Puyol celebra un gol con la camiseta del FC Barcelona Foto: footballtop.es

Puyol celebra un gol con la camiseta del FC Barcelona
Foto: footballtop.es

Ayer fue un día triste para el fútbol español y para este deporte en general. Carles Puyol, agitó a los futboleros al anunciar que dejará de vestir la camiseta azulgrana a final de temporada y pronto la noticia corrió como la pólvora por redes sociales.

Y es que más allá de la camiseta que vista, el central es uno de esos jugadores que se ha ganado el respeto y el cariño de todos los aficionados al fútbol. Su carrera, llena de títulos que ha añadido a su palmarés, siempre ha estado rodeada de éxito, un éxito fruto de su entrega, su garra, su pundonor, profesionalidad y calidad, mucha calidad en su puesto que lo llevó a ser, en algunos momentos, el mejor central del mundo. Al menos para quien suscribe estas líneas.

Su retirada es lógica, toda vez que las lesiones no lo terminan de dejar rendir a buen nivel, especialmente en un club tan exigente como el FC Barcelona. Probablemente opte por un retiro dorado en una de esas ligas que ofrecen a las estrellas dar sus últimos coletazos cobrando millonadas para dar cierto caché a la competición. Quizás Catar, Arabia Saudí, Estados Unidos… Quién sabe.

Recuerdo la primera vez que lo vi jugar. Fue en unos juegos olímpicos, en el lateral, con el pelo relativamente corto y rizado. Peleando cada balón, subiendo de vez en cuando e incluso recuerdo como le hizo una «ruleta» al rival que generó los halagos del comentarista desde la televisión. Con el tiempo se convirtió en un pilar importante. Su carácter se contagiaba a los compañeros, siempre rápido al cruce, siempre al choque, bien en el aire y el suelo, contundente. Una delicia.

Su gol ante Alemania en el Mundial de Sudáfrica pasa a la historia junto a él, capitán de la selección española. Dio el pase a la final e hizo soñar a todo un país. Ha vivido la época dorada del combinado nacional, y no por casualidad, ha sido uno de los pilares importantes de esta selección. Ahora se marcha, y lo hace como siempre, siendo un gran profesional. Intentando rendir hasta el último momento, y no alargando una situación incómoda. Se va pensando en su equipo y no en él mismo, por el bien del equipo culé. Ni siquiera vamos a entrar en su calidad como persona más allá de como futbolista. Ni un desplante, ni malas palabras, siempre respeto, concentración, compañerismo. Una calidad que demostró con el apoyo ante la situación de Miki Roqué, central del Betis cercano que se encontró, como muchos otros no conocidos, con una inmerecida enfermedad que no debería existir.

Sin más, muchas gracias por hacernos disfrutar Carles Puyol, gracias capitán.