Foto: alfinaldelapalmera.com

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Recorre tu cuerpo desde arriba hasta abajo, se desliza por cada trozo de piel, te invade tan dentro que no vuelve a salir… es la emoción del fútbol, y ya queda menos de una semana para que vibremos de nuevo con ella.

Para los que amamos este deporte, cada inicio de temporada volvemos a llenarnos de ilusiones. Sea del equipo que sea, cada «loco» (o «loca») del fútbol va al estadio, se sienta  frente al televisor o enciende la radio deseando que una vez el árbitro pite el final del partido, se haya conseguido la victoria.

Pero la emoción del fútbol es mucho más que eso. Para mí, es sentir una vez más esa sensación de cosquilleo al acercarte al estadio donde tu equipo disputa el encuentro. Es volver a ver a esos abonados con los que llevas compartiendo tantos años la misma zona del estadio. Es regalar abrazos a gente que no conoces al celebrar un gol o consolarlos en la amarga derrota.  Es notar la tensión cuando el equipo rival se acerca con peligro a la portería. Es cantar como el que más para que el ánimo jamás decaiga. Pero sobre todo, es disfrutar con el fútbol.

Porque cuando el balón se pone en juego, ya no existe nada más. Durante un tiempo los problemas parecen menos, y nos dedicamos a dejarnos llevar por nuestro equipo: cada partido que juega, cada derrota, empate o victoria que cosecha, cada penalti o expulsión que provoca, cada gol que materializa o recibe… Por ello, la emoción del fútbol es un sentimiento que no todo el mundo entiende, y que, en cierta medida, es muy difícil de explicar, porque cada aficionado lo vive a su manera.

Que ruede el balón de nuevo…