A Retamero, como a Fernando VII, de Luis Carlos Peris.

Haca poco vimos aquí la efemérides que conmemoraba el 40 aniversario de la asamblea ordinaria de socios celebrada en el Villamarín el 20 de agosto de 1986.
Hoy traemos a Manquepierda la reflexión que el periodista Luis Carlos Peris hacía ese mismo día, en las páginas de Diario 16 Andalucía, sobre la asamblea que esa noche iba a celebrar el Betis en el Villamarín.
Unas reflexiones centradas, como así sucedió a la noche, en lo fácil que el presidente bético Gerardo Martínez Retamero y su directiva lo iban a tener para sacar adelante la asamblea. Era la última del primer mandato presidencial de Retamero (1983-1987), y no se atisbaba una oposición importante al balance y a las propuestas que la directiva llevaba para la asamblea.
El anuncio de que hubo superávit, y los resultados que se están dando en los torneos veraniegos del sur, son el caldo de cultivo idóneo para que Gerardo Martínez Retamero encare con absoluta tranquilidad la que puede ser su penúltima asamblea. Ni aunque la fecha la hubiese designado Rappel, ni aunque la hubiese consultado con los oráculos, se habría encontrado un día mejor que este 20 de agosto.
Ni siquiera servirá para que sea incómodo el recordar que el superávit que se pregona es gracias a la pérdida del símbolo humano más indiscutible que el beticismo tuvo en un cuarto de siglo; que hasta ha jugado a favor de Retamero el que ese símbolo, Rafa Gordillo, no haya podido triunfar en toda regla con el Madrid.
Esta última asamblea del cuatrienio gerardista era como un vitorino en chiqueros no ha mucho. Las grandes familias del beticismo no andan a compás con Retamero y, a pesar de lo ingrata que es la poltrona, hay un manojo de béticos que sueñan con la presidencia del club.
Todos andaban preparando sus cargas de profundidad, Pero entre que del Sol no pierde ni por casualidad–solo cayó dos veces en 5 meses y fue en San Mamés y en el Camp Nou, que no son plazas de polvareda–y el anuncio de un balance con beneficios, toda la oposición ha recogido velas a la espera de un momento más oportuno. No quita, claro, que alguno quiera atropellar la razón y saque el trapo sucio más insospechado.
La escabechina que Retamero, con Borbolla de ejecutor, hizo en la cantera cuando la temporada anterior finalizaba, es el proyectil más peligroso para el presidente, pues ya son pocos los que le critican su afición a Madrid. La reciente amnistía que permite a Hadzibegic comenzar la Liga hizo de efecto milagroso para que los incrédulos creyesen; eso no se lo van a echar en cara, seguro que no.
Las cuentas, tampoco; hace unos días las revisó uno de los más cualificados opositores a la presidencia y le parecieron correctas y dando pie a un optimismo inesperado para los tiempos que corren.
Son unos momentos placenteros porque en fútbol todo vale cuando entra la bolita. Como se da la circunstancia de que el beticismo anda revolucionado con el anhelo de conquistar el Carranza, lo de esta noche en el Villamarín se presume que será una fiesta en verdiblanco que refrendará la lozanía del Betis.
La contestación que surja será mera anécdota y para que el guiso sepa, pero nada más. A Retamero le han dejado las bolas juntas y solo para empujarlas, justo como a Fernando VII.
