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Si tuviéramos que elegir una de las cosas que más nos gustan del fútbol, probablemente pondríamos en las primeras posiciones las ironías, a veces hermosas y a veces punzantes, de este deporte. La noche del lunes nos dejó algo que podría parecer un resultado sorprendente, sin más, pero acabamos cayendo en la cuenta de que el Crystal Palace, contra el que el brillante Liverpool de Brendan Rodgers se dejó la Premier en los últimos compases de la temporada cuando ya la acariciaba con los dedos, fue el verdugo del vigente campeón, el City. Un City sin ninguna baja de peso, aunque en caso de haberla tenido posee una calidad suficiente en su plantilla como para no acusarla demasiado, pereció de manera impotente, primero con un gol suertudo de Glenn Murray y, ya en una segunda parte en la que Pellegrini dio un paso adelante para evitar el descalabro, una falta en la frontal botada por Puncheon puso una ventaja mayor para los locales que, a pesar de un penalty birlado y una última media hora de asedio citizen con gol de Yaya Touré incluído, se hicieron con unos tres puntos cruciales para haber salvado la temporada.

Con el último título en liza para los de Manchester habiéndose ido por el sumidero se culmina una temporada de constantes decepciones en el seno del Etihad Stadium. Comenzaron perdiendo la Community Shield frente a un Arsenal imperial, e incluso a pesar de las derrotas en FA Cup y Capital One podían seguir la estela de un Chelsea que, salvo catástrofe, acabará la temporada tal y como la empezó: en la cumbre del campeonato doméstico, al principio con mucho fútbol, pero desde enero con más resultados y menos belleza. A pesar de que en Europa parecía que iba a quedarse apeado gracias a una nefasta fase de grupos, un triunfo en Munich les permitió pasar a la siguiente ronda, pero el resto ya lo conocen. Quién sabe como habría sido la historia si hubieran marcado ese gol en el Allianz para pasar primero o si Agüero hubiera anotado el penalty en el Camp Nou.

Pellegrini no ha sido un entrenador sumamente cuestionado (y con razón) solamente en lo táctico con un casi anticuado 4-4-2 lineal en el que Agüero disponía de más libertad en el frente; también la prensa británica ha señalado numerosas veces que sus relaciones con la plantilla estaba deteriorada hasta el punto de que había jugadores, como Nasri, con los que no se hablaba, algo que un técnico de primer nivel con una plantilla que aspire a todo no se puede permitir bajo ningún concepto. Los jugadores, por su parte, no han dado la talla en el momento clave de la temporada, desde Hart hasta el propio Kun (4 goles en 14 partidos en lo que va de 2015) pasando por Kompany, Silva, Fernandinho o Dzeko. Llegados a este punto, el aficionado se preguntará cosas como si es necesaria una renovación en la plantilla, si la cuestión es buscar un técnico que encaje mejor con las ideas de fútbol de las Islas o si, por insulso que suene, que el jeque abandone el proyecto en vez de gastar auténticas riadas de petrodólares en un barco que no parece destinado, por ahora, a llegar a buen puerto. Lo único que parece seguro es que más le vale sudar si no quiere ver como incluso la cuarta plaza se le evapora en beneficio de las gradas de Anfield. Como dijimos al comienzo del texto, la ironía es una de las muchas guindas de la tarta futbolística, y es que la siguiente quizá última parada para el City será de lo más significativa: Old Trafford.