Trepidante comenzó el choque en Stamford Bridge. Llegó el PSG con el objetivo de salir a por todas, sabedor de la necesidad del gol para pasar la eliminatoria. Durante la primera hora, con todos los jugadores en el verde, se pudo presenciar un auténtico partidazo. Pero el destino es caprichoso y el fútbol pareció darle otra estocada a la justicia. El máximo exponente de los pupilos de Lorient Blanc, Zlatan Ibrahimovic, se marchaba a la caseta tras una patada que salvo el colegiado, nadie vio de roja. Pero ni con uno menos se puede dar por muerto a los parisinos.

Y comenzó otro partido. Mourinho lo tenía hecho. La actitud con la que salió al campo de defender el empate a cero, que le valía para pasar a cuartos, se mejoraba en apariencia tras la expulsión. El PSG tuvo que cambiar su actitud ofensiva y contemporizar los tiempos. Quedaba una hora de juego y siendo serios atrás el gol podría llegar en alguna acción a balón parado.

Trabajaron de lo lindo Verrati y Matuidi. El pequeño italiano además de organizar a su equipo contuvo las acometidas por el centro de los blues. El galo hizo elenco de sus cualidades físicas y se hartó de correr tanto con balón como sin el. Tampoco hay que menospreciar el trabajo de Cavani, muy insistente todo el duelo, o el de Thiago Motta, que sería determinante para la clasificación del coloso francés.

Pasaban los minutos y se acercaba el final del tiempo reglamentario con el mismo marcador. Pero hay equipos que tienen suerte. A nueve para el final, Cahill tras la salida de un córner recogía un balón suelto en el área y la puso imposible para Sirigu. Pero las tornas no cambiaban. Los franceses necesitaban marcar, como al principio, aunque ahora para forzar los treinta minutos extra. Hasta que llegó el ansiado gol. De nuevo en otro saque de esquina iba a llegar el segundo gol del partido. David Luiz se escondió entre Terry y Azpilicueta, así Ivanovic perdió su marca y el central brasileño soltó un testarazo para igualar a la eliminatoria.

Prórroga. Mourinho daba salida a Didier Drogba para pelear balones arriba. Sabía el entrenador portugués que era necesario marcar. Treinta minutos con un hombre más, no se podía apelar a la suerte desde los once metros. Había que buscar el partido. Y lo buscó.

El PSG por entonces andaba muerto y aun así siguió con un buen trato del balón, sacándolo jugado, buscando a un intermitente Pastore para enlazar llegadas a la meta de Courtois. Pero fueron pocas durante el primer trance del añadido.

Antes del intercambio de campo se volvía a adelantar el Chelsea. Centro al punto de penalti y Thiago Silva, inconmensurable todo el encuentro, sacó la mano a pasear y el colegiado señaló el punto fatídico. Una acción inexplicable que tendría recompensa para el central brasileño. El penalti lo transformaba en gol Hazard. 2-1, el pase estaba hecho.

Pero los galos demostraron su gallardía y en las postrimerías del segundo tiempo de la prórroga llegaría el empate que los mandaba al sorteo de los ocho mejores de Europa. Dos cabezazos de Thiago Silvay dos saques de esquina botados por Thiago Motta. El primero lo sacó bajo palos el arquero belga, el segundo, más impresionante aún, se colaba al fondo de la red.

Nunca se rindió, esa fue la clave de una noche para recordar en Stamford Bridge. El fútbol fue justo y castigó así al antifútbol practicado por los ingleses. Los galos a esperar rival en Cuartos de Final. Esto es la Champions.