Carta en defensa de Pascual Aparicio. 1951

Tres días después de la carta del 4 de agosto de 1951 , que ya vimos aquí, en la que se rebatía arduamente la labor de Pascual Aparicio al frente del club el mismo diario Sevilla reproducía esta otra en la que 4 socios, uno de ellos el firmante Manuel Ledesma Alfonso, salían en defensa de la gestión del presidente bético.
Como se dice al inicio de la misiva, tenía que ser alguien muy cercano a los directivos que por entonces gestionaban el club, y la principal línea de defensa de éste va a radicar en el esfuerzo, económico sobre todo, que los directivos de aquellas épocas tenían que hacer a fondo perdido para solventar la precaria situación económica por la que atravesaba el club con frecuencia Se narran así las aportaciones que tuvieron que hacer los directivos para, en junio y julio desplazarse a Palma de Mallorca y Alicante a jugar contra el Atlético Baleares y el Alicante los encuentros decisivos en los que se dilucidaba el ascenso a Segunda División, y en los que el Betis cayó derrotado 3-2 y 3-1 respectivamente, con lo que se perdió la posibilidad del ascenso.
El traspaso al Atlético Tetuán de José Patricio, uno de los dos jugadores más cotizados de la plantilla junto a Manuel Domínguez, es otro de los asuntos rebatidos, acusándose al futbolista malagueño de poco rendimiento en los encuentros que se disputaban fuera de casa. Y se abogaba también por el traspaso del goleador Manuel Domínguez a cualquier club, excepto el Sevilla, ya que con ello se conseguirían cuadrar las deficitarias cuentas de la sociedad.
La siguiente carta nos ha sido remitida acogiéndose los firmantes a nuestro ofrecimiento de publicar los que se nos enviase con reacción a la disconformidad de algunos socios del Betis con su presidente. Este de hoy rebate las manifestaciones formuladas contra el señor Aparicio. Las columnas de SEVILLA continuarán abiertas para todos.
Sevilla 6 de agosto de 1951.
Señor director del diario Sevilla.
Muy distinguido señor mío:
Aprovechando el ofrecimiento que hace a todos los que deseen presentar sus razones, en pro o en contra, de la carta recientemente publicada en ese diario de su digna dirección, me permito dirigirle la presente, con el ruego de que se sirva dar publicación a estas líneas.
Debo advertir, ante todo, que mis razones son absolutamente en contra de las publicadas ya.
Por razón de mi situación cerca de un elemento rector del Real Betis Balompié, me considero bastante más informado y en interioridades de lo que en nuestra querida Sociedad acontece, y creo estar en posesión de suficientes datos para salir al paso de lo que considero una campaña derrotista.
En primer lugar, ¿Forman esos firmantes, setenta y dos creo que son, ni siquiera una minoría de los béticos? ¿Cuántos de ellos, que alardean de sacrificios, una vez voluntarios y otras obligatorios, en pro del Club verdiblanco, podrán presentar recibos de sus aportaciones “voluntarias” para el desplazamiento a Palma y Alicante que se hizo recientemente? ¿Cuántos son poseedores de aquellos bonos que se editaron en junio pasado para hacer frente a la temporada que acaba de terminar? Me atrevería a apostar que ninguno, o al menos casi ninguno.
Hablando de lo último ocurrido, como es el traspaso de Patricio, particularmente creo que, en esa actuación plagada de errores del señor Aparicio, a quien tan crudamente condenan, ésta ha sido la más lógica y la que cualquier otro bético consciente hubiera llevado a cabo. Patricio, eso lo saben todos los béticos, fue el autor material de las derrotas en Cáceres, Baleares y Alicante, donde “no le dio la gana de jugar”. Sin embargo, sí que jugó contra el Mestalla, donde el Club nada exponía y cuyo resultado nada importaba. El mismo Patricio me dijo, el día anterior a su partida a Tetuán, que reconocía no haber dado todo cuanto podía en esos partidos. ¿A qué mantener a un jugador de esta índole, que fracasaba precisamente en los partidos cruciales? El firmante se ha desplazado varias veces con el Real Betis, y puede afirmar, categóricamente, no haber visto a Patricio, fuera de Sevilla, ni un solo partido en el que realmente, empleando la frase hecha, las diera todas. El dinero que produjo su traspaso, contra lo que creen esos setenta y tantos firmantes, se empleó en cubrir obligaciones por el Club contraídas. ¿Qué Tercera División puede decir que mira sin temor a ese fatídico 15 de agosto, como puede preciarse el Betis? ¿Que el señor Aparicio ha cometido errores? Cuántos y cuántos cometió el inefable Helenio, logrando sin embargo el campeonato para su Club, como fuera; eso, a fin de cuentas, poco importa. Los miemos que en Madrid pedían su cabeza antes del final, le sacaban en hombros al regresar triunfantes a la capital. ¿Podemos pedir que un rector de una Sociedad, que tiene que hacer las cosas al gusto de miles de aficionados, no las haga al gusto de setenta y tantos?
El “caso Domínguez” no es, ni mucho menos, como indudablemente creen los firmantes de la citada carta. No hablan de él, precisamente, pero se ve la intención. Domínguez, que a decir verdad no me extrañaría fuera traspasado no al Sevilla, simplemente, pero a cualquier otro club, es en el Betis el jugador “dinero”. ¿Están dispuestos los firmantes a aportar la cantidad que el Betis necesita para su desenvolvimiento, a fin de que Domínguez no sea traspasado? Yo, en el lugar de los directivos béticos, no dudaría mucho en el traspaso, ya que existe la mala costumbre de que un equipo esté formado por once jugadores, no por uno, por muchas pesetas que ese uno valga. Si no hay quien aporte las pesetas necesarias para adquirir el completo, ¿tiene nada de extraño que un Club modesto, y el Betis lo es, se vea precisado a desprenderse de los “buenos” para subsistir?
Y, en fin, sería nunca acabar el seguir por estos derroteros. Lo único que deben considerar esos “béticos” es que nuestra Sociedad gravita sobre los hombros de SOLO UNOS SEÑORES A LOS QUE NO LES IMPORTAN LOS SACRIFICIOS, ya que las taquillas no dan, ni con mucho, para cubrir los gastos, y que por ser así, debiera haber para los directivos algún respeto más del que muestran en su escrito; que no son los directivos, y particularmente no lo es el señor Aparicio, los culpables de que se perdiera fuera, y con ello las esperanzas de ascenso, partidos en los que nuestros jugadores tenían primas “muy superiores” a todos los demás equipos que militan en Tercera División.¿No vieron los amables comunicantes que el partido de donde dependió el campeonato, el de Baleares, no lo perdió la Directiva, sino el equipo? ¿O también fue culpable el señor Aparicio de que no se consiguiera más que marcar un gol? ¿Consideran ustedes, señores “béticos”, que los jugadores que este año ha licenciado el Betis son por caprichoso criterio del señor Aparicio? Si así lo creen, debo callarme, pues entienden ustedes de fútbol mucho más que yo, y que todos con quienes he hablado de este particular.
Gracias, señor Director, por su amable ofrecimiento y por dar cabida a estas líneas, muchas son, con las que como bético quiero salir al paso, objetivamente, de las infundadas y derrotistas “razones” de un grupo de “setenta y tantos béticos” que forman, si no me equivoco, un escaso cuatro por ciento de la afición verdiblanca (socios).
De usted atto.
Manuel Ledesma Alfonso
(Siguen cuatro firmas más)
