Cech tranquilizando a Costa. Fuente: ABC

Cech tranquilizando a Gabriel y Costa. Fuente: ABC

Hasta la expulsión de Gabriel Paulista al borde del descanso, tras un rifirrafe con el siempre pendenciero Diego Costa, el derby de Londres estaba siendo una lucha constante en la que el dominio de balón se alternaba entre blues gunners, quienes empezaron asediando al Chelsea durante 20 largos minutos. Se sucedían las triangulaciones pero, como siempre que se trata del Arsenal, las ocasiones llegaban con cuentagotas. Wenger sacó su once de gala, con una banda derecha de toque (Cazorla-Ramsey) y una izquierda de trabajo (Coquelin-Alexis), con Özil en el enganche y el velocista Walcott buscando de manera constante el desmarque de ruptura a la espalda de Cahill y Zouma a pesar de que el pequeño inglés cayó hasta tres veces consecutivas en fuera de juego. La realidad es que tanto la influencia del mediapunta germano como la del extremo chileno fue mínima, en buena parte gracias a la seguridad que transmitía el Chelsea en la línea defensiva, algo que no había logrado plasmar en los cinco encuentros anteriores, y al buen partido de Matic, que recupera sensaciones perdidas en el comienzo liguero a través de apoyar su juego en pases sencillos a la par que eficaces.

Hazard percutía constantemente el costado de Bellerín, pues Cazorla (que a falta de diez minutos fue expulsado por doble amarilla) no acudía a las ayudas, pero el joven lateral español se desenvolvió a la perfección durante todo el encuentro. Oscar, absolutamente desaparecido como su homólogo gunner, estuvo impreciso hasta su sustitución, pero Diego Costa se preocupó de tirarse a las bandas e incluso ayudar en la zona de tres cuartos ante la intrascendencia de su «compatriota», y Pedro, peleón como siempre cuando se trata de trabajar, gozó de hasta cuatro ocasiones de gol que no logró transformar en los 90 minutos. Tras un par de paradas de Cech a tiros sin demasiado peligro, llegó la polémica acción que dejó a los pupilos del alsaciano en inferioridad numérica. Ya a la vuelta del descanso, Wenger optó por tener fe en los talentosos y sacó del terreno de juego a Coquelin, que fue el mejor del Arsenal junto con Bellerín durante los primeros 45 minutos, para dar entrada a Chambers. Quizá el partido pedía sacar al Özil más apagado que se recuerda y dejar en el campo al joven mediocentro francés, pero, con uno menos en la zona de creación, el conjunto visitante abogaba más por las contras que por el control de la pelota.

Fue gracias a un balón parado colgado por Cesc y cabeceado por Zouma que el Chelsea se puso en ventaja, y a partir de ahí, con el Arsenal con un jugador menos y más estirado en busca de un contragolpe con el que arañar un punto del Bridge, cuando el Chelsea se convirtió en el dueño de la pelota, de las ocasiones y, por extensión, del partido. A falta de 15 minutos, Alexis y Özil fueron sustituidos por Oxlade-Chamberlain y Giroud, buscando refrescar la velocidad en banda y ganar unos centímetros en punta por si llegaba alguna ocasión a balón parado, pero todo fue en balde por la ya citada expulsión de Cazorla. Ya con 9, el Arsenal se limitó a resistir como pudo, pero se impuso la lógica y Hazard, ya en el minuto 91, anotó el 2-0 definitivo con la ayuda de un desvío de Chambers. En definitiva, una victoria condicionada por el colegiado Mike Dean, balsámica para Mourinho y frustrante para Wenger. Mucho tendrán que mejorar ambos si quieren asentarse con comodidad en los puestos de acceso directo a la Champions.