. La espera, expectante, se hizo monótona al principio y desesperante para los no partidistas después. Los béticos se lo tomaban con otra filosofía, con un candor especial. Escuchen la frasecita de un hincha, llegado en su buen coche y con pinta de ciudadano medio: “Es que hay que estar aquí. Y comprar. Si no se puede usar el vehículo, no se usa; si no se puede ir al cine, no se va; pero Oliveira…Aunque tengamos que poner mil duros por barba”. Así se explica todo.
Dos horas largas más tarde de lo anunciado, con algunos en retirada y refrescos para la tropa informativa, aparecía. Asustado por el recibimiento, cauteloso, con cara y sonrisa medio abierta, sometido a una lluvia de palmadas en los hombros y a un entusiasmo que a él debió sorprenderle más que a mí. Por perdonarle, hasta le perdonaron que al salir al campo no se dignara pelotear ni unos segundos “porque estaba cansado”. Un detalle inadvertido, pero que no se merecía su gente. Un pésimo detalle; un detalle de poco gusto, que se le pasó por alto a la espera de exhibiciones posteriores.
Los sueños
La renuncia de Oliveira a tocar el cuero no ha mermado los ánimos de la nueva Junta, aunque la adquisición del portugués se haya hecho vía Madrid por gente que no pudo contratar al luso, que se lo recomendó y que incluso sirvió de puente a los verdiblancos. El señor Mauduit, abogado de talento con despachos en Sevilla y Madrid, no parece en absoluto asustado por el legado que le deja Núñez Naranjo, posiblemente porque, al haber trabajado con él, conoce los entresijos de un club con una afición que le respalda, como se vio. “Queramos estar entre los mejores”, es una frase recobrada para su diccionario, y que explica, en buena medida, el coste de las dos primeras operaciones de compra, Morán y Oliveira, cuyo montante no bajará al término de las tres campañas de contrato de menos de un centenar de millones de pesetas. Y eso que ha cundido cierto desasosiego provocado, según el gerente, por simples derrotistas al asegurar que “en Morán se dan no pocas de las condiciones anímicas del discutido Megido”. Hay, pues, polémica en torno al siete. Provocada o no, él será quien tenga que echarla abajo.
Y no todo para ahí. Si se presume que cien millones son una cifra prohibitiva para cualquier club de campanillas, ¿cómo ha podido embarcarse el señor Mauduit en semejante aventura? Dice él “porque la tesorería goza de buena salud y porque está todo planificado”. Debe estarlo, en efecto, cuando se adivinan nuevos desembolsos, más modestos, para algunas de las líneas del equipo que afirman los técnicos que siguen desguarnecidas. El Betis comprará a la menor oportunidad que se le brinde. Y ésa sí que es noticia en un tiempo en que todos restringen gastos. Ojalá no le devore la ilusión.
Y la marcha
Como en la mayoría, los datos no coinciden con las informaciones que uno obtiene bajo cuerda, pero bajo cuerda de garantía, fuentes generalmente bien informadas, que se dice. La adquisición de Oliveira originó durante unos días un pequeño revuelo, porque Killer no quería cederle al portugués su plaza como extranjero. Hubo sus más y sus menos, fue necesario echar mano del Reglamento para hacerle comprender a “Colorado” lo indefenso de su posición. Los problemas amainaron así y al final se llegó a una fórmula compensatoria. Según el club, la marcha del argentino se solucionó colocando en su cuenta tres millones y medio de pesetas. Mis informaciones, sin embargo, los elevan hasta ocho. Los que deberían sumarse, moralmente, al precio del ex jugador del Oporto. Las cosas…
A uno no le llamó la atención en su día la renovación de Esnaola por tres años. Sí debería medirse el alcance de poderes económicos de los que se decidieron a la renovación de los mundialistas verdiblancos por otras tres temporadas, a razón de cuatro millones y medio de pesetas la primera, con los aumentos subsiguientes las otras. Y, además, con la certeza de un partido de homenaje a celebrar, en el que se aseguraría a cada uno de ellos un mínimo de siete millones de pesetas. Si había dudas, todas resueltas. Y resueltas con una ambición sin límites. El reingreso en Primera, las adquisiciones de Morán, Oliveira y lo que venga han devuelto a los verdiblancos su latir de siempre.
Son otra cosa, sin duda.
