Muchas son las expectativas que ha generado Bélgica en este Mundial de Brasil 2014. Y no las ha generado por gusto, sino por una generación cuyo talento parece superior a otras muchas. Los diablos rojos cuentan con jugadores reconocidos internacionalmente, grandes estrellas en sus clubes y llegaron a Brasil bajo la premisa de que, unir tanto talento bajo la bandera de su país puede ser un verdadero espectáculo.

Y es que hablamos de Hazard que tras deleitar en el Lille lo hace cada semana en Stamford Bridge, de Lukaku, que si no le fue suficiente con los goles que marcó el año pasado en el West Bromwich, este año ha repetido hazaña en el Everton, siendo uno de sus futbolistas más importantes junto a otro compatriota que también está en el Mundial, Mirallas. Hablamos de Mertens, ojito al desequilibrante atacante del Nápoles, de Dembele, otrora pretendido por equipos como el Real Madrid y ahora en el Tottenham, de Witsel, protagonista de uno de los traspasos millonarios del Zenit hace no tanto. Hablamos de Fellaini, fichaje estrella (con permiso de Mata que llegó en invierno), del Manchester United de David Moyes, hablamos de Januzaj, cuyo futuro es sencillamente esperanzador, hablamos de Origi en el Lille y sus 19 años, de Kevin de Bruyne, su juventud y su enorme proyección, de Kompany ganando la Premier League en las filas del Manchester City, de Courtois y Alderweireld ganando la Liga BBVA y llegando a la final de la Champions, uno con más protagonismo que otro… Y claro, juntar todo esto en un equipo, además de un quebradero de cabeza es cuando menos, sinónimo de expectación.

A todo esto llega la primera jornada del Mundial. Marc Wilmots opta por el «trivote» Chadli, Moussa Dembele y Witsel, con cuatro defensores y arriba, Hazard, Lukaku y De Bruyne buscando el gol. En frente Argelia, una selección que como ya opinamos en nuestro Especial Brasil 2014, es mucho más de lo que la gente cree.

Los argelinos, dejaron el fútbol alegre y ofensivo que han venido mostrando para encerrarse y jugar más compactos debido a los peligrosos atacantes belgas, que con espacios son terriblemente decisivos. Bélgica se estanca, en su centro del campo se crea un efecto embudo, con todos los medios demasiado juntos en el centro y aunque intentaban abrir el juego hacia Hazard, las marcas argelinas dejaron pocos recovecos entre los que inventar, imaginar y decidir. El fútbol de Bélgica acabó siendo solo tiros lejanos de Chadli y Witsel. Lukaku desaparecido, Hazard inoperante, De Bruyne no sabe/no contesta, y en una de esas, contragolpe argelino e inocente penalti que transforma Feghouli para poner el 0-1 en el marcador. El planteamiento del seleccionador belga, no pudo ser peor.

Sin embargo, si bien es achacable ese planteamiento que cambió mucho lo que vimos en amistosos previos, un sistema que intentó asegurar la defensa ante las posibles ofensivas argelinas que no se produjeron (porque también los africanos cambiaron su estilo y denegaron de la posesión para buscar la contra con rapidez), también es plausible la reacción del técnico.

Mertens fue una de las soluciones que Wilmots propuso al partido. Foto: depor.pe

Mertens fue una de las soluciones que Wilmots propuso al partido.
Foto: depor.pe

Lo primero que hizo fue sacar a Mertens -inexplicable su suplencia-, para forzar a los laterales, encarar y ganar en disparo a puerta por la derecha, ya que tenía a Eden Hazard en la izquierda. Esto ayudó a Bélgica. De pronto, también en la otra banda tenía una opción de abrir el campo, Mertens encaraba y combinaba, creaba peligro y forzaba saques de esquina con su movilidad. La segunda decisión fue quitar a Lukaku. El delantero del Chelsea, desesperado, no parecía estar cómodo. Apenas le llegaron balones a zonas de peligro. Su sustituto, Origi.

El punta de 19 años sumó velocidad al ataque, mucha movilidad y frescura, además de una brega que bélgica agradeció. En estos movimientos para cambiar el partido, con bastante rapidez por parte de Marc Wilmots, el siguiente paso fue meter a Fellaini en el centro del campo. Curiosamente el del Manchester, que no ha tenido una buena temporada en general, fue decisivo. Su corpulencia en el centro del campo permitió ganar numerosos balones aéreos, otras tantas disputas de balón, ayudó en la salida, reteniendo y conduciendo menos, aumentando la velocidad en la circulación y todo esto el equipo lo agradeció. Por si fuera poco, el alto centrocampista se alzó en el aire sobre el área argelina y peinó un balón de gol que acabó en el empate.

A partir de ahí, Bélgica cambió de verdad el guión del partido. De pronto el balón corría a más velocidad, los jugadores con espacios, encaraban con más solvencia y si la tercera sustitución, Fellaini, había decidido el partido cambiando el guión, la remontada final la hicieron las otras piezas del puzle de Wilmots. Hazard recibió en la izquierda, Origi arrastro con su desmarque a todos los defensores argelinos en aquella contra y solo por la derecha, Mertens recibió un pase genial definiendo con el alma, con un certero tiro a la cruceta ante el que nada pudo hacer M’Bolhi (gran temporada la suya en el CSKA de Sofía).

Fue así como Bélgica sufrió antes de vencer en su debut, como los diablos rojos se entregaron a la épica y como Marc Wilmots cambió el guión de un partido que tenía muy cuesta arriba.