Debutaban en último lugar en este Mundial dos de las incógnitas del Grupo H, la Rusia de Capello, una selección joven, confeccionada únicamente con futbolistas de la liga doméstica y cuya base se encuentra en una defensa sólida; y la Corea de Hong Myung-Bo, otro combinado muy joven, completamente diferente al de 2010, y con muchas carencias que intenta solventar con la disciplina que les caracteriza. Sin embargo, ayer, disciplina hubo poca, tanto por unos como por otros. Un partido loco que terminó dejando a unos más satisfechos que a otros.

Kerzhakov salvó los muebles a una Rusia decepcionante | Foto: GOAL

Kerzhakov salvó los muebles a una Rusia decepcionante | Foto: GOAL

Rusia, para comenzar, no parecía Rusia. Al que no la hubiera visto desde la EURO 2012 le costaría reconocer a un equipo casi sin ideas, que no gozaba del juego entre líneas del que había hecho gala en las últimas grandes citas ni del desborde de los que fueran sus veloces extremos. No obstante, tampoco fue una Rusia reconocible para quien la hubiera seguido en un clasificatorio donde se metió por delante de Portugal y en los últimos amistosos, pues parecía haber perdido toda disciplina, y las líneas se abrieron en exceso en algunos momentos del partido.

Se le vieron también a Rusia las carencias que ya acarreaba, muy lenta al repliegue, rifando balones desde atrás al no gozar de un medio que bajase a buscarla –échese en falta a un Denisov incomprensiblemente suplente-, pero estos defectos se vieron aumentados cuando los extremos y medios se desquitaron de las labores defensivas y cuando por momentos Corea llegaba a ocasión por minuto, casi todas a la contra fruto de balones mal sacados por los centrales y la gran distancia entre defensa y centro del campo. La disciplina que caracterizaba a Rusia y debía llevarla al éxito desapareció, y se llevó consigo toda posibilidad de lograr algo positivo.

Además, su juego ofensivo se limitó a algunos tiros lejanos de Zhirkov o Fayzulin, dos grandes tiradores que parecían tener la mira desviada y la pierna agarrotada, pues no se vio que consiguiesen imprimir a la vez potencia y colocación a los muchos tiros sin sentido. Por otra parte, el que estaba llamado a ser el eje del ataque con sus desmarques y buscando el balón en el área, estuvo desaparecido. Ni un balón largo de esos que tanto habíamos visto buscando a Kokorin, que no intentó ningún desmarque de ruptura y se mostró nulo.

Por parte de Corea se vio lo contrario. Sabedores de sus muchas carencias, se centraron en hacer su juego y cederle la posesión a Rusia, sobre todo en el primer tiempo, para no encontrarse con un resultado desfavorable al descanso. Al advertir la mala situación defensiva de Rusia y la gran propensión a pérdidas en la media que tenían, los asiáticos se vinieron arriba y aprovecharon la velocidad de sus extremos para salir constantemente al contragolpe, aunque los disparos finales, sobre todo de Song Heung-Min, no terminaban de encontrar portería. Eso hasta que a los 68 minutos, Akinfeev decidió tirar por la borda todo el trabajo previo de su equipo, al tratar de blocar un balón que ya le había dado problemas anteriormente, y que le jugó la mala pasada del Mundial, para que Lee Keun-Ho hiciese el 0-1.

Secuencia del gol de Corea, donde Akinfeev falla irremediablemente | Foto: The Korea Times

Secuencia del gol de Corea, donde Akinfeev falla irremediablemente | Foto: The Korea Times

 

Ahí Capello se dio cuenta de lo que se le venía encima, y decidió jugárselo todo a una carta, la mejor carta que mostró en el partido, porque le salió una jugada niquelada. Acto seguido a recibir el gol, dio entrada a un punta y sacó del campo a un desaparecido Zhirkov, para pasar a jugar con dos referencias y una línea de 4 por detrás. El que entró fue Kerzhakov, y también fue quien “resolvió” la difícil papeleta, pues dos minutos después de entrar se encontró en el área con un balón mal despejado que convertiría en el empate.

Rusia terminó el encuentro en el área rival buscando una victoria que no les complicase tanto una clasificación que ellos mismos se pusieron difícil, con Corea defendiendo en campo propio un punto que –siendo francos- no esperaban. Un equipo estuvo más disciplinado, uno de los dos hizo su fútbol, y ese fue el que se marchó contento con su punto, un punto que decepcionó a Capello y a toda Rusia, que tendrá que mejorar mucho y cambiar su imagen si quiere vencer a una Argelia que se postula el rival a batir por el segundo puesto.